“¿No te parece que, de alguna manera, suicidarse es para algunas personas la versión más radical de su individualismo?”(1).
Tuve muchas dudas antes de hacer esta reseña especialmente por la extensión de la novela. Si los que saben afirman que la capacidad de atención de las personas en general se reduce y que la lectura de largo aliento es cosa del pasado, casi no se entiende que se sigan publicando novelas como esta… pero que bueno que así sea.
Abordé la lectura con cierta reticencia, sin embargo conforme las páginas pasaron, me resultaba más intrigante, a pesar del ingente número de personajes y los saltos temporales y espaciales constantes. No obstante, a pesar de que la novela posee una estructura compleja –que busca ser una especie de «novela de novelas» y que logra con aceptable eficacia–, renuncia a lirismos exagerados, lo que permite que la narración fluya de tal manera que no resulta tan complicado seguir las distintas historias, que convergen en el marco de una serie de teorías conspirativas –todas, según la propia autora explica, inventadas para la novela– de las cuales, la más importante involucra a «Los Escorpiones», una especie de secta que, mediante mensajes subliminales en videojuegos, música y libros, entre otras técnicas de manipulación, inducen a un buen número de personas al suicidio.
Quizá el aspecto que considero menos afortunados es que recurre con excesiva frecuencia a desplegar escenas y diálogos excesivamente largos que podrían condensarse en explicaciones del narrador que dinamice y acorte un poco la extensión; recordemos que se trata de una novela que supera las ochocientas páginas y cualquier cosa que la comprima se agradece.
Es mucho lo que podría decirse de esta obra, pero me remitiré a los cuatro puntos que a me parecieron más destacados.
Uno de ellos es la exploración psicológica de los personajes, donde se involucran adicciones, fobias, obsesiones, entretejida con los conflictos propios de distintas generaciones, en especial la que en el primer cuarto del siglo XXI roza los treinta años.
Por otro lado la novela desarrolla un intensa exploración acerca de lo que significa la soledad, el dolor y la falta de sentido, no sólo en las generaciones más jóvenes, en las que se centra, sino también en aquellos que, como Michaela D´Alessandro que cumple cincuenta años en los capítulo finales, forman parte de otras generaciones y de otros tiempos históricos.
Como tercer factor día que, aunque claramente posee elementos estructurales y estilísticos del thriller, de ningún modo es solo eso. Además de un solvente manejo de la intriga y el misterio, se sumerge y se implica temas sensibles de nuestro tiempo, como podrían serlo la depresión, el suicidio, la falta de sentido, la soledad, las adicciones y los metanarrativas que nos manipulan sin que nos demos cuenta y en las que solemos perdernos sin siquiera imaginar que hay un grupo de “álguienes” que –cuando menos intentan– mover los hilos de nuestro mundo.
Por último, y lo que me parece más deslumbrante, es que se trata de una novela escrita por una autora y filósofa española, de Zaragoza para ser más precisos, que nació apenas en 1994.
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(1) Barquinero, Sara, Los escorpiones, Primera Edición, Cuarta Reimpresión, España, Lumen – Penguin Random House, 2025, Pág. 82
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