El papel de la mujer en la sociedad siempre ha sido destacado. La mujer es un miembro imprescindible en todo hogar, y su falta es tan significativa que existen muchos hogares que se han disuelto totalmente ante su ausencia. A ese rol tradicional de maternidad y crianza de los hijos, se suma el rol profesional.
El Instituto Mexicano para la Competitividad A.C. (IMCO) analizó la capacidad de México y de los otros países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) para atraer y retener a más mujeres en la economía.
Hasta antes de la pandemia, el 45% de las mujeres mexicanas mayores de 15 años contaban con un trabajo o estaban en búsqueda de uno. Sin embargo, la pandemia del COVID-19 borró el escaso avance de los últimos 15 años, lo que representa toda una generación perdida.
Sin embargo, el IMCO nos proporciona un dato interesante: el 42% de las mujeres en edad productiva ejecutan labores clave dentro del hogar, aunque no tienen un trabajo remunerado. Es decir, las mujeres trabajan mucho en el hogar, aunque su trabajo no le genere recursos económicos propios.
El IMCO observó que el 73% de las mujeres que perdieron su empleo entre marzo y abril lo recuperaron en diciembre de 2020. No obstante, en enero de 2021, casi 800 mil mujeres lo volvieron a perder. Esto implicó una reducción de 15 puntos porcentuales en el porcentaje de empleos femeninos recuperados en comparación con el cierre del año pasado.
La pandemia ha sido un golpe durísimo para las mujeres. Desde la perspectiva económica, mes a mes la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del INEGI nos ha mostrado que las trabajadoras tardaron más tiempo en recuperar su empleo que los hombres, y que su situación es frágil.
Estas cifras son desgarradoras. No son simples porcentajes, representan millones de mujeres que dejaron de tener certeza sobre sus ingresos. Con ello, se ha puesto en riesgo la autonomía económica de muchas de ellas, entendida como la capacidad de generar recursos propios a partir del trabajo remunerado, según la CEPAL.
La pandemia ha acentuado las condiciones laborales difíciles que las mujeres han enfrentado durante años. Las barreras a la entrada, permanencia y crecimiento en el empleo son una cuestión estructural en nuestro país. Sin embargo, reconocer estos efectos diferenciados para ellas podría ser parte de la solución a esta problemática.
Actualmente, en el sector privado hay una baja representación de mujeres, que se reduce aún más conforme ascienden los puestos directivos. Mientras que el 35% de la plantilla laboral de las empresas que cotizan en las bolsas mexicanas de valores son trabajadoras, solo el 1% de las direcciones generales están ocupadas por mujeres y representan solo el 9% del total de miembros de los consejos de administración.
Sin embargo, en el sector público, en los últimos 10 años es posible identificar un avance en la participación política de las mujeres, sobre todo en los puestos de representación como legisladoras y secretarías de Estado debido a las cuotas de que se le han asignado, aunque esto no necesariamente se ha traducido en un mayor crecimiento de mujeres en el resto de las instituciones de gobierno.
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