San Antonio, TX.- “Al gobierno le interesa más la salud de las finanzas públicas que la de las familias mexicanas y los mexicanos pueden morirse de hambre pero su gobierno jamás”.
Este es el mensaje que nos envía el gobierno federal cuando, en medio de un desplome mundial de los precios del petróleo, la Secretaría de Hacienda decreta un aumento a los precios de la gasolina y el diésel que a los consumidores nos vende un monopolio ineficaz y corrupto que inventó un comunista disfrazado de nacionalista llamado Lázaro Cárdenas.
Si no, ¿cómo entender que desde ayer un litro de gasolina Magna nos cueste 13.57 pesos, uno de Premium 14.38 pesos y uno de diésel 14.20 pesos? ¿Cómo entender y aceptar que nuestro gobierno nos cobre más por estos combustibles cuando los precios de los mismos se están desplomando en la mayoría de los países del mundo?
¿Cómo comprender que, después de atentar contra nuestras finanzas personales, la Secretaría de Hacienda todavía tenga el cinismo de afirmar que este incremento a los precios “beneficiará a los hogares” porque solo fue de 1.9%, monto menor al 3.0% de inflación que según el Banco de México se espera para este año?
¿En qué estaban pensando los tecnoburócratas de Hacienda al decretar un aumento totalmente injustificado y ofender nuestra inteligencia con una afirmación tan absurda?
Es más que obvio que los doctores y maestros en economía encargados de las finanzas nacionales no piensan para nada en la crisis de imagen y credibilidad que desde septiembre pasado afecta al gobierno del presidente Enrique Peña Nieto. Para ellos, lo único realmente importante es que las cuentas cuadren y que estén satisfechos los inversionistas internacionales que algún día les darán un buen empleo en Nueva York, Londres o Hong Kong.
Los altos funcionarios de la Secretaría de Hacienda y sus cómplices en el Congreso pueden explicar de mil maneras el porqué de los aumentos a los precios de las gasolinas y el diésel; pueden esgrimir mil razones técnicas para justificar su decisión. Pero todos sus argumentos resultan inválidos ante el hecho de que en casi todo el mundo los precios de estos combustibles se estén desplomado en paralelo a los precios del petróleo.
Un viejo dicho dice así: “Señor, protégeme de mis amigos, de mis enemigos me encargo yo”. Creo que Enrique Peña Nieto debería recordarlo y empezar a actuar en consecuencia porque estoy convencido, ahora más que antes, que el fuego amigo puede hacerle más daño que el del enemigo.
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