El viernes pasado me referí en este espacio al hecho de que vivimos en un mundo en donde es más verdadera que nunca la frase acuñada por el desaparecido politólogo estadounidense Lee Atwater, “la percepción es realidad”.
Ahora bien, ¿qué tan distorsionada es nuestra percepción de la realidad cuando somos bombardeados por un sinfín de interpretaciones de la realidad misma? ¿En quién podemos confiar cuando queremos saber algo? ¿Qué fuente de información, periodista, experto o institución es confiable cuando deseamos conocer la verdad en torno a cualquier tema?
Cada vez son más lo que dejaron de confiar en las instituciones que antes les inspiraban confianza. Cada vez son más los que ya no le creen a sus gobiernos, a los medios de comunicación, a la iglesia católica, a las grandes corporaciones, a los médicos y científicos; que dejaron de creer en casi todas las instituciones que antes eran vistas con respeto y hasta veneración.
Las redes sociales como Facebook, Twitter e Instagram, y las aplicaciones para conversaciones privadas como WhatsApp, han sustituido a los periódicos, revistas, radio y televisión como las principales fuentes de información de las personas. Y, a través de estos nuevos medios, las personas reciben una avalancha de versiones contradictorias de la realidad, de análisis contradictorios de lo que sucede, de consejos contradictorios sobre como vivir más y mejor.
¿Cómo, qué y cada cuándo comer? ¿Qué tipo de ejercicio es el mejor y con qué frecuencia debe realizarse? ¿Qué son las ideologías de izquierda, derecha y centro? ¿Cuál es el sistema económico que mejor puede resolver el problema de la pobreza? ¿Los derechos humanos son solo para las víctimas de la delincuencia o también deben proteger a los criminales? ¿Está o no México al borde del colapso económico? ¿La solución al problema de la delincuencia es sencilla y a corto plazo?
Para estas y centenas más de preguntas no existen respuestas sencillas y los hombres y mujeres que no tienen la preparación o la inclinación para buscar las que más se acerquen a la verdad se quedan con las que más les gustan sin pensarlo dos veces.
Hace unos días circuló en la redes sociales un mensaje que asegura que “México ocupa el segundo lugar en consumo de alcohol en el mundo”. Esa información es falsa porque, de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, en lo que consumo de alcohol se refiere nuestro país ocupa el lugar 72 entre 191 países. Cientos de miles de mexicanos ahora creerán la mentira que alguien propagó.
En la era de la no verdad o post verdad ya no hay verdades compartidas por la sociedad entera, como ocurrió durante siglos. Cada cada día está más polarizada la percepción de la realidad que tienen las personas y eso hace que a los gobernantes les sea cada vez más difícil realizar su tarea en vista de que sus palabras, acciones y personas serán percibidas de muy distintas maneras por quienes integran una sociedad cada vez más dividida.
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