El presidente Andrés Manuel López Obrador ha dicho muchas veces que su gobierno ha ahorrado una cantidad multimillonaria desde el 1 de diciembre de 2018 a la fecha. El viernes pasado insistió en ello diciendo: “Pues nos hemos ahorrado ya (…) Podemos hacer la cuenta, pero ya podemos estar, en el tiempo que llevamos, con ahorros del orden de dos billones de pesos, en general…”.
Dos billones de pesos son muchos pesos. Equivalen al 28% del presupuesto del gobierno federal de este año que asciende a 7.888 billones de pesos. Son poco más de los 1.843 billones que este año se están destinado al gasto no programable del gobierno federal, que incluye pagos pendientes de años anteriores, gastos destinados a cubrir intereses, comisiones y demás conceptos relacionados con la deuda y recursos transferidos a entidades federativas y municipios, a través de las Participaciones Federales.
Dos billones de pesos son 520 mil millones de pesos más que los 1.48 billones que este año se están dedicando a los diversos programas de protección social y 376 mil millones más que los 1.6 billones que se están dirigiendo a educación y salud.
Ahora bien, ¿a dónde han ido a parar esa cantidad extraordinaria de pesos ahorrados por el gobierno de la 4T?
La pregunta es válida porque hasta ahora ni AMLO ni nadie de su gobierno lo ha explicado satisfactoriamente.
Aquí trataré de hacerlo, pero aclaro antes que mi ejercicio es meramente especulativo.
En primer lugar, parte de los ahorros se ha ido a pagar los sobrecostos de las obras señeras del actual gobierno: la refinería de Dos Bocas, el Tren Maya y el aeropuerto Felipe Angeles.
La primera acabará costándonos 80 000 millones de pesos más, la segunda 244 000 millones más y la tercera 8000 millones más.
En total son 332 000 millones o el 16.6% de los dos billones.
Otro gasto que no estaba considerado en el presupuesto es el subsidio a la gasolina, que en el primer trimestre ascendió a 159 000 millones de pesos.
Van 491 000 millones de pesos.
Las vacunas contra el no esperado COVID-19 es otro gasto que el gobierno se vio obligado a realizar. De acuerdo con ourworldindata.org, hasta el 31 de julio se habían aplicado en México 229 millones de dosis. El costo de aplicar cada dosis ha sido de 20 dólares, según lo señala el texto del artículo “Análisis de impacto presupuestal de la vacunación contra COVID-19 en América Latina” publicado en enero de este año en la Revista Panamericana de Salud Pública de la Organización Mundial de la Salud. Con base en estos datos resulta un gasto de 4580 millones de dólares que equivalen a unos 91 600 millones de pesos.
Van 582 600 millones de pesos.
A este monto debemos añadir los 159 000 millones de pesos que el gobierno ha dejado de percibir por concepto del subsidio a la gasolina y el diésel.
Van 741 600 millones de pesos.
Me falta ubicar en dónde podrían haber ido a parar los 1.2584 billones faltantes. Se me acabó el espacio, pero otro día continuaré especulando aquí sobre el destino que pudiera haberles dado una sola persona, lo que dista de ser muy democrático.
Más fácil sería que Andrés Manuel nos dijera en dónde se originaron esos ahorros por 2 billones de pesos y en qué se han ido gastando para beneficiar al pueblo de México.
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