La próxima presidenta de México, quien de acuerdo con casi todas las encuestas será Claudia Sheinbaum, no la tendrá nada fácil y desde el 1 de octubre entrante deberá enfrentar la triste realidad de una economía cuyo crecimiento en 2024 será menor que el del año pasado.
La desaceleración económica empezó en el cuarto trimestre de 2023, cuando el producto interno bruto (PIB) mostró un crecimiento trimestral de 0.08%, el peor desempeño desde el tercer trimestre de 2021. Eso explica, en parte, que en 2023 el PIB creciera 3.2%, o 17.9% menos que el 3.9% que alcanzó en 2022.
En enero, de acuerdo con el Indicador Global de Actividad Económica (IGAE) del INEGI dado a conocer el 22 de marzo, el PIB se contrajo de 0.63%, la mayor caída desde mayo de 2020. Esta fue la cuarta contracción mensual consecutiva, algo que no se había registrado desde el periodo junio-septiembre de 2021.
Hace unos días, el Fondo Monetario Internacional (FMI) difundió su reporte “Perspectivas económicas para las Américas, abril de 2024” en donde anota que este año el PIB de nuestro país crecerá 2.3% y no el 2.7% que había antes estimado
Y en 2025 y 2026 las cosas aparentemente no mejorarán en opinión del Banco Mundial, que en su Informe Económico América Latina y el Caribe también difundido hace unos días estima que el PIB aumentará 2.10% en 2025 y solo 2.00% en 2026.
La Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), en sus Pre-Criterios Generales de Política Económica 2025 difundidos a fines del mes pasado, estima que rango de crecimiento del PIB este año será de entre 2.5 a 3.5 y que para 2025 será de entre 2.0 y 3.0%.
El Economist Intelligence Unit (EIU) espera “que el crecimiento se modere en 2024, pero se mantenga firme, en un 2.3% (…) En el mediano plazo, México seguirá beneficiándose de los esfuerzos de nearshoring de Estados Unidos. Las ganancias obtenidas serán modestas, ya que las políticas estatistas del gobierno (especialmente en el sector energético) mantendrán las preocupaciones de los inversores sobre los derechos contractuales y el entorno empresarial, pero ayudarán a respaldar el crecimiento anual del PIB del 2.2% en 2025-28…”.
Por todo lo anterior, Sheinbaum enfrentará un escenario económico repleto de retos. En primer lugar, el crecimiento del PIB en los siguientes años no será suficiente para impulsar significativamente la economía o para resolver problemas estructurales profundos, como el desempleo o la desigualdad social. En segundo lugar, sin un marco regulatorio estable y atractivo que garantice reglas claras, los beneficios del nearshoring podrían no materializarse completamente.
Claudia tiene ante sí la oportunidad de implementar políticas que mejoren el clima de inversión y fortalezcan la confianza empresarial. La reformulación de políticas en sectores clave, como el energético, y el fortalecimiento de la infraestructura legal y empresarial son imprescindibles para aprovechar el potencial de crecimiento del país.
En resumidas cuentas, Sheinbaum necesitará enfrentar estos desafíos con una combinación de realismo y visión innovadora. Las medidas que se tomen en los próximos años serán cruciales para definir la viabilidad económica de su gobierno y el bienestar futuro de millones de mexicanos.
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