Flor de dos desiertos

Es de tímida sonrisa y de inocente mirar… Es de tímida sonrisa y de inocente mirar; su pelo agita la brisa allá muy cerca del mar.   Y ni siquiera conozco cómo se llama esa flor; ignoro...

15 de agosto, 2018 flor-desiertos

Es de tímida sonrisa y de inocente mirar…

Es de tímida sonrisa

y de inocente mirar;

su pelo agita la brisa

allá muy cerca del mar.

 

Y ni siquiera conozco




cómo se llama esa flor;

ignoro si yo merezco

de cerca aspirar su olor.

 

Hueles a salvias del norte

y a vinoramas del sur;

yo quiero ser tu consorte

para gozar tu glamour.

 

Eres flor de dos desiertos

de suelo peninsular;

que se mece con los vientos

bajo un sol crepuscular.

 

En los cactus hay espinas

siempre junto de sus flores;

mis palabras fueron vanas

desoyendo mis clamores.

 

Buen amigo cantinero

que eres buen escuchador;

hoy me siento pordiosero

por indigno de su amor.

 

Sírveme una copa más

pero de algo muy distinto;

de Ensenada vino tinto

con  damiana de La Paz.

 

Me retiro de estos campos

en amor no tuve aciertos;

se acabaron los piropos

pa’ la flor de dos desiertos.

Comentarios
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Es por ello que el día de hoy en esta columna, haremos honor al Dr. Gianluigi Colalucci, el restaurador más importante del siglo XX, quien el martes 29 de marzo falleció a los 92 años. Mucha gente se puede preguntar cómo se han mantenido centenares de obras del trecento, quattrocento y cinquecento italiano en los Museos Vaticanos. La gran labor no fue del artista, si no, pongamos de ejemplo al fresco de Leonardo da Vinci, ubicado en la Catedral de Santa Maria delle Grazie, en Milán, mundialmente conocido por se la representación más famosa de la escena bíblica de la Última Cena, donde gran parte de los pigmentos y detalles de la obra han desaparecido por tanto una mala técnica usada por el florentino y por la mala calidad de la conservación y restauración de la obra a lo largo de los siglos.  Por otro lado, en el costado derecho de la Basílica de San Pedro, se encuentra la obra pictórica más grande del mundo (abarcando más de 1,100 m2), y cuya restauración, que terminó en 1994, además de ser altamente controversial, les dio una luz nueva a los frescos diseñados por el artista (que para mi es el más grande de todos los tiempos) Michelangelo Buonarroti. Estos frescos, se pensaba, eran opacos, dramáticos, basados en la técnica popularizada en el manierismo “chiaroscuro” y con pocos matices lumínicos, pero cuando el Dr. Colalucci fue nombrado por el Papa Juan Pablo II en 1980 para realizar la restauración más dramática de dicho siglo, se encontraron escenas bíblicas llenas de colores, nítidas, brillantes y absolutamente majestuosas debajo de capas de suciedad y restauraciones pasadas que no beneficiaron a la obra. Un ejemplo clásico para observar el dramatismo de este contraste es la Gioconda del Louvre (oscura, con un tono ocre, sucia) y la del Prado, esta última estando bien conservada y restaurada por el museo español (llena de colores, justo como la vio da Vinci). El Dr. Colalucci puede ser un desconocido por varios lectores de esta pequeña columna hasta el día de hoy, pero en el mundo del arte es un punto de inflexión sobre la forma de restaurar obras tan complicadas (porque recordemos que un fresco es una técnica difícil de hacer, basada en huevo y pigmentos orgánicos, y la ubicación del de Miguel Ángel no es para nada fácil de acceder por su elevación a más de 13.4 metros del espectador), y tan importantes por su valor religioso, artístico y cultural (¡quién no conoce el detalle de la mano de Adán aproximándose a la mano de Dios!), y por ello se merece el más alto respeto del mundo entero. Además, caben mencionar en esta columna varias maravillas que se encuentran en la Sistina, como las decenas de símil a la anatomía humana ubicadas a lo largo del fresco, como la forma de cerebro que se encuentra en la escena de la creación, donde Dios, su manto rojo y sus ángeles forman una silueta casi perfecta de un encéfalo humano, o el parecido exacto de la sibila libia a la de la primera vértebra cervical (llamada “Atlas). 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  1. Colalucci G. Michelangelo Buonarroti: Restoration of the Frescoes on the Vaulted Ceiling and the Last Judgment in the Sistine Chapel. Conservation Science in Cultural Heritage 2016;16(1):89-108.
  2. Colalucci G. On the Science of Art Restoration. World Futures 1994;40(1-3):133-134.
  3. Colalucci G, Plasencia A. Touching the Soul of Michelangelo. MIT Press Scolarship Online 2017; May(1).
  4. Grassi E, Palumnbo P. Seen/Unseen: Michelangelo master of camouflage and deception. Progress in Neuroscience 2013;1(1-4):117-123.
  5. Verlicchi A. Hidden anatomy in the Sistine Chapel ceiling: an overview. Progress in Neuroscience 2013;1(1-4):124-127.
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