En 1895 y cuando se encontraba en la cima de su carrera, el poeta Oscar Wilde sin duda escandalizó a la clase media británica del momento.
Oscar Wilde era amigo de lord Alfred Douglas, y el padre de éste sospechaba que ambos tenían “un affair”. Wilde, animado por el hijo del denunciante, le denunció a su vez por calumnias y esgrimió la amoralidad del arte como defensa.
Finalmente, el noveno marqués de Queensberry quedó libre y Wilde se enfrentó a un segundo juicio en mayo de 1895, en el que se le acusó de sodomía y de grave indecencia, y por el que fue condenado a dos años de trabajos forzados. Esta sentencia —que buscaba ser ejemplarizadora— tuvo mucha repercusión y propició un recrudecimiento de la intolerancia sexual no sólo en Gran Bretaña, sino también en Europa: muchos artistas homosexuales sufrieron represalias y algunos (como en Alemania el pintor alemán Paul Höcker y otros más) debieron emigrar fuera de su país.
Durante su estancia en la cárcel, Wilde escribió la extensa carta dirigida a lord Alfred Douglas que lleva por título De profundis (1897) y el poema La balada de la cárcel de Reading.
Desengañado con la sociedad inglesa y arruinado material y espiritualmente, abandonó definitivamente la prisión en mayo de 1897.
Retomó la amistad con Douglas y se reunieron en agosto de 1897 en Ruan. Por supuesto, la reunión fue desaprobada por los familiares y amigos de ambos. Además, la mujer de Wilde, Constance, rehusó volver a encontrarse con él y le prohibió ver a sus hijos, aunque le siguió mandando dinero y nunca se divorciaron. El señor Sherard ha contado en su libro cómo él trabajó para la primera reconciliación de Oscar con su mujer, y cómo inmediatamente recibió una carta de Lord Alfred Douglas donde lo amenazaba con matarle como a un perro si, por culpa suya, llegaba a perder la amistad de Wilde. Wilde y Douglas vivieron juntos unos meses al final de 1897, cerca de Nápoles, hasta que la amenaza de sus respectivas familias de cortarles los fondos terminó por separarles. Wilde pasó el resto de su vida en París, en donde vivió bajo el nombre falso de Sebastián Melmoth. Allí y de la mano de un sacerdote irlandés de la Iglesia de San José, se habría convertido al catolicismo, fe en la que supuestamente murió.
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