Tomás Borges recomienda: “Confesiones”

Autor: Lev Tolstoi Editorial: Acantilado "Las palabras de Tolstoi acuden a mi mente una y otra vez. En su momento fue esta obra la que realmente me mantuvo con vida"...

24 de octubre, 2014

Autor: Lev Tolstoi

Editorial: Acantilado

"Las palabras de Tolstoi acuden a mi mente una y otra vez. En su momento fue esta obra la que realmente me mantuvo con vida"

Ludwig Wittgenstein

“Mi vida es una broma estúpida y cruel que alguien me ha gastado” dice el autor de ANA KARENINA, LA GUERRA Y LA PAZ entre otras en sus CONFESIONES, que es sin duda el libro más íntimo de este genio de las letras.

Este libro escrito no para su publicación, sino para desahogo de su alma, nos muestra como el pensamiento de Lev Tolstoi (1828-1910) fue transformándose en las diversas etapas de su vida, al grado que en el cenit de su vida fue considerado por sus seguidores como un “Santo”, al dejar de lado su título de Conde y vestir ropas de campesino y convivir con ellos.

En él, Lev Tolstoi nos narra sin tapujos como fue bautizado en la religión cristiana ortodoxa y como a lo largo de su vida le dio la espalda a las creencias de sus padres, al decir “que la fe no participa en la vida, no regula en algún modo nuestra relación con los demás”, agregando, “El reconocimiento público y la profesión de la ortodoxia se encuentran en gran medida, entre las personas estúpidas, crueles e inmorales, que se consideran muy importantes. La inteligencia, la franqueza, la honradez, la bondad y la moralidad se suelen hallar, por el contrario, entre los hombres que se reconocen no creyentes”.

Tolstoi narra como cuando buscaba vivir de acuerdo a la moralidad, sólo recibía burlas y desprecio y que cuando actuaba libertinamente y amoralmente, lograba la aprobación de la mayoría de los hombres, quienes respetan la lascivia y la venganza.

De una manera más que sincera, el autor ruso nos dice que en un inicio no escribió por vocación, sino por “vanidad, codicia y orgullo”, agregando que “para obtener la gloria, era preciso disimular el bien y exhibir el mal”.

Lev Tolstoi confiesa como desperdició gran parte de su existencia, esperando algo de la vida, vagando entre mares de libros y conocimientos, donde el autor buscaba el sentido de la vida, ya que la fama y el dinero no le daban esa paz a su alma, sintiendo que su vida se consumía, sin saber el porqué de su existencia.

¿Acaso había nacido sólo para nacer, crecer, reproducirse y morir? ¡Por supuesto que no! “No nos acercamos a la verdad sino a medida que nos alejamos de la vida” dice Sócrates, o Vanidad de vanidades,  como dijo el rey Salomón. Con esas frases, nuestro autor buscaba como la mayoría de nosotros, encontrar respuesta a las preguntas que desde Buda a Schopenhauer circundan en la menta humana.

“En la mucha sabiduría hay mucho sufrimiento; y quien añade ciencia, añade dolor” reflexionaba Tolstoi, quien cavilaba; “Como sucederá al necio me sucederá a mí. ¿Para qué, pues, me he esforzado hasta ahora para hacerme sabio? (…). Porque ni del sabio ni del necio habrá memoria para siempre; pues en los días venideros todo será olvidado, y lo mismo morirá el sabio que el necio”.

A pesar de toda la melancolía y pesimismo narrada en el texto, el autor encuentra una luz, al decir que cuando hay un halito de vida, hay esperanza, porque preferible ser un “perro vivo que un león muerto”.

Para evitar todos los dolores existenciales, el ser humano ha encontrado según Tolstoi, las siguientes salidas:

Ignorancia que consiste en no preguntar y no indagar nada sobre la vida.
Epicureísmo, que radica en vivir la vida al máximo sin importar el que dirán ni el mañana.
Fuerza que se toma al tener conciencia de la mortalidad y de la brevedad de la vida, para querer cortarla cuando nos plazca por medio del suicidio.
Debilidad, que reside en ser arrastrado por la vida como una veleta que se la lleva el viento, sabiendo que la muerte es mejor que vivir y esperar sólo su llegada.

Pese a vivir una vida efímera, Tolstoi descubre que la fe es la que hace que el hombre viva plenamente en este plano existencial, ya que sí un hombre vive, es porque cree en algo.

Como religioso, encontró la respuesta a todas las incógnitas de la vida en Dios, al considerar que “la orilla era Dios, la dirección era la tradición, los remos eran la libertad dada para remar hacia la orilla y reunirme con Dios. Así, la fuerza de la vida se restauró en mí, y de nuevo empecé a vivir”.

Un libro que además de íntimo, es conmovedor y ya sea uno creyente o no, el simple hecho de ver como una de las mentes más brillantes de la historia de la literatura, fue además de un genio, un hombre de carne y hueso, que  en sus páginas desnudó su alma y logró la inmortalidad al no dejarse llevar por la ignorancia y la decidía.

Un libro que brindará al lector algunas de las respuestas que todo ser humano busca en su vida y que no sabe dónde comenzar a indagar.

Lectura obligada para este fin de semana.

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