El asesinato en Estambul (Turquía) del periodista y columnista de The Washington Post, Jamal Khashoggi, el 2 de octubre de 2018, perpetrado por personas que supuestamente seguían las órdenes del príncipe heredero de Arabia Saudita, motivó un escándalo mundial.
Hoy, casi siete meses después, los nombres del príncipe y su supuesta víctima casi no aparecen en los medios de comunicación y redes sociales.
Tampoco se mencionan los nombres de los otros 65 periodistas, 13 periodistas ciudadanos y cinco asistentes de medios que fueron asesinados en 2018 a nivel mundial, entre ellos, ocho mexicanos.
Y menos se escribe o habla de los seis periodistas, un periodista ciudadano y un asistente de medios, que han sido asesinados en lo que va de 2019, dos de ellos mexicanos.
Y aún menos se comenta sobre los 170 periodistas, 150 periodistas ciudadanos y 16 asistentes de medios, que actualmente están presos alrededor del mundo. Ninguno de los 336 está en un penal mexicano.
La situación que hoy enfrentamos los periodistas se muestra en el Índice de Libertad de Prensa en el Mundo 2019, presentado hace algunos días por la organización internacional Reporteros Sin Fronteras (RSF) (rsf.org/es).
De acuerdo a RSF, “el odio a los periodistas degenera en violencia, lo que hace que aumente el miedo. Sigue reduciéndose el número de países que se consideran seguros –aquellos en los que los periodistas pueden ejercer su oficio sin correr peligro–, mientras que crece el control que ejercen los regímenes autoritarios en los medios de comunicación.… Sólo 24% de los 180 ‘países y territorios, registran una situación “buena’ o ‘más bien buena’; el año anterior era 26%”.
México aparece en el lugar 144 del Índice. Es decir que hay 143 países en donde es menos peligroso ser periodista.
RSF señala: “Patria de los cárteles de la droga, México sigue siendo uno de los países más mortíferos del mundo para los medios de comunicación. Si los periodistas cubren temas relacionados con la corrupción de las autoridades (sobre todo los gobiernos locales) o con el crimen organizado, padecen intimidaciones, agresiones, pueden ser asesinados a sangre fría. Numerosos periodistas han desaparecido en el país; muchos otros se han visto obligados a exiliarse para ponerse a salvo. La impunidad, que se explica por la corrupción generalizada que reina en el país, alcanza niveles récord y alimenta el círculo vicioso de la violencia… Andrés Manuel López Obrador, quien asumió como presidente en diciembre de 2018, se comprometió a hacer de la lucha contra la corrupción su prioridad número uno. Esto ofrece la esperanza de que México finalmente pueda liberarse de la espiral de violencia”.
RSF no alude a la guerra de palabras emprendida por AMLO contra algunos medios que califica como fifís o conservadores; tampoco analiza cómo sus críticas podrían poner en peligro la integridad física o patrimonial de los periodistas y comentaristas que sus seguidores identifican como adversarios del nuevo régimen.
La actitud del presidente hacia los medios podría llevar a México a una peor posición en el Índice de Libertad de Prensa en el Mundo 2020, lo que significaría que el ejercicio del periodismo sería aún más complicado y peligroso que ahora.
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