Los datos más recientes de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del tercer trimestre de 2025, difundida ayer por el, muestran un país con poco desempleo, mucha informalidad y una enorme carga invisible sobre las mujeres.
La población en edad de trabajar creció en un año en 1.4 millones de personas, pero la Población Económicamente Activa (PEA) se redujo ligeramente: hoy son 61.3 millones, 67 mil menos que hace un año. La tasa de participación bajó de 60.4% a 59.5%, mientras que la Población No Económicamente Activa (PNEA) aumentó en 1.5 millones, hasta 41.8 millones. Hay más adultos, pero menos personas en el mercado laboral.
La cifra “bonita” es la tasa de desocupación: 2.9% de la PEA, una de las más bajas de la historia reciente y menor que la de Estados Unidos (4.4%), Brasil (5.6%), Argentina (7.6%), Colombia (8.2%), Francia (7.7%), Reino Unido (5.0%) o España (10.45%). En el papel, México parece un país casi en pleno empleo. En la realidad, uno de cada tres ocupados está en condiciones críticas: trabajan muy pocas horas por muy poco o jornadas extenuantes por sueldos de miseria. Además, 4.3 millones de personas están subocupadas y necesitan más horas para completar el ingreso.
El gran salvavidas del mercado laboral es la informalidad. En el tercer trimestre, 33 millones de personas laboran en alguna modalidad de empleo informal, 55.4% de quienes trabajan. De ellas, 17.6 millones están en el sector informal “puro”: negocios que operan con los recursos del hogar, sin registro ni separación entre economía familiar y del micronegocio. Casi la mitad de los ocupados no agropecuarios trabaja en micronegocios, mientras que la ocupación en empresas medianas y grandes disminuye. El empleo se desplaza hacia la supervivencia.
La desigualdad de género atraviesa todo. De cada 100 hombres en edad de trabajar, 75 son económicamente activos; entre las mujeres, solo 46. Casi la mitad de las trabajadoras gana hasta un salario mínimo y su tasa de informalidad es ligeramente mayor que la de los hombres. Y, al mismo tiempo, la Cuenta Satélite del Trabajo No Remunerado de los Hogares 2024 muestra que el trabajo doméstico y de cuidados no pagado equivale a 23.9% del PIB. Las mujeres aportan 71.2% de ese valor, sin nómina, sin IMSS y sin pensión.
El mapa laboral confirma que no existe un solo México. Oaxaca, Guerrero y Chiapas registran una informalidad de 8 de cada 10 ocupados, mientras que Coahuila, Nuevo León y Baja California rondan 3 o 4 de cada 10. En el norte predominan los empleos relativamente más formales; en el sur, la economía de subsistencia.
Frente a esta realidad, presumir solo el 2.9% de desempleo es una forma de negar el problema. La prioridad de la política laboral tendría que ser mejorar la calidad del empleo: formalizar los micronegocios, regionalizar los salarios mínimos, ampliar los servicios de cuidado que liberen tiempo para que más mujeres puedan trabajar si así lo desean y avanzar hacia un sistema de seguridad social que no dependa exclusivamente de contar con un contrato formal. De lo contrario, México seguirá siendo el país donde casi todos trabajan, pero pocos viven realmente de su trabajo.
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