Después de una larga e intensa discusión, que es parte de la que se libra entre quienes conforman el denominado “círculo rojo” (integrado por políticos, periodistas, empresarios, académicos, intelectuales y similares), los senadores por fin llegaron ayer a un acuerdo para crear la Guardia Nacional (GN) propuesta por el presidente Andrés Manuel López Obrador.
El tema que más enfrenta a las partes es sobre el mando de la GN. Por un lado están los que apoyan la idea de que el jefe sea el secretario de la Defensa Nacional; por el otro, los que insisten que sea el secretario de Seguridad Pública, es decir, un civil. Para los opositores de la primera posición, el que un militar encabece la Guardia, equivale a militarizar las fuerzas de seguridad pública del país, lo que según ellos podría ser el primer paso hacia la cancelación de la democracia y del Estado de derecho.
Mientras que dentro del círculo rojo discuten el asunto, el 99.99% de la población se dedica a vivir su vida en espera de que el gobierno le garantice su seguridad física y patrimonial. A muchas personas con quienes he platicado sobre el tema no les importa que el país se militarice. “Lo que sea con tal de que yo y los míos vivamos tranquilos”, me dijo un amigo que reside en Ciudad Juárez cuya opinión seguramente es similar a la de los millones que han sido víctimas de la delincuencia o sienten que de un momento a otro pueden serlo.
El acuerdo logrado ayer entre las diversas fracciones partidistas es un triunfo para quienes se oponían al mando militar, ya que señala que “El mando de la Guardia Nacional será civil, será una institución policial adscrita a la Secretaría del ramo de seguridad pública y se regirá por una doctrina policial (…) entre los requisitos de los mandos de dirección estará el de no formar parte de las FFAA [fuerzas armadas] y que todos los elementos de las FFAA que pasen a la Guardia serán civiles (…) El Presidente podrá disponer de las FFAA durante 5 años, pero deberá hacerlo bajo parámetros de convencionalidad (normado, subordinado, complementario y fiscalizado), y deberá informar de sus actividades al Senado (…) no se prevé que los integrantes de la Guardia Nacional, al formar parte de una institución policial civil, sean sujetos de jurisdicción militar (…) Se regulará el armamento del que dispondrá la Guardia Nacional, que no será el de uso exclusivo de las FFAA…”.
En el Senado prevaleció ayer la fuerza de la razón de la oposición sobre la razón de la fuerza de los lopezobradoristas.
Sin embargo, lo acordado por los senadores puede irse al bote de la basura porque ayer mismo el coordinador de los diputados morenistas, Mario Delgado, se opuso al mando civil de la GN porque, según él, “no sirve para combatir la violencia e inseguridad en el país”. Si mantiene su posición, seguramente por órdenes de ya saben quién, la creación de la GN podría retrasarse hasta el fin del año en curso. Mientras, la que es una pieza clave de la estrategia de Andrés Manuel para combatir a la delincuencia no podrá establecerse y el hampa tendrá un motivo menos de preocupación.
Los que sí seguiremos viviendo asustados somos los que hemos sido víctimas de algún criminal o los que temen serlo en el futuro, gracias a Mario Delgado.
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