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Sobre el desapego en la actualidad

La Real Academia Española le da a la palabra “desapego” el significado de “falta de atención o interés, alejamiento, desvío”. Desapegarse: “apartarse, desprenderse del afecto… La Real Academia Española le da a la palabra “desapego” el significado...

26 de noviembre, 2015
redessocialesteclado635

La Real Academia Española le da a la palabra “desapego” el significado de “falta de atención o interés, alejamiento, desvío”. Desapegarse: “apartarse, desprenderse del afecto…

La Real Academia Española le da a la palabra “desapego” el significado de “falta de atención o interés, alejamiento, desvío”. Desapegarse: “apartarse, desprenderse del afecto o afición a alguien o algo”.

Si hay alguna palabra que está haciéndose tangible en la actualidad, por el sentido que está proyectándose diariamente en nosotros, es la del “desapego”.

La pregunta que surge a partir de ello es, desapegarse sí, ¿pero de quién? Apartarse sí, ¿pero por qué razón? ¿Por qué es una palabra que se ha adherido a la actualidad? Las respuestas están en nuestro reflejo. Jean-Paul Sartre dijo que “el infierno es la gente”. 

Gente “pluralidad de personas”, el conjunto de seres humanos que constantemente buscan formas de dañarse: no encuentran una mejor manera de sentir estando vivos sino con el dolor.

Con la expansión de las redes sociales el daño se vuelve inasible, se vuelve psicológico, es una especie de atmósfera tóxica que, al no verla ni palparla, parece que no existiera o que no puede lastimarnos.

Sin embargo, está ocurriendo, uno de los ejemplos más claros del golpeteo mental que constantemente nos infligen estas nuevas plataformas es lo que ocurre con Facebook. Me refiero al aspecto de las apariencias.

Las fotografías, los estados y publicaciones regularmente son positivas: una pareja dándose un beso como foto de perfil; otra, en la que se puede ver a una persona, en distintos momentos y lugares, con una alegría que supera a la media; otra, en el jugueteo con sus mascotas.

Al ver este tipo de fotografías o mensajes de superación personal o simplemente comentarios donde nos restriegan en la cara su vida perfecta, hace que aquéllos que las vemos pensemos en la ausencia de todos esos elementos en nuestra vida; es decir, nos hacen creer que la infelicidad es real pero sólo en nosotros.

Espejismo que aparta, desapega, nos aleja del mundo: los “felices” no pueden contaminarse de los que no lo son. El mundo tiende a apartar lo que no le sirve, y en un mundo feliz, desprende a los que no lo son (y duele porque los seres humanos siempre queremos ser parte de algo).

Pero, ¿cuántos hemos conocido el detrás de esa fotografía feliz publicada en Facebook? ¿Cuánta violencia y carga de realidad hay un instante antes y después de los que se besan amorosamente?

Otro aspecto que logra evidenciar el desapego son los “amigos” en esta misma red social, ésos que están ahí quietos, esperando una palabra que llega a veces, pero que no consigue hilvanarse con muchas más.

Siempre están ahí, no hace falta lograr una conversación, porque si los tienes presente en cualquier momento no hace falta ni hablarles.

Se anula la capacidad de extrañar, de querer hablar con alguien, de saber qué le ha pasado, de ponerse al día, y es que no hace falta, están ahí, basta con escribirles en cualquier momento y hora, pero después, siempre luego.

A la conversación, Octavio Paz, la llamó arte. Sócrates estaba en desacuerdo con leer libros, precisamente porque creía se perdería el contacto entre personas; es decir, el diálogo.

Con Facebook o WhatsApp, éste diálogo se interrumpe. El interés por la conversación se divide en la cantidad de contactos que tengas: las personas dejan de tomarle atención a las otras, porque no pueden parar de voltear a ver al otro y al otro que no termina por ser uno.

Con las redes sociales, dejamos de lado el contacto humano, mismo que genera el interés, el apego y el afecto.

No es de extrañar que mucha gente vaya pegada a sus teléfonos inteligentes casi todo el tiempo.

Ya poco interesa conversar, se va perdiendo la empatía por los vivos, y nos estamos dejando arrastrar por aquello que no vemos, pero que gusta, porque amplía nuestro círculo de interacción; es decir, nos hace ser parte de mucho, de colectivos.

Las redes sociales nos hacen creer que no estamos solos, que podemos ser importantes.

Y una vez estamos inmersos en ello, es más difícil levantar la cara y ver de cuántas personas y cosas nos hemos desapegado, y es preferible no hacerlo, de otra manera sería terrible.

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