La Generación Romántica del 98

Estimados lectores, el presente escrito no trata sobre esa  inmortal Generación del 98 española iniciada por Baroja, Azorín y Maeztu, sino de la escasamente conocida Generación del 98 moreliana, integrada por un grupo de jóvenes en su mayoría “nicolaitas”, como...

18 de agosto, 2021 Generación Romántica del 98

Estimados lectores, el presente escrito no trata sobre esa  inmortal Generación del 98 española iniciada por BarojaAzorín y Maeztu, sino de la escasamente conocida Generación del 98 moreliana, integrada por un grupo de jóvenes en su mayoría “nicolaitas”, como se les decía entonces a los estudiantes del colegio de San Nicolás. Eran un puñado de admiradores de la poesía romántica, especialmente influenciados por aquel ferviente enamorado de la bella Rosario de la Peña, o sea, el estudiante de medicina Manuel Acuña. 

Debo decir que, Alfredo Maillefert (1889-1941) estuvo emparentado con el iniciador del Modernismo mexicano, Manuel Gutiérrez Nájera, y que nació en Taretan, Michoacán, falleciendo en la ciudad de México. Escribió su mejor libro, Laudanza de Michoacán, y un volumen de crítica literaria, Los libros que leí (1942). También de su autoría son Ancla en el tiempo, Una historia que contar y, Velero romántico, que precisamente en el capítulo VII de esta última de sus obras nos narra la historia de tal Generación. 

En Morelia, estos nacientes poetas rentaban una de las celdas del ya en desuso convento de los Agustinos, donde realizaban sus sesiones y tertulias, ubicado junto a la iglesia de San Agustín de Hipona. Sabido es que a causa de las Leyes de Reforma tal edificio fue arrebatado al Clero y vendido a particulares. El autor de Velero romántico nos platica que fue a partir de los años 1898 o 1900 cuando el grupito de jóvenes soñadores empezó a reunirse, especialmente durante las noches de luna, contemplando a través de la única ventana del recinto de la planta alta, los plateados fulgores iluminando parte del sur de la ciudad. 

En esta celda también estuvo instalada la redacción de El correo michoacano, uno de los semanarios fundados por el grupo, que antes habían editado El bohemio y Crisantema.

Y añade Maillefert: “Ya hacía tiempo que había alboreado el modernismo en las ciudades de Hispanoamérica, pero acá, en Morelia, todavía alumbraba la pálida Selene y todavía estaban quebrándose sobre sus casas las últimas olas del mar romántico”.

Estos últimos románticos de Morelia fueron, entre otros: Luis Murguía Guillén, Alfonso Aranda y Contreras, José Ortiz Rico, Francisco de S. Menocal, Donato Arenas  López, José Ortiz Vidales, Alfredo Iturbide y Fidel Silva. Este último escribió lo siguiente: “Aquí se recibía a los bohemios que de fuera venían a visitarnos. Así fue como conocí a Benjamín Arredondo, quien una bella tarde nos recitó ‘Melancolía’, ‘Helado amor’ y parte de su ‘Poema negro’, que la muerte no le dejó publicar”.

El penúltimo de los nombrados, Alfredo Iturbide, compuso “Adoración”,  poema de acendrada inspiración romántica:

 

Todo por ti la tempestad rugía,

y en medio el oleaje vacilaba;

mas pronto apareciste, amada mía,

¡feliz quien encontró lo que soñaba!

 

Deja que el mundo me condene a gritos,

hay muchas flores que el turbión deshoja,

mas contigo y mis sueños infinitos

¿qué me importan el mundo y mi congoja?

 

Tu mano salvadora, que en mis noches

llenas de amor, y luz, y poesía,

he quemado entre halagos y reproches

con mis besos de fuego ¡vida mía!

 

Es forzoso pensar en que me quieres,

mas mi razón obscura ya no alcanza

a creer tanta dicha… si te mueres

¿qué haré sin ti, mi última esperanza?

 

Deja que nos insulten los blasfemos

y busca fe en mi corazón de lumbre.

Apóyate en mi brazo. Ven, tenemos

que descansar triunfantes en la cumbre.

 

Y así, en incontables y plácidas noches de bohemia peregrinaron varios años y, algunos de tales poetas, de manera simbólica o realmente, como don Quijote, “volvieron a su aldea”. Y ya en cada una de ellas, continúa Maillefert, murieron jóvenes o sobrevivieron aislados, envejecidos. 

Otros fueron hasta lo último. “Así el jefe del grupo, Donato Arenas López que el 19 de octubre de 1906, apuró ‘el último cáliz’, y así Alfredo Iturbide [autor del poema] que, pisando apenas el umbral de sus veinticinco años, se dio un tiro en el pecho”.

Concluyendo, en reconocimiento a este gran escritor existe el colegio Alfredo Maillefert, que es una escuela de preescolar situada en la localidad de Belisario Domínguez, donde se imparte educación básica [preescolar general], y en  Morelia existe la calzada Alfredo Maillefert, llamada también Calzada de los Poetas, es una vialidad peatonal y cultural que existe en la parte oriente de la manzana que en conjunto ocupan el Centro de Convenciones y Exposiciones, el Teatro Morelos, el Orquidario, el Planetario Lic. Felipe Rivera y la Biblioteca Pública Gral. Francisco J. Múgica; que dicho sea de paso, este militar fue un admirable e incorruptible Jefe Político y de las Armas, en el entonces Territorio de Baja California Sur durante los años 1940 a 1946. 

 

FUENTE

Maillefert, Alfredo. Velero romántico, FCE, México, 1967, 140 pp.

 

Comentarios


object(WP_Query)#17868 (52) { ["query"]=> array(5) { ["cat"]=> int(14) ["posts_per_page"]=> int(2) ["orderby"]=> string(4) "rand" ["post__not_in"]=> array(1) { [0]=> int(69432) } ["date_query"]=> array(1) { [0]=> array(3) { ["after"]=> string(10) "01-11-2022" ["before"]=> string(10) "29-11-2022" ["inclusive"]=> bool(true) } } } ["query_vars"]=> array(66) { ["cat"]=> int(14) ["posts_per_page"]=> int(2) ["orderby"]=> string(4) "rand" ["post__not_in"]=> array(1) { [0]=> int(69432) } ["date_query"]=> array(1) { [0]=> array(3) { ["after"]=> string(10) "01-11-2022" ["before"]=> string(10) "29-11-2022" ["inclusive"]=> bool(true) } } ["error"]=> string(0) "" ["m"]=> string(0) "" ["p"]=> int(0) ["post_parent"]=> string(0) "" ["subpost"]=> string(0) "" ["subpost_id"]=> string(0) "" ["attachment"]=> string(0) "" ["attachment_id"]=> int(0) ["name"]=> string(0) "" ["pagename"]=> string(0) "" ["page_id"]=> int(0) ["second"]=> string(0) "" ["minute"]=> string(0) "" ["hour"]=> string(0) "" ["day"]=> int(0) ["monthnum"]=> int(0) ["year"]=> int(0) ["w"]=> int(0) ["category_name"]=> string(18) "cultura-para-todos" ["tag"]=> string(0) "" ["tag_id"]=> string(0) "" ["author"]=> string(0) "" ["author_name"]=> string(0) "" ["feed"]=> string(0) "" ["tb"]=> string(0) "" ["paged"]=> int(0) ["meta_key"]=> string(0) "" ["meta_value"]=> string(0) "" ["preview"]=> string(0) "" ["s"]=> string(0) "" ["sentence"]=> string(0) "" ["title"]=> string(0) "" ["fields"]=> string(0) "" ["menu_order"]=> string(0) "" ["embed"]=> string(0) "" ["category__in"]=> array(0) { } ["category__not_in"]=> array(0) { } ["category__and"]=> array(0) { } ["post__in"]=> array(0) { } ["post_name__in"]=> array(0) { } ["tag__in"]=> array(0) { } ["tag__not_in"]=> array(0) { } ["tag__and"]=> array(0) { } ["tag_slug__in"]=> array(0) { } ["tag_slug__and"]=> array(0) { } ["post_parent__in"]=> array(0) { } ["post_parent__not_in"]=> array(0) { } ["author__in"]=> array(0) { } ["author__not_in"]=> array(0) { } ["ignore_sticky_posts"]=> bool(false) ["suppress_filters"]=> bool(false) ["cache_results"]=> bool(true) ["update_post_term_cache"]=> bool(true) ["update_menu_item_cache"]=> bool(false) ["lazy_load_term_meta"]=> bool(true) ["update_post_meta_cache"]=> bool(true) ["post_type"]=> string(0) "" ["nopaging"]=> bool(false) ["comments_per_page"]=> string(2) "50" ["no_found_rows"]=> bool(false) ["order"]=> string(0) "" } ["tax_query"]=> object(WP_Tax_Query)#17864 (6) { ["queries"]=> array(1) { [0]=> array(5) { ["taxonomy"]=> string(8) "category" ["terms"]=> array(1) { [0]=> int(14) } ["field"]=> string(7) "term_id" ["operator"]=> string(2) "IN" ["include_children"]=> bool(true) } } ["relation"]=> string(3) "AND" ["table_aliases":protected]=> array(1) { [0]=> string(21) "rt_term_relationships" } ["queried_terms"]=> array(1) { ["category"]=> array(2) { ["terms"]=> array(1) { [0]=> int(14) } ["field"]=> string(7) "term_id" } } ["primary_table"]=> string(8) "rt_posts" ["primary_id_column"]=> string(2) "ID" } ["meta_query"]=> object(WP_Meta_Query)#17866 (9) { ["queries"]=> array(0) { } ["relation"]=> NULL ["meta_table"]=> NULL ["meta_id_column"]=> NULL ["primary_table"]=> NULL ["primary_id_column"]=> NULL ["table_aliases":protected]=> array(0) { } ["clauses":protected]=> array(0) { } ["has_or_relation":protected]=> bool(false) } ["date_query"]=> object(WP_Date_Query)#17865 (5) { ["queries"]=> array(4) { [0]=> array(6) { ["after"]=> string(10) "01-11-2022" ["before"]=> string(10) "29-11-2022" ["inclusive"]=> bool(true) ["column"]=> string(9) "post_date" ["compare"]=> string(1) "=" ["relation"]=> string(3) "AND" } ["column"]=> string(9) "post_date" ["compare"]=> string(1) "=" ["relation"]=> string(3) "AND" } ["relation"]=> string(3) "AND" ["column"]=> string(18) "rt_posts.post_date" ["compare"]=> string(1) "=" ["time_keys"]=> array(14) { [0]=> string(5) "after" [1]=> string(6) "before" [2]=> string(4) "year" [3]=> string(5) "month" [4]=> string(8) "monthnum" [5]=> string(4) "week" [6]=> string(1) "w" [7]=> string(9) "dayofyear" [8]=> string(3) "day" [9]=> string(9) "dayofweek" [10]=> string(13) "dayofweek_iso" [11]=> string(4) "hour" [12]=> string(6) "minute" [13]=> string(6) "second" } } ["request"]=> string(503) " SELECT SQL_CALC_FOUND_ROWS rt_posts.ID FROM rt_posts LEFT JOIN rt_term_relationships ON (rt_posts.ID = rt_term_relationships.object_id) WHERE 1=1 AND ( ( rt_posts.post_date >= '2022-11-01 00:00:00' AND rt_posts.post_date <= '2022-11-29 00:00:00' ) ) AND rt_posts.ID NOT IN (69432) AND ( rt_term_relationships.term_taxonomy_id IN (14) ) AND ((rt_posts.post_type = 'post' AND (rt_posts.post_status = 'publish'))) GROUP BY rt_posts.ID ORDER BY RAND() LIMIT 0, 2 " ["posts"]=> array(2) { [0]=> object(WP_Post)#17867 (24) { ["ID"]=> int(85946) ["post_author"]=> string(2) "77" ["post_date"]=> string(19) "2022-11-22 08:59:06" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2022-11-22 13:59:06" ["post_content"]=> string(6898) "Bioética: Manifiesto por la Tierra es el libro que Arnoldo Kraus acaba de lanzar en estos días. Médico internista de formación, con especialidad en reumatología, ha despuntado como investigador, docente y escritor dentro del área de la Bioética. Cuenta con varios libros publicados, en los que aborda principalmente el tema de la muerte, sus facetas emocionales y los alcances políticos que cuestiones como el suicidio o la muerte asistida, llegan a alcanzar. En esta ocasión se lanzó a la tarea de coordinar una serie de ensayos escritos por integrantes del Seminario de Cultura Mexicana, como un tributo a Van Rensselaer Potter, quien en 1970 introdujo el término “bioética” en su obra: Bioética: Un puente hacia el futuro. Kraus es una garantía de rigor científico, siempre de la mano de una faceta humanista que lo hace único. Nadie mejor indicado para coordinar los esfuerzos de pensadores mexicanos actuales, que dan cuenta de la situación que se vive con la contaminación y el cambio climático, como potenciales generadores de la catástrofe mundial que viene, si no para nosotros, sí para nuestros descendientes.   Inicia el doctor José Sarukhán con una presentación de la obra. La primera vez que conocí a este eminente biólogo fue en el Faro de Veracruz, al despuntar el alba: en compañía de un colega suyo, emprendía labor de campo en la investigación de las tortugas marinas. Aún evoco la imagen de un individuo en pantaloncillo corto, camisa de algodón y un sombrero del mismo material, perfilado por los primeros rayos del sol. Inclinaba su cuerpo para levantar crías rezagadas; las estudiaba por un momento y las dejaba seguir su camino. De esas acciones silenciosas que pintan de cuerpo entero a un individuo al margen de las luminarias y los altoparlantes. Dice mucho del amor a esa “casa común” que se utiliza más como eslogan publicitario que como lo que es: un sitio de todos, en el cual cada uno, independientemente de su contexto, tiene los mismos derechos.  Él da cuenta de las palabras de Rolando Cordera que señalan “una ilusoria fe en que la tecnología y la mano invisible de los mercados resolverán todos los problemas”. El tan criticado Neoliberalismo conlleva dos fenómenos que en nada abonan al mejoramiento del planeta: Uno es el individualismo y otro el cinismo. Podemos atestiguar uno y otro en los sitios públicos, a través de incontables acciones humanas que perjudican al ambiente. Un ejemplo muy nuestro en México es la forma como taponamos con basura los cauces naturales que atraviesan la mancha urbana. Frente a portentosas lluvias dichos cauces se desbordan, y nosotros mismos, quienes provocamos el problema, atribuimos al gobierno la responsabilidad por lo ocurrido.  Algo similar, aunque tal vez menos dramático, sucede con los efectos nocivos en la salud provocados por la contaminación del aire o del agua. No me refiero a las descargas contaminantes de las grandes industrias, sino a lo que cada uno de nosotros, como individuos, provocamos día con día, cuya suma resulta en consecuencias catastróficas para el planeta. Aquí quiero llegar justo al punto que señalan los autores: el de  la responsabilidad moral que a cada uno de nosotros corresponde asumir  frente al entorno. Al que más oportunidades de preparación ha tenido, corresponde una mayor responsabilidad sobre los hechos y sobre las personas de su entorno, para hacer valer esa verdad: Detener la destrucción de nuestros ecosistemas depende de la acción conjunta de todos los seres humanos. No se trata de niños “nerds” protestando por las calles, como se ha querido tachar a Greta Thunberg. Es, por el contrario, una convicción interna que será la tabla de salvación de todas las especies vivientes. El propio Papa Francisco apela a este sentido de solidaridad.  No es posible que pretendamos dejar la responsabilidad del cuidado de la Tierra a grupos ambientalistas, cuando los contaminadores somos todos y cada uno de nosotros.  Él apunta acertadamente hacia una “enseñanza social” que permita cohesionarnos como especie en una labor común y generosa: apostar por la naturaleza, y, en consecuencia, por la vida. Kraus habla sobre una ética social y planetaria.  Utiliza el término “moral” en el sentido más amplio de la palabra, como un “deber ser” frente a las injusticias sociales que el cambio climático está provocando.  Algo que me cimbra, más allá de su obviedad, es lo expresado, páginas más delante, por Herminia Pasantes, bióloga de la UNAM, cuyos principales estudios  se encaminan hacia la neurofisiología, procurando desentrañar las bases neuroquímicas del comportamiento humano.  Asevera que, de entre todas las especies vivientes, los humanos somos la única especie con capacidad para entender y modificar el entorno.  Todo ello encaminado a la creación de políticas públicas sanas e incluyentes. Jacqueline Peschard, socióloga de formación, con maestría en Ciencia Política por la UNAM, hace señalamientos así de puntuales como valientes.  Habla de la democracia como el gobierno a través de la discusión, de manera que este  sistema sólo podrá sobrevivir siempre y cuando esté al alcance del ciudadano promedio (o “de a pie”, como me gusta llamarlo). Hace suyo el concepto de Herari de que los humanos pasamos de ser  asesinos ecológicos seriales para convertirnos en asesinos ecológicos en masa.  Viene a nuestra mente cualquier comparación entre los campos de exterminio nazi y los niños víctimas de las grandes hambrunas en países africanos y de Medio Oriente. Esas imágenes apocalípticas que circulan en redes para convencernos de donar a organizaciones internacionales que trabajan por salvarlos de la muerte.  Peschard  habla sobre “una relación ética y compasiva” entre personas y naturaleza, misma que sólo puede desarrollarse en un marco democrático en el que las políticas públicas deriven de un régimen  institucional, sustentado en leyes.  Lo que la autora coteja, dolorosamente, con nuestras frágiles democracias y los afanes ociosos de moralizar al pueblo mediante palabras impresas, huecas en su aplicación. Un libro que vale la pena leer con detenimiento, por la salvaguarda de nuestra casa común." ["post_title"]=> string(19) "Nuestra casa común" ["post_excerpt"]=> string(156) "Es urgente tomar conciencia de que el planeta es la casa de todos los seres vivientes. Como pensantes, los humanos somos los responsables de su salvaguarda." ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(6) "closed" ["ping_status"]=> string(6) "closed" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(18) "nuestra-casa-comun" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2022-11-22 08:59:37" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2022-11-22 13:59:37" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=85946" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } [1]=> object(WP_Post)#17899 (24) { ["ID"]=> int(85306) ["post_author"]=> string(3) "123" ["post_date"]=> string(19) "2022-11-03 12:09:26" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2022-11-03 17:09:26" ["post_content"]=> string(12461) "Día 10 de Termidor Cerca de la medianoche, el Tribunal Revolucionario decidió convocar a una reunión con carácter urgente dado que había asuntos apremiantes por atender, aún y cuando se trataba de un decadi o día de descanso; cabría mencionar que el escenario que se desarrollaba había sido previsto desde hacía semanas, por lo que en sólo un par de horas, veintidós hombres fueron acusados de contrarrevolucionarios y condenados a muerte acorde con la Ley 22 de Prarial, entre ellos su cabecilla, Maximilien François, el líder de la fracción de los jacobinos, diputado de la Convención y antiguo dirigente del Comité de Seguridad.   La sentencia debía consumarse dieciséis horas más tarde en la Plaza de la Revolución, el mismo lugar donde un año y medio antes había sido ejecutado el ciudadano Capeto, también conocido como Louis XVI.   Respecto de aquel hecho Phillipe Le Bas, también diputado de la Convención, anotó en su diario: “Henos aquí, lanzados hacia el futuro, los caminos han quedado rotos tras nuestros pasos”.  Día 9 de Termidor Aunque no era una noche particularmente calurosa aquella de finales de julio, el líder jacobino sudaba copiosamente debajo de la empolvada peluca de rizos blancos perfectamente peinada (una notable anomalía, ya que sólo la aristocracia lucía peluca de dicho color, la peluca “del pueblo llano” era de color oscuro), mientras sus dedos tomaban la pluma para firmar el documento que estaba en sus manos; aquella proclama era su último intento de salvación, no quedaban ya más cartas por jugar ni recursos de los cuales echar mano. Con sumo cuidado, como si de aquel acto dependiera su destino (que ya estaba decidido) comenzó Maximilien a escribir las primeras letras de su apellido y fue justo entonces cuando las fuerzas militares, enviadas por la Convención Nacional, lograron derribar la puerta dispuestos a aprehender a todos los que se encontraban en aquel despacho del Hotel de Ville.  Dos letras quedaron para la posteridad como un mudo registro de aquella intentona: una R y una O. La proclama, que se conserva hasta la fecha manchada de sangre, comenzaba de la siguiente manera:  “¡Valor, patriotas de la sección de piques! ¡La libertad es victoriosa! Difícil saber a qué se refería un concepto tan inasible como lo es la libertad a esas alturas.  Más de cuarenta mil sospechosos habían sido apresados y diecisiete mil de ellos ejecutados, en su nombre, durante la corta regencia de Maximilien. Más de mil trescientas cabezas habían rodado en las últimas siete semanas. La nación se había resquebrajado durante los últimos años en la búsqueda de una utopía que, como ha sucedido en innumerables ocasiones a lo largo de la historia, fue transformándose en una pesadilla sin fin. Republicanos, girondinos y muchos otros cuyo único pecado consistía en ser menos radicales, habían sido ajusticiados sin posibilidad de un juicio; sólo existían dos sentencias posibles, cuyo peso en la balanza dependía exclusivamente del humor del tribunal en cuestión: absolución o muerte.   El líder de los jacobinos, durante aquel período sangriento, había legado al mundo y a la posteridad lo que se considerarían las bases de la filosofía detrás de la dictadura, puntualizando: “Si la virtud es el resorte de un gobierno popular en tiempos de paz, el resorte de ese gobierno durante una revolución es la virtud combinada con el miedo; la virtud sin la cual el miedo es destructivo, el miedo sin el cual la virtud es impotente”.  El diputado y dirigente del comité, quien era llamado “El Incorruptible” por amigos y enemigos por igual, así como los otros allí reunidos entre los que destacaban su hermano menor Augustine, fueron presa de un súbito escalofrío con la entrada de los gendarmes que pronto se transformó en trifulca y algo después, en caos; algunos intentan enfrentarse a los piqueros, otros huir; el joven Saint-Just se entrega sin decir palabra, Le Bas apunta a su cien con una pistola y cae muerto, a Couthon le hieren en una de sus inmóviles piernas y en medio de aquello, Maximilien recibe un disparo por parte de un guardia (no se sabe si intencional o no) que le destroza la mandíbula, le arranca varios dientes y le deja una sangrienta herida en el rostro, pero no lo mata.   Al observar su pantalón amarillo y la levita azul en el suelo, así como la tez ensangrentada del hermano, Augustine busca evitar el desenlace que se cierne sobre él y saltando desde la ventana más cercana se precipita al vacío, pero para su mala fortuna la altura no es suficiente y también sobrevive, rompiéndose la cadera y ambas piernas; ahí, en el piso bajo la ventana, le encontrarán los guardias retorciéndose y maldiciendo su suerte.  Aquella noche, todos los que sobreviven son llevados al Comité de Seguridad General y puestos en habitaciones separadas. El líder jacobino es recostado sobre una mesa con una caja de madera bajo su cabeza; la noticia de la captura comienza a esparcirse con rapidez y numerosos termidorianos (sus mayores enemigos) acuden cautelosos a observar la escena que involucra al famoso Incorruptible. Su aspecto es deplorable; ensangrentado, gime pero no pronuncia palabra alguna, sólo sus ojos expresan de alguna manera una mezcla de dolor y recelo. El perseguidor se ha convertido por unas horas en un espectáculo que, aunque lamentable, es digno de ser observado por la fúnebre procesión que le mira con una mezcla de sorpresa y horror.  Alrededor de las cinco de la mañana arriban dos cirujanos al Comité para atender a aquellos que están heridos y no pueden dejar aquel recinto, los demás son trasladados a un hospital cercano; al diputado le extraen fragmentos de hueso y dientes que se encuentran alojados en la barbilla y la garganta y le vendan para sostener su mandíbula y que ésta deje de sangrar tan copiosamente. Poco después, él y los veintiún prisioneros se dirigen a las distintas celdas de la Conciergerie para aguardar la hora marcada. Aquel imponente edificio color marfil con almenas circulares los recibe, impasible.   Día 10 de Termidor Pasadas las seis de la tarde, tres carretas (o cuatro, según algunos recuentos) llegan hasta las puertas de la prisión para llevar consigo en un recorrido intencionalmente lento a los condenados.  Las ejecuciones son numerosas y el tiempo apremia, de modo que éstas proceden a realizarse sin protocolo, discursos o solemnidades de por medio. Una rápida sucesión de movimientos mecánicos y la hoja afilada que cae van terminando, una a una, con la vida de los aliados políticos del antiguo dirigente del Comité.  Augustine, incapaz de ponerse de pie o de caminar, es llevado a rastras hasta el cadalso para que cumpla con su destino fatal, lo mismo que Couthon. El líder jacobino es el penúltimo en la lista, por lo que tiene tiempo de observar todo aquello que sucede a su alrededor: desde la aglomeración de gente que ruge al unísono, el accionar de la máquina de madera y acero, con la cesta a sus pies, que trabaja sin parar así como la expresión de sus compañeros que se encaminan a la muerte.  Cuando llega su turno, con la cabeza baja y mirando al suelo, Maximilien avanza entre la furiosa muchedumbre que se encuentra presente para observar el macabro espectáculo. Algunos de los asistentes, que incluyen cocineros, amas de casa, niños, magistrados, almaceneros, artesanos, prostitutas, jornaleros, soldados, así como sacerdotes y carteros, es decir todos aquellos en cuyo nombre supuestamente se gestan las revoluciones, gritan: -¡Muerte al tirano! -¡Que muera, que muera! Otros festejan y lanzan ¡Vivas! a la República; una mujer rubia que aparenta tener treinta años o quizás un poco más, se abre paso entre la multitud y le grita: “Ve malhechor, desciende al infierno llevando las maldiciones de las esposas y madres de Francia”. Durante el trayecto, el líder jacobino avanza de a poco y levanta la vista sólo ocasionalmente. Lo que pasa por la cabeza de Maximilien durante aquellos instantes es un misterio que nunca podrá ser revelado.  ¿Piensa acaso en los argumentos que esgrime tiempo atrás para pedir la muerte del rey francés, a los que otros jacobinos como Marat y Danton se oponen? ¿Piensa en sus compañeros y amigos, como Saint-Just o Couthon, asesinados apenas hace unos instantes? ¿En su hermano? ¿En sus seguidores, en sus enemigos? ¿En El Pueblo, con mayúsculas, que ahora lo veja y maldice? El Incorruptible se encuentra frente a frente con La Doncella, siempre imparcial, que no rechaza a nadie; la misma que terminó con la vida de la archiduquesa austriaca y su esposo, el último monarca absoluto de Francia. Muertes que se ciernen sobre sus hombros, formando una pesada loza, como tantas otras. Los gritos que hacía no mucho Maximilien había utilizado a su favor para clamar por la cabeza de nobles y burgueses mientras los acusa de empobrecer a la gente y provocar hambrunas, ahora claman por la suya.   Pero existe un problema.  Los vendajes de lino, repletos de coágulos y sudor, impiden que su cabeza y cuello se acomoden adecuadamente en el cepo de la guillotina, por lo que el verdugo, de nombre Charles-Henri Sanson, los arranca con un fuerte tirón. Lo que sigue es virtualmente indescriptible.  La falta de soporte que proporcionan las vendas hace que la mandíbula del diputado jacobino se desprenda, sangre violentamente y un inmenso grito de dolor, fuerte y claro, emerge desde lo más profundo de su ser llenado con un silencio total los cuatro puntos de la Plaza de la Revolución.  La escena es escalofriante y como el conflicto en que se haya sumida la nación, parece no tener fin. ¿Cuánto se prolonga aquello, segundos, minutos, horas? Todo tiempo es relativo y ahora pareciera demasiado largo, casi eterno; sólo el golpe seco de la afilada cuchilla logra poner fin a aquel bestial aullido, cuyo eco continúa resonando mientras Sansón levanta la cabeza cercenada y la muestra a la muchedumbre.  Ni uno solo de los asistentes pudo evitar estremecerse aquel día y, si se les preguntara qué era aquello que sentían durante la ejecución (o quizás, durante todos y cada uno de los años que duró el Régimen) su respuesta no pudo ser otra más que una sola palabra: terror.  Lo que sobreviene, como suele pasar cuando el peligro y la tensión han cesado, serán días de festejos y aplausos que sólo aminorarán cuando el cuerpo de Maximilien François es depositado varios metros bajo tierra, en una fosa común en Errancis. " ["post_title"]=> string(9) "El Terror" ["post_excerpt"]=> string(190) "La nación se había resquebrajado durante los últimos años en la búsqueda de una utopía que, como ha sucedido innumerables veces en la historia, fue transformándose en una pesadilla. " ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(6) "closed" ["ping_status"]=> string(6) "closed" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(9) "el-terror" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2022-11-03 12:09:26" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2022-11-03 17:09:26" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=85306" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } } ["post_count"]=> int(2) ["current_post"]=> int(-1) ["in_the_loop"]=> bool(false) ["post"]=> object(WP_Post)#17867 (24) { ["ID"]=> int(85946) ["post_author"]=> string(2) "77" ["post_date"]=> string(19) "2022-11-22 08:59:06" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2022-11-22 13:59:06" ["post_content"]=> string(6898) "Bioética: Manifiesto por la Tierra es el libro que Arnoldo Kraus acaba de lanzar en estos días. Médico internista de formación, con especialidad en reumatología, ha despuntado como investigador, docente y escritor dentro del área de la Bioética. Cuenta con varios libros publicados, en los que aborda principalmente el tema de la muerte, sus facetas emocionales y los alcances políticos que cuestiones como el suicidio o la muerte asistida, llegan a alcanzar. En esta ocasión se lanzó a la tarea de coordinar una serie de ensayos escritos por integrantes del Seminario de Cultura Mexicana, como un tributo a Van Rensselaer Potter, quien en 1970 introdujo el término “bioética” en su obra: Bioética: Un puente hacia el futuro. Kraus es una garantía de rigor científico, siempre de la mano de una faceta humanista que lo hace único. Nadie mejor indicado para coordinar los esfuerzos de pensadores mexicanos actuales, que dan cuenta de la situación que se vive con la contaminación y el cambio climático, como potenciales generadores de la catástrofe mundial que viene, si no para nosotros, sí para nuestros descendientes.   Inicia el doctor José Sarukhán con una presentación de la obra. La primera vez que conocí a este eminente biólogo fue en el Faro de Veracruz, al despuntar el alba: en compañía de un colega suyo, emprendía labor de campo en la investigación de las tortugas marinas. Aún evoco la imagen de un individuo en pantaloncillo corto, camisa de algodón y un sombrero del mismo material, perfilado por los primeros rayos del sol. Inclinaba su cuerpo para levantar crías rezagadas; las estudiaba por un momento y las dejaba seguir su camino. De esas acciones silenciosas que pintan de cuerpo entero a un individuo al margen de las luminarias y los altoparlantes. Dice mucho del amor a esa “casa común” que se utiliza más como eslogan publicitario que como lo que es: un sitio de todos, en el cual cada uno, independientemente de su contexto, tiene los mismos derechos.  Él da cuenta de las palabras de Rolando Cordera que señalan “una ilusoria fe en que la tecnología y la mano invisible de los mercados resolverán todos los problemas”. El tan criticado Neoliberalismo conlleva dos fenómenos que en nada abonan al mejoramiento del planeta: Uno es el individualismo y otro el cinismo. Podemos atestiguar uno y otro en los sitios públicos, a través de incontables acciones humanas que perjudican al ambiente. Un ejemplo muy nuestro en México es la forma como taponamos con basura los cauces naturales que atraviesan la mancha urbana. Frente a portentosas lluvias dichos cauces se desbordan, y nosotros mismos, quienes provocamos el problema, atribuimos al gobierno la responsabilidad por lo ocurrido.  Algo similar, aunque tal vez menos dramático, sucede con los efectos nocivos en la salud provocados por la contaminación del aire o del agua. No me refiero a las descargas contaminantes de las grandes industrias, sino a lo que cada uno de nosotros, como individuos, provocamos día con día, cuya suma resulta en consecuencias catastróficas para el planeta. Aquí quiero llegar justo al punto que señalan los autores: el de  la responsabilidad moral que a cada uno de nosotros corresponde asumir  frente al entorno. Al que más oportunidades de preparación ha tenido, corresponde una mayor responsabilidad sobre los hechos y sobre las personas de su entorno, para hacer valer esa verdad: Detener la destrucción de nuestros ecosistemas depende de la acción conjunta de todos los seres humanos. No se trata de niños “nerds” protestando por las calles, como se ha querido tachar a Greta Thunberg. Es, por el contrario, una convicción interna que será la tabla de salvación de todas las especies vivientes. El propio Papa Francisco apela a este sentido de solidaridad.  No es posible que pretendamos dejar la responsabilidad del cuidado de la Tierra a grupos ambientalistas, cuando los contaminadores somos todos y cada uno de nosotros.  Él apunta acertadamente hacia una “enseñanza social” que permita cohesionarnos como especie en una labor común y generosa: apostar por la naturaleza, y, en consecuencia, por la vida. Kraus habla sobre una ética social y planetaria.  Utiliza el término “moral” en el sentido más amplio de la palabra, como un “deber ser” frente a las injusticias sociales que el cambio climático está provocando.  Algo que me cimbra, más allá de su obviedad, es lo expresado, páginas más delante, por Herminia Pasantes, bióloga de la UNAM, cuyos principales estudios  se encaminan hacia la neurofisiología, procurando desentrañar las bases neuroquímicas del comportamiento humano.  Asevera que, de entre todas las especies vivientes, los humanos somos la única especie con capacidad para entender y modificar el entorno.  Todo ello encaminado a la creación de políticas públicas sanas e incluyentes. Jacqueline Peschard, socióloga de formación, con maestría en Ciencia Política por la UNAM, hace señalamientos así de puntuales como valientes.  Habla de la democracia como el gobierno a través de la discusión, de manera que este  sistema sólo podrá sobrevivir siempre y cuando esté al alcance del ciudadano promedio (o “de a pie”, como me gusta llamarlo). Hace suyo el concepto de Herari de que los humanos pasamos de ser  asesinos ecológicos seriales para convertirnos en asesinos ecológicos en masa.  Viene a nuestra mente cualquier comparación entre los campos de exterminio nazi y los niños víctimas de las grandes hambrunas en países africanos y de Medio Oriente. Esas imágenes apocalípticas que circulan en redes para convencernos de donar a organizaciones internacionales que trabajan por salvarlos de la muerte.  Peschard  habla sobre “una relación ética y compasiva” entre personas y naturaleza, misma que sólo puede desarrollarse en un marco democrático en el que las políticas públicas deriven de un régimen  institucional, sustentado en leyes.  Lo que la autora coteja, dolorosamente, con nuestras frágiles democracias y los afanes ociosos de moralizar al pueblo mediante palabras impresas, huecas en su aplicación. Un libro que vale la pena leer con detenimiento, por la salvaguarda de nuestra casa común." ["post_title"]=> string(19) "Nuestra casa común" ["post_excerpt"]=> string(156) "Es urgente tomar conciencia de que el planeta es la casa de todos los seres vivientes. Como pensantes, los humanos somos los responsables de su salvaguarda." ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(6) "closed" ["ping_status"]=> string(6) "closed" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(18) "nuestra-casa-comun" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2022-11-22 08:59:37" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2022-11-22 13:59:37" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=85946" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } ["comment_count"]=> int(0) ["current_comment"]=> int(-1) ["found_posts"]=> int(20) ["max_num_pages"]=> float(10) ["max_num_comment_pages"]=> int(0) ["is_single"]=> bool(false) ["is_preview"]=> bool(false) ["is_page"]=> bool(false) ["is_archive"]=> bool(true) ["is_date"]=> bool(false) ["is_year"]=> bool(false) ["is_month"]=> bool(false) ["is_day"]=> bool(false) ["is_time"]=> bool(false) ["is_author"]=> bool(false) ["is_category"]=> bool(true) ["is_tag"]=> bool(false) ["is_tax"]=> bool(false) ["is_search"]=> bool(false) ["is_feed"]=> bool(false) ["is_comment_feed"]=> bool(false) ["is_trackback"]=> bool(false) ["is_home"]=> bool(false) ["is_privacy_policy"]=> bool(false) ["is_404"]=> bool(false) ["is_embed"]=> bool(false) ["is_paged"]=> bool(false) ["is_admin"]=> bool(false) ["is_attachment"]=> bool(false) ["is_singular"]=> bool(false) ["is_robots"]=> bool(false) ["is_favicon"]=> bool(false) ["is_posts_page"]=> bool(false) ["is_post_type_archive"]=> bool(false) ["query_vars_hash":"WP_Query":private]=> string(32) "cf5c78692ea06a346ece3e5a47c5fcf4" ["query_vars_changed":"WP_Query":private]=> bool(false) ["thumbnails_cached"]=> bool(false) ["allow_query_attachment_by_filename":protected]=> bool(false) ["stopwords":"WP_Query":private]=> NULL ["compat_fields":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(15) "query_vars_hash" [1]=> string(18) "query_vars_changed" } ["compat_methods":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(16) "init_query_flags" [1]=> string(15) "parse_tax_query" } }

Nuestra casa común

Es urgente tomar conciencia de que el planeta es la casa de todos los seres vivientes. Como pensantes, los humanos somos los...

noviembre 22, 2022

El Terror

La nación se había resquebrajado durante los últimos años en la búsqueda de una utopía que, como ha sucedido innumerables veces en...

noviembre 3, 2022




Más de categoría

Somos lo que leemos – “La mujer de tu prójimo”, un explosivo libro sobre la liberación sexual

Título: La mujer de tu prójimo. Autor: Gay Talese. Editorial: Debate. 538 páginas. Mi calificación: 4 de 5 estrellas.

noviembre 25, 2022

Capitanes y Banksy: actividades chilangas muy recomendables

El deporte conocido como ráfaga regresó a tierra chilangas este mes de noviembre con su poderoso equipo “Capitanes”, cuya...

noviembre 25, 2022
CARTAS A TORA 228

CARTAS A TORA 291

Querida Tora: Ahora hay un campeonato internacional de futbol (ese juego en que le pegan patadas a una pelota,...

noviembre 25, 2022

Brebaje olímpico

Historia de amor.

noviembre 23, 2022