Los problemas económicos y sociales que afligen al mundo son enormes. La mayoría de las personas ignoran su complejidad y por ello le creen a aquellos políticos que les ofrecen resolverlos mediante soluciones que parecen sencillas. Si supieran qué tan complicados son, tal vez no serían fácil presa de los políticos que están adquiriendo poder en cada vez más países a sabiendas de que poco o nada pueden hacer para mejorar las cosas a corto plazo.
Por ejemplo, pocos conocen qué tan poderosos son los criminales que manejan sus diversos negocios ilícitos como si fueran grandes corporaciones trasnacionales.
La fuerza económica del crimen organizado en el mundo y, sobre todo, en los países en desarrollo es inmensa, como lo demostró Channing Mavrellis, analista de delincuencia transnacional en Global Financial Integrity (www.gfintegrity.org). Su informe de marzo de 2017, La Delincuencia Transnacional y el Mundo en Desarrollo, analiza el “valor, dinámica, impacto en los países en desarrollo y desarrollos recientes” (puede verse en www.gfintegrity.org/report/illicit-financial-flows-to-and-from-developing-countries-2005-2014/).
Mavrellis concluye que a nivel mundial la delincuencia organizada tiene ingresos anuales promedio de 1.6 billones a 2.2 billones de dólares. El estudio evalúa el valor del tráfico de drogas, armas, seres humanos, órganos humanos y bienes culturales; falsificación, delitos ilegales contra la vida silvestre, pesca ilegal, tala ilegal, minería ilegal y robo de petróleo crudo.
El valor en dólares del mercado al menudeo de estas actividades es el siguiente: falsificación: 923,000 millones a 1.13 billones; narcotráfico: 426,000 a 652,000 millones; tala ilegal: 52,000 a 157,000 millones; tráfico de seres humanos: 150,200 millones; minería ilegal: 12,000 a 48,000 millones; pesca ilegal: 15,500 millones a 36,400 millones; tráfico de vida silvestre: 5,000 a 23,000 millones; robo de petróleo crudo: 5,200 a 11,900 millones; tráfico de armas pequeñas y ligeras: 1,700 a 3,500 millones; tráfico de órganos: 840 a 1,700 millones; tráfico de bienes culturales: 1,600 a 2,200 millones.
Si la delincuencia organizada fuera un país independiente, sería la octava o la decimosegunda economía más grande del mundo.
Con tanto dinero a su disposición, los criminales tienen una gran capacidad para corromper a todo tipo de autoridades: a policías y militares que los persiguen, a jueces que deciden su inocencia o culpabilidad, a fiscales que deben probar que son delincuentes, a legisladores que deben aprobar leyes más amplias y severas para penalizarlos. También a bancos, empresas y profesionales que lavan o esconden parte de su dinero.
Hace tiempo leí que la delincuencia organizada dedica hasta el 50% de sus utilidades para repartir entre los que corrompen. Es mucho dinero, lo cual complica mucho cualquier actividad para combatirla exitosamente porque no hay gobierno que tenga los recursos económicos, materiales y humanos para hacerlo.
El del crimen organizado es un ejemplo de la magnitud de los problemas que enfrentan los gobiernos y los gobernados. Cuando la gente conozca sus dimensiones sabrán hasta dónde creer en las ofertas de sus gobernantes y qué tanto exigirles una pronta solución.
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