El consumo de drogas, particularmente el de fentanilo y metanfetaminas, no es una novedad en México, pero su análisis y tratamiento sí parecen serlo. La presidenta Claudia Sheinbaum lanzó ayer una campaña nacional titulada “Aléjate de las drogas. El fentanilo te mata”, que busca prevenir adicciones entre jóvenes y adolescentes. Aunque ambiciosa, esta iniciativa enfrenta un problema básico: no se sabe con precisión cuál es el consumo de drogas en el país porque desde 2017 no se ha realizado un estudio para saberlo. Se promete uno nuevo para marzo de este año, pero el retraso de casi una década es una omisión imperdonable.
El consumo de fentanilo en México muestra una tendencia alarmante. En 2013, se registraron solo 5 casos de atención médica relacionados con esta droga. En 2018, el número se mantenía por debajo de 10, pero a partir de 2019, los casos se dispararon: 25 en ese año, 72 en 2020, 181 en 2021, 333 en 2022 y 430 en 2023. Esto es un aumento de más del 4,000% en una década. Además, entre 2017 y 2023, se encontraron rastros de fentanilo en 715 cadáveres en Nuevo León. En Tijuana y Mexicali, entre 2022 y 2024, esta droga apareció en 386 cadáveres, vinculados a muertes por insuficiencia respiratoria, farmacodependencia e intoxicación. Aunque la presidenta asegura que no enfrentamos una crisis como en EEUU, estos datos indican un problema en crecimiento que no puede ignorarse.
Las metanfetaminas son la principal causa de demanda de tratamiento en México, representando el 46.2% de los casos, seguidas por el alcohol (24.6%) y la marihuana (13.3%). En paralelo, el alcohol sigue siendo un grave problema. El 55.5% de los adultos lo consume y el 40.4% en exceso al menos una vez al año. Entre adolescentes, el 20.6% consume alcohol y el 13.9% en exceso. Estas cifras reflejan una problemática nacional que va desde drogas sintéticas hasta el abuso de sustancias legales.
Miles de mexicanos hemos perdido a seres queridos debido a una adicción. No solo se trata de cifras sino de pérdidas devastadoras; son tragedias humanas que destruyen familias y comunidades. Por eso es indignante que AMLO ignorara sistemáticamente este problema, presentando una “realidad alternativa” donde México estaba lleno de amor y valores. Su discurso no ayudó a las miles de familias que hemos sufrido los fatales desenlaces de una adicción mientras las drogas seguían ganando terreno.
La campaña anunciada ayer incluye intervenciones educativas para más de 11.8 millones de estudiantes, guías para padres y docentes, y una inversión de 300 millones de pesos en medios. Sin embargo, este esfuerzo será insuficiente si no se acompaña de acciones estructurales. Es crucial atacar las causas subyacentes: pobreza, violencia y falta de oportunidades que empujan a muchos hacia las drogas.
Qué bueno que la presidenta reconozca la gravedad del problema y haya tomado la iniciativa de lanzar esta campaña. Ahora, el verdadero desafío radica en convertirla en una política integral que abarque prevención, tratamiento y rehabilitación, con la participación de todos los sectores de la sociedad, porque las drogas solo se combaten con acciones concretas que eviten que miles de familias sufran el dolor cotidiano que tantas otras padecen.
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