Los presidentes nacionales de los partidos Acción Nacional, de la Revolución Democrática y Movimiento Ciudadano decidieron conformar el Frente Ciudadano por México (FCM) para ganar la mayoría de los cargos de elección que estarán en juego el año entrante, entre ellos el de presidente de la república.
Ni el panista Ricardo Anaya, ni la perredista Alejandra Barrales, ni el emeceista Dante Delgado nos han dicho como integraría su gabinete un presidente emanado del FCM o como conformarían sus equipos de trabajo los gobernadores y presidentes municipales que hayan sido candidatos de dicha alianza de partidos. Tampoco han explicado qué intereses o ideologías defenderían los legisladores federales y locales surgidos del Frente.
Quienes hasta ahora han ganado gubernaturas como candidatos de una alianza partidista generalmente se han rodeado de militantes del partido al que pertenecen o pertenecieron. Bajo ningún motivo han repartido los cargos de su gabinete estatal siguiendo acuerdos o reglas previamente establecidas o según el porcentaje de votación que recibió cada uno de los partidos que promovió su candidatura.
Veamos el caso de Sinaloa, que de 2011 a 2017 gobernó el expriista Mario López Valdez (Malova), quien llegó al cargo como candidato de una alianza PAN-PRD-MC. Si los partidos que conformaron la alianza hubieran acordado distribuir los cargos del gabinete estatal de acuerdo con los votos obtenidos en la elección legislativa (como ocurre en los países en donde sí hay gobiernos de coalición), al PAN le hubieran tocado la mayoría de esas posiciones, ya que ganó 12 de las 15 diputaciones que obtuvieron los candidatos de los tres partidos que postularon a Malova. O sea, que el 80% de los secretarios del gabinete deberían haber sido para panistas.
Eso no ocurrió. Malova se rodeó de priistas, expriistas e hijos de priistas distinguidos. Los panistas, perredistas y emecistas que lo hicieron gobernador se quedaron con los cargos menores y sin voz en las decisiones de gobierno.
La coalición como forma de gobierno no existe legalmente en nuestro país y por eso no ha habido gobiernos de coalición en los estados en donde han triunfado los candidatos de las diferentes alianzas partidistas que se han conformado, generalmente para enfrentar al PRI.
Y no existe porque en México rige un sistema en donde el titular del poder ejecutivo gobierna y los integrantes del poder legislativo aprueban leyes y, por lo menos teóricamente, vigilan el actuar del presidente. Nuestra realidad es muy distinta a la de los países que se rigen por un sistema parlamentario en donde el gobierno está en manos de ciertos miembros del poder legislativo, quienes pertenecen a los partidos mayoritarios o a las coaliciones partidistas que se conforman para tener una mayoría parlamentaria.
A estas alturas sería conveniente que los dirigentes del FCM nos expliquen como conformarían un gabinete presidencial y los de los gobiernos estatales.
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