En los últimos años ha adquirido una gran fuerza la literatura escrita por mujeres. Dentro de esta destaca el género híbrido autobiográfico combinado con ensayo personal, ya sea utilizando la forma novelística de autoficción, ya como una crónica de eventos personales. Ejemplos hay muchos, en particular entre autoras francesas, norteamericanas y muchas hispanoparlantes. Ellas se han expresado desde la experiencia personal para regalarnos líneas que, por muchas razones, se han incorporado al imaginario colectivo de nuestra sociedad.
Un ejemplo claro, fresco y vibrante es la obra publicada por la escritora potosina Alicia Salguero Gómez, publicada en este 2026. Sus páginas son ágiles y nos van llevando, valiéndose de ciertas elipsis, a través del tiempo, para conocer a la niña de una familia de clase media alta, con excelentes oportunidades para su preparación, quien sale de su ciudad natal a cursar una carrera en Gastronomía a la ciudad de Puebla, desde donde se inicia la trama que nos ha de llevar, a través de altas y bajas, partiendo de un accidente automovilístico que estuvo a punto de ser mortal, que la dejó con limitaciones importantes para la movilidad. Vamos conociendo a partir de ese punto cuáles fueron sus asideros en los distintos momentos de su tratamiento y progresiva recuperación, así como en las complicaciones que trajo la aplicación de una placa y tornillos a nivel del cuello, material que generó un largo padecimiento agregado y mayores limitaciones físicas.
Alicia, Alis, como suelen llamarla, no se arredró frente a ninguna de las situaciones que tuvo que ir atravesando. Todo lo contrario, conforme vamos desmenuzando su testimonio entendemos que para ella cada obstáculo fue un punto de inflexión para crecer y definirse con mayor firmeza. En sus propias palabras: “Mi vida no está partida, está trenzada”.
Mediante capítulos cortos de fácil lectura, la autora nos va llevando a través de sus facetas más íntimas, que narra sin tapujos, para presentarnos a la joven mujer con aspiraciones en los distintos planos, lo que el accidente sufrido no consiguió cancelar. Ella, con la creatividad a flor de piel, fue modelando cada una de sus aristas personales hasta la actualidad, para decir: “Esta soy”. En sus propias palabras, “un corte limpio entre la vida que viví y la que estaba por empezar”.
Se dice fácil aquello de pasar semanas enteras en una cama de hospital, sometida a curaciones, rehabilitación exhaustiva y dudas interminables, convencida de mantener una sonrisa políticamente correcta para los familiares y amistades que la visitaban. De regreso a casa de sus padres, después de esas jornadas agotadoras, se dedica a dar las gracias a tantas personas que, de muchas maneras estuvieron al pendiente de su recuperación. Como ella lo señala acertadamente, ese agradecimiento fue el cierre de una etapa, así como el inicio de algo más profundo y humano, a lo cual aplicarse con la más firme de las voluntades. Habían ya pasado tres años del accidente y finalmente pudo concluir sus estudios universitarios. Lo que parecía constituir una limpia plataforma de despegue para nuevos proyectos, se vio alterada por un tornillo quirúrgico que cambió gran parte de sus planes en ese cuarto año desde el accidente. Hubo entonces que emprender nuevas medidas de manejo, no menos dolorosas, que siguieron modelando su espíritu. Como ella misma señala, hay momentos en que algo te rompe por dentro y tarda años en sanar, pero tú haces todo por mantener el rostro amable, aunque tu espíritu se halle agotado.
Durante este período de complicaciones médicas Alis continuó repitiendo sin cansancio que amarse a sí misma no fue una epifanía, sino un acto heroico que le permitió seguir adelante, aun cuando hubo momentos en que sintió que no podía más. Partió de un principio fundamental que siempre tuvo bien claro: “Mi relación [afectiva] más larga soy yo.”
Dentro de su proceso de crecimiento, la autora hace un alto en el camino para pedir perdón a su familia de origen y la amical, por los momentos cuando ella llegó a ser injusta en sus apreciaciones hacia ellos, lo que, definitivamente, la liberó de una gran carga emocional. Hubo cierto giro en su percepción, al declarar que la discapacidad no es excusa ni sentencia, sino que es contexto. A partir de ese momento, en que ya había asimilado en forma total su condición, comenzó a colocar su atención en asuntos fuera de su propia persona, como colaboradora de diversas ONG, conferencista y ahora escritora. Además de ejercitar de manera seria un deporte que le provee de una liberación espiritual absoluta: la natación. Ha venido participando en diversas competencias, que le han provisto de grandes satisfacciones.
Termina el relato de su vida con la sentencia que da nombre al libro: “Vivir es lo que quiero”. En lo personal he tenido oportunidad de convivir con ella, y no hay duda de que cada una de sus afirmaciones literarias las viene llevando a cabo en el día a día con total consciencia. Un ejemplo de vida del que todos tenemos grandes cosas por aprender.
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