Ayer, durante su conferencia de prensa cotidiana, el presidente Andrés Manuel López Obrador se refirió al Producto Interno Bruto (PIB) y dijo: “De una vez les adelanto y los convoco a los del Fondo Monetario Internacional, a los expertos, a los tecnócratas, a los nostálgicos del neoliberalismo, a que veamos si es lo mismo crecimiento que desarrollo, porque nosotros ya no vamos a utilizar solo como parámetro el crecimiento, porque crecimiento es que se genere riqueza, pero puede ser que ese crecimiento signifique solo acumulación de riqueza en unos cuantos”.
Andrés Manuel sostiene que el bienestar de los mexicanos no debe medirse por el PIB, sino de otras maneras y es claro al explicar que crecimiento y desarrollo no significan lo mismo, porque crecimiento es el aumento del PIB de una economía en un período de tiempo determinado y desarrollo es la capacidad que tiene una economía para satisfacer, por lo menos, las necesidades básicas de su población.
Los gobernantes de México insistieron durante las décadas que el PIB per cápita era un buen indicador del nivel de desarrollo de nuestro país. Durante ese periodo me opuse a esta posición.
Por ejemplo, el 4 de enero de 2011 escribí lo siguiente:
“El mismo [Simon] Kuznets [inventor del indicador del PIB y ganador del Premio Nobel de Economía 1971] dijo que ‘es muy difícil deducir el bienestar de una nación a partir de su PIB per cápita’ porque ‘hay que tener en cuenta las diferencias entre cantidad y calidad del crecimiento’. Pese a que el inventor del PIB advirtió que la prosperidad no debía equipararse con el crecimiento del PIB per cápita, los economistas y políticos han seguido utilizando esta medición para tratar de convencernos de que las cosas van bien cuando evidentemente van mal”.
Ahora bien, si el gobierno de la 4T no va a utilizar el PIB per cápita como único indicador del desarrollo, ¿qué usará?
Podría ser el Índice de Desarrollo Humano (IDH) del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) que sintetiza en un solo número el progreso humano, al combinar información sobre la salud, la educación y los ingresos de las personas. De acuerdo con el IDH, México ocupa el lugar 74 de entre 189 países.
Podría desarrollar una versión mexicana del Índice Nacional de Felicidad Bruta (INFB) que desde hace años utiliza Bután y que es un índice de un solo número, desarrollado a partir de los 33 indicadores categorizados bajo nueve rubros: 1. Bienestar psicológico; 2. Educación para la salud; 3. Uso del tiempo; 4. Diversidad y resiliencia cultural; 5. Buen gobierno; 6. Vitalidad de la comunidad; 8. Diversidad y resiliencia ecológicas; 9. Estándares de vida.
¿O tal vez adaptar la versión neozelandesa del INFB butanés? ¿O la metodología que utiliza Naciones Unidas para elaborar su Índice Mundial de la Felicidad (IMF) y que incluye, entre otras variables, el PIB per cápita real, el apoyo social, la esperanza de vida saludable, la libertad para tomar decisiones de vida, la generosidad y las percepciones de corrupción? En el IMF 2018 nuestro país ocupa el lugar 24 de entre 156.
Espero que el gobierno adopte pronto un método que permita medir mejor el desarrollo del país y el bienestar de sus habitantes. Es urgente hacerlo.
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