Según la edición en español de Wikipedia, el periódico veracruzano Diario de Xalapa publicó en su edición del 4 de mayo de 2009 que de acuerdo con un “acta exhibida en una notaría pública en Ciudad Victoria, Tamaulipas, México, el Día del Niño fue instaurado el 8 de mayo de 1916 en la ciudad de Tantoyuca”, población en la Huasteca veracruzana de aproximadamente 30 000 habitantes y cabecera del municipio del mismo nombre.
Esta es una versión sobre el origen, pero la oficial es que el 30 de abril de 1924, el presidente Álvaro Obregón decretó que cada 30 de abril se celebrara el Día del Niño.
La idea surgió después de la Primera Guerra Mundial, en la cual murieron entre 7.5 y 8.4 millones de civiles, muchos de ellos menores de edad (esta cifra no incluye a los entre 50 y 100 millones de personas que alrededor del mundo murieron entre 1918 y 1920 debido a la pandemia de la llamada influenza española).
Obregón seguramente estaba enterado de que en Europa circulaba una Declaración de Ginebra sobre los Derechos de los Niños que meses después, el 26 de septiembre, fue adoptada y ratificada por la Liga de las Naciones, la cual acordó que a partir de entonces, el 1 de junio de cada año sería conocido como el Día Internacional del Niño.
A fin de cuentas, varían las fechas en que cada país celebra a sus niños y en México es el 30 de abril desde hace 95 años.
La Declaración de Ginebra consta de cinco artículos:
- El niño debe ser puesto en condiciones de desarrollarse normalmente desde el punto de vista material y espiritual.
- El niño hambriento debe ser alimentado; el niño enfermo debe ser atendido; el niño deficiente debe ser ayudado; el niño desadaptado debe ser reeducado; el huérfano y el abandonado deben ser recogidos y ayudados.
- El niño debe ser el primero en recibir socorro en caso de calamidad.
- El niño debe ser puesto en condiciones de ganarse la vida y debe ser protegido de cualquier explotación.
- El niño debe ser educado inculcándole el sentimiento del deber que tiene de poner sus mejores cualidades al servicio del prójimo.
Hoy, de alguna manera, disfrutarán su día muchos niños, pero no todos de los aproximadamente 27 millones que tienen hasta 11 años.
Sin embargo, debemos preguntarnos si hoy, al igual que los 94 Días del Niño que han pasado, hay algo que celebrar.
De acuerdo con el informe UNICEF 2017 (Fondo de la Niñez de Naciones Unidas), 51% de los niños mexicanos viven en situación de pobreza y nueve de cada 10 niños que hablan una lengua indígena son pobres.
¿Puede ser verdaderamente feliz un niño si es pobre? Muchos seguramente dirán que sí, utilizando el argumento de que los niños son fáciles de satisfacer. Pero no creo que sea muy feliz un menor de edad que no tiene acceso a los satisfactores mínimos para disfrutar de una calidad de vida adecuada.
Ahora bien, en el supuesto caso de que un niño mexicano pobre, con todo y sus carencias, sí sea feliz, su felicidad se terminará cuando llegue a ser un joven adulto y no tenga la oportunidad de contar con un empleo satisfactorio y bien remunerado debido al fracaso del sistema educativo que hoy no le da la educación de calidad que merece.
Durante 95 años, los gobiernos de México les fallaron a los niños. Por esa razón no hay nada que celebrar hoy.
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