Hace poco más de un año, consciente de que solo el 10% de los ciudadanos aprobaban la gestión del entonces presidente de Francia, François Hollande, un no muy conocido miembro de su gabinete decidió deslindarse del impopular gobernante, renunció a su cargo, fundó su propio partido, se lanzó como candidato presidencial y hoy ocupa la oficina en la que antes despachó su ex jefe.
Alrededor del mundo, el caso de Emmanuel Macron es analizado por politólogos y analistas que tratan de explicarse las razones que permitieron que un hombre de 39 años virtualmente desconocido ganara las elecciones presidenciales de Francia y que su flamante partido obtuviera una mayoría absoluta en las elecciones legislativas que se realizaron después.
En México, el caso Macron también es objeto de profundo estudio, especialmente por los altos mandos del PRI que son conscientes que la baja popularidad del presidente Enrique Peña Nieto reducirá las posibilidades de triunfo de quien su partido postule dentro de algunos meses como candidato a la presidencia de la república.
La gestión de Peña Nieto es aprobada por entre el 13% y 20% de los mexicanos, dependiendo de la encuesta que uno consulte, y es lógico suponer que la mayoría de los votantes que dentro de un año acudan a votar por su sucesor no estarán muy dispuesto a hacerlo a favor de un priista que califiquen como corresponsable de la situación política y económica que mayoritariamente es percibida como mala.
La mayoría de los mexicanos sienten los terribles efectos de la violencia e inseguridad que van en aumento. Esto afecta la imagen de quienes son responsables de estas áreas, entre ellos el secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong.
La situación económica del país, si bien no se encuentra en una situación de crisis, dista de ser buena y muchas personas culparán de ello al secretario de Hacienda José Antonio Meade.
La corrupción es vista hoy como uno de los principales problemas que afectan al país -lo que no era el caso en 2011-2012- y esta nueva realidad afectará las probabilidades de ganar una elección de quienes sean percibidos como funcionarios corruptos o inexplicablemente muy ricos. Afortunadamente para el PRI, entre sus probables candidatos no suena ningún secretario de Estado con esa imagen.
Lo anterior no significa que Osorio o Meade no tengan posibilidades de ganar la presidencia. Lo que significa es que tienen vulnerabilidades que sabrán explotar sus adversarios, mismas que deberán ser minimizadas mediante una adecuada promoción de sus fortalezas.
Sea quien sea el que Peña Nieto y el PRI designen como su siguiente candidato presidencial, el presidente y los jerarcas de su partido deben estudiar el caso Macron para entender lo que en esta era digital atrae y convence a los votantes.
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