Ayer, la Junta de Gobierno de Banco de México (Banxico) decidió reducir en 25 puntos base la tasa de interés interbancaria, llevándola a 10.50%. Esta medida, efectiva a partir de hoy, causará cierta turbulencia en la economía nacional y en los mercados financieros porque es una decisión que viene con su buena dosis de riesgos y contradicciones.
El contexto en el que Banxico actúa es, como siempre, complicado. A nivel internacional, las economías avanzadas han logrado acercar la inflación a sus metas, recortando tasas de interés. La Reserva Federal, por ejemplo, redujo 50 puntos base su tasa hace algunos días, y algunos bancos centrales hicieron lo mismo. Mientras tanto, aquí en México, la economía atraviesa un periodo de debilidad, el empleo se desacelera, y la incertidumbre sigue alta. ¿Solución? Bajar las tasas.
¿Y por qué no? Reducir la tasa de interés puede estimular la actividad económica, abaratar el crédito para empresas y consumidores, y dar un empujón a una economía que anda un poco tambaleante. La inflación subyacente está bajando: en la primera quincena de septiembre se situó en 3.95%. Esto, según Banxico, le da margen para aflojar un poco la política monetaria.
Pero, como todo en este país, no todos en la Junta de Gobierno estuvieron de acuerdo. Jonathan Heath decidió votar en contra y, como en ocasiones anteriores, estoy totalmente de acuerdo con él. Heath, siempre cauteloso, prefería mantener la tasa en 10.75% porque los riesgos inflacionarios siguen ahí, acechando. En la primera quincena de septiembre la inflación no subyacente fue de 6.73%, todavía muy alta.
Banxico, consciente de los riesgos latentes y por si acaso tenga que revertir su decisión, enumeró unos cuantos: mayor depreciación del peso, choques externos, afectaciones climáticas y un cada día más posible escalamiento de conflictos geopolíticos. Parece que la fiesta puede terminar antes de que siquiera empiece.
Además, el peso sigue volátil. Desde la última decisión de política monetaria, ha mostrado inestabilidad, y si esta reducción de tasas hace menos atractivos los activos en pesos, podría darse una mayor depreciación de la moneda. Y claro, con un peso débil, los precios de los bienes importados, entre ellos muchos alimentos que integran la canasta básica, empezarán a dispararse. Pero Banxico confía en que la inflación general alcanzará ese tan ansiado 3% hacia finales de 2025. Optimistas, como siempre.
En resumen, Banxico toma una decisión con fortalezas evidentes: el apoyo a una economía debilitada y la mejora en la inflación subyacente, que parece estar bajo control. Sin embargo, hay debilidades considerables que no deben ignorarse, principalmente los riesgos inflacionarios, la volatilidad del peso y las divisiones internas dentro de la Junta de Gobierno. La pregunta es si estos riesgos se materializarán o si, por una vez, la economía logrará mantenerse en pie sin que Banxico tenga que dar marcha atrás.
Al paso de los meses sabremos si esta decisión logra consolidar la estabilidad que tanto se busca o si se convierte en un intento más dentro de un escenario donde las variables económicas parecen desafiar cualquier estrategia. Solo los resultados nos mostrarán si la dirección tomada fue la correcta.
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