El INEGI difundió ayer cuatro reportes que, leídos en conjunto, revelan el estado real de la economía mexicana. Inversión fija, consumo privado, indicadores cíclicos y ventas automotrices: cuatro mediciones que registran la misma realidad. Los números no mienten, aunque a algunos les convenga no mencionarlos.
El Indicador Mensual de la Formación Bruta de Capital Fijo —la inversión productiva, el gasto que genera empleos y capacidad futura— cayó 1.1% en enero respecto a diciembre. A tasa anual, el retroceso llega a 2.2%. El dato más alarmante está en maquinaria y equipo: caída de 8.0% anual. El equipo de transporte de fabricación nacional bajó 13.3%; la maquinaria importada, 5.2%. Las empresas no renuevan sus activos fijos ni amplían sus plantas. No adquieren camiones ni maquinaria nueva. Estas adquisiciones se mantienen paralizadas a causa de la incertidumbre arancelaria generada por Donald Trump, el crédito caro —la tasa de referencia es hoy 8.75%— y la percepción de ausencia de Estado de derecho como consecuencia de la Reforma Judicial. La inversión privada cayó 4.5% anual. La pública subió 3.8%, cifra insuficiente para compensar el vacío que dejó el sector empresarial.
El consumo privado tampoco ofrece buenas noticias. Retrocedió 1.6% mensual en enero. Los bienes duraderos de fabricación nacional cayeron 2.9% anual; los semiduraderos, 3.8%. Los hogares mexicanos postergan lo que pueden postergar: refrigeradores, estufas, muebles, ropa. Lo importado, en cambio, subió 12.2% anual —los bienes no duraderos, 16.5%—. ¿Anticipación ante los aranceles de Donald Trump? ¿Fortaleza del peso que abarata las importaciones? Probablemente ambas cosas. Cuando la inversión y el consumo nacional caen al mismo tiempo, el motor de la demanda interna pierde mucha potencia.Los indicadores cíclicos confirman el diagnóstico. El Indicador Coincidente —índice compuesto que mide el estado de la economía en tiempo real mediante seis variables, entre ellas el empleo formal en el IMSS y la producción industrial— marcó 99.6 puntos en enero. El 100 representa la tendencia a largo plazo; el país está por debajo de ese nivel. Y sin variación respecto a diciembre. El IGAE, aproximación mensual del PIB, muestra una diferencia de -0.10 puntos. Actividad industrial: -0.03. Solo el comercio al menudeo (+0.09) y las importaciones (+0.08) registran cifras en terreno positivo.¿Hay señales alentadoras? Sí. El Indicador Adelantado —que anticipa la dirección de la economía en los meses siguientes— se ubicó en 100.8 puntos en febrero, apenas por encima de la tendencia. Sugiere que la debilidad podría estabilizarse, no que el país vaya a recuperarse con vigor. La construcción creció 3.8% anual; la residencial, 7.9% —posible efecto del nearshoring—. Y el sector automotor colocó 131,548 vehículos en marzo, 2.4% más que hace un año. Acumulado del primer trimestre: 381,632 unidades, 3.7% por arriba de 2025.
El saldo: tres de cuatro indicadores registran debilidad estructural. La inversión productiva cae. El consumo nacional se enfría. La actividad económica opera por debajo de su potencial. México no está en recesión técnica, pero camina hacia ella sin que el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum tenga los instrumentos necesarios para evitarlo.
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