Desde 1821 hasta 1930, nuestros ancestros se estuvieron dando duro y tupido, no solo verbalmente como ahora, sino a balazos. Un hermano de mi abuelo fue fusilado durante la Revolución y él mismo estuvo a punto de ser pasado por las armas en el panteón municipal de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.
Yo nací y crecí durante los años en que los gobiernos priistas mantuvieron al país en calma reprimiendo, a veces matando, a quienes osaran criticarlo o enfrentarlo. La mayoría de las brutalidades cometidas por las fuerzas del orden se desconocían porque los medios de comunicación no las reportaban. El control era absoluto.
Los jóvenes de hoy ignoran que los periódicos solo podían comprar el papel que necesitaban de una sola empresa paraestatal: Productora e Importadora de Papel, S.A. (PIPSA). Ésta le dejaba de vender papel a cualquier diario que ante los ojos de la autoridad pareciera ser subversivo.
La radio y TV eran controladas por la Dirección de Radio y Televisión de la Secretaría de Gobernación, que hasta 2000 podría muy bien haberse llamado Secretaría de la Represión.
¡Cuidado que durante la era del PRI alguien osara criticar al presidente, al ejército, a algunos secretarios de estado como el de Gobernación o Comunicaciones y Transportes, a los gobernadores o al jefe de gobierno del DF o a algún clérigo de la alta jerarquía, o que abordara temas que los censores consideraran inapropiados, como el aborto o la homosexualidad, o que pusiera en duda las apariciones de la Virgencita de Guadalupe o la mismísima existencia de Dios!
El temerario que se atreviera a salir de la línea editorial establecida por el supremo gobierno, se arriesgaba a que sus escritos fueran mutilados o prohibidos por el censor residente que en su periódico revisaba cada línea y cada coma de lo que se sometía a su consideración. Muchas veces fui víctima de esos Torquemadas tricolores que mutilaron mis escritos o prohibieron su publicación. También fui obligado a tomarme seis meses de vacaciones luego de que en un medio electrónico dije algo que no le agradó a un negociador del TLCAN. Quien lo decidió fue una subsecretaria de Gobernación que posteriormente abandonó al PRI para irse al PRD después de que le negaron una candidatura y se dio cuenta de que la democracia es algo bueno.
A partir de diciembre de 2000, al llegar Vicente Fox a la presidencia de la República, desapareció lo que quedaba del control gubernamental y todos los que en alguna medio de comunicación comentamos, analizamos e informamos de lo que acontece gozamos de una plena libertad para expresarnos.
Ahora bien, esa libertad exige que seamos más responsables que nunca al escribir o hablar sobre los diferente asuntos que interesan a nuestro público. Debemos diferenciar claramente entre lo que es una opinión personal, basada en lo que sabemos y sentimos, y lo que es un hecho real, algo que es corroborable.
Manifiesto lo anterior porque los mexicanos estamos muy divididos y no quiero que pasemos de darnos duro y tupido verbalmente a darnos de balazos. Tampoco quiero ver que en aras de la paz social el gobierno limite la libertad de expresión que tanto trabajo le costó obtener a los mexicanos.
Hoy, más que nunca, la libertad de expresión debe ejercerse con absoluta responsabilidad.
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