El 7 de agosto del año pasado escribí aquí sobre la elección de Manlio Fabio Beltrones a la presidencia nacional del PRI. Entre otras cosas, anoté las siguientes:
“…no hay otro priista que lo iguale en experiencia, que tenga su amplia red de contactos dentro y fuera de su partido o que pueda presumir del número de priistas influyentes que le deban algún favor o ayuda. En suma, porque aparte de Peña Nieto, no hay militante del PRI que tenga el peso específico propio que tiene el sonorense.
“El primer priista del país decidió la sucesión de Cesar Camacho, el actual presidente nacional del PRI, de la misma manera en que en 2011 decidió su propia sucesión: pragmáticamente… ahora, en 2015, se convenció de que Beltrones es el único priista capaz de maximizar las posibilidades de triunfos de su partido en las elecciones que en 2016 y 2017 se llevarán a cabo en diversos estados del país.
“Peña Nieto decidió a favor de Beltrones porque, como lo anoté antes, no había otro que pudiera con el pesado paquete que dentro de algunos días le tocará cargar”.
Hoy, después de que Beltrones renunciara ayer a la presidencia nacional del PRI, sigo convencido de que no había otro para ocuparse de ese cargo en agosto de 2015. Si con él le fue mal al PRI en las más recientes elecciones estatales imaginémonos como le hubiera ido teniendo al frente a alguien menos experimentado o bien relacionado.
Beltrones renunció porque, a fin de cuentas, fue él quien condujo a su partido durante la pasada temporada electoral, que concluyó cuando el PRI sufrió la tercera peor derrota de su historia, después de perder las elecciones presidenciales de 2000 y 2006.
Beltrones tenía que irse porque se comprometió a llevar a su partido a la victoria en nueve de los 12 estados que hace 17 días eligieron gobernadores y solo tuvo éxito en cinco.
Beltrones tenía que irse porque su partido perdió la gubernatura de cuatro estados en donde nunca había ganado un candidato a gobernador de la oposición: Durango, Quintana Roo, Tamaulipas, Veracruz. Y porque de nuevo le entregó Aguascalientes y Chihuahua al PAN.
Beltrones es el primero de muchos priistas en pagar por la derrota del 5 de junio. Luego la pagarán, tal vez muy caro, los gobernadores salientes de Chihuahua, Quintana Roo y Veracruz, quienes indudablemente son los principales responsables de la debacle de su partido en sus respectivos estados. Quién sabe si por su mediocridad rendirán cuentas los que actualmente gobiernan Aguascalientes, Durango y Tamaulipas.
Por lo pronto, adiós Manlio. Suerte en lo que venga.
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