Pedro Castillo, presidente de Perú y gran amigo del presidente Andrés Manuel López Obrador, fue arrestado anteayer tres horas después de anunciar la disolución del Congreso y decretar un Gobierno de excepción. Un autogolpe de Estado similar al que en abril de 1992 perpetró el entonces presidente Alberto Fujimori, quien disolvió al Congreso y nulificó al poder judicial, pero con el apoyo de las fuerzas armadas, algo que no consiguió el hoy encarcelado presidente que fue destituido por el Congreso que no aceptó ser disuelto.
Fue reemplazado por la vicepresidenta Dina Boluarte.
Apenas anunció por la televisión que gobernaría por decreto, se manifestaron en su contra los dirigentes de todas las fuerzas políticas peruanas.
Vladimir Cerrón, presidente de Perú Libre, el partido que en 2020 postuló a Castillo como su candidato presidencial, anunció que no apoyaba lo que calificó como “el golpe de Estado en marcha”. El expresidente Ollanta Humala escribió en Twitter: “Rechazo total a este Golpe de Estado cometido por el propio presidente. Las Fuerzas Armadas le deben honor y lealtad a la patria y no a un dictador. Eso eres hoy Pedro Castillo”. Varios miembros de su gabinete y el embajador ante la ONU presentaron su renuncia.
Desde su llegada al poder, en julio de 2021, el exlíder sindical demostró una asombrosa incapacidad para gobernar. Durante los 16 meses y 10 días que gobernó, realizó más de 40 cambios en su gabinete y cinco primeros ministros se sucedieron en el cargo. Fue incapaz de negociar con el Congreso, la Corte Suprema de Justicia, la Fiscalía General y los medios de comunicación.
Fue acusado de designar como funcionarios a personas impreparadas, algunos con antecedentes penales. Su terquedad para mantener a muchos en sus puestos ocasionó que el Congreso intentara destituirlo, primero en noviembre de 2021 y después en marzo de este año, pero no se reunieron los votos necesarios para ello.
Estaba siendo investigado por las autoridades por supuestos actos de corrupción y el 10 de noviembre pasado, para enfrentar a sus opositores, organizó una marcha que se denominó La Toma de Lima mediante la cual sus seguidores intentaron cerrar el Congreso y detener un nuevo proceso de destitución. Esta marcha se dio cinco días después de otra que se realizó para exigir su renuncia.
Así las cosas, Dina Boluarte se convierte en la sexta persona en ocupar la presidencia peruana desde julio de 2016, después de Castillo (julio 2021 a diciembre 2022), Francisco Sagasti (noviembre 2020 a julio 2021), Manuel Merino (10 al 15 de noviembre 2020), Martin Vizcarra (marzo 2018 a noviembre 2020) y Pedro Pablo Kuczynski (julio 2016 a marzo 2018).
Anteayer, pasadas las tres de la tarde (Centro), AMLO tuiteó: “Es un principio fundamental de nuestra política exterior la no intervención y la autodeterminación de los pueblos. A eso nos ceñimos en el caso de lo sucedido en Perú”. Sin embargo, en el mismo tuit intervino en los asuntos internos peruanos al criticar a los enemigos de Castillo por destituirlo después de obligarlo a “tomar decisiones”. En ningún momento condenó la decisión de su amigo de consumar un frustrado y antidemocrático autogolpe de Estado. ¿Será que para él un golpe de Estado es aceptable si lo encabeza uno de sus cuates?
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