Si la vida te da limones…

Si usted está convencido de que “el dar engendra el recibir, y el recibir engendra el dar,” por favor no sea gacho y dele un… Si usted está convencido de que “el dar engendra el recibir, y...

10 de diciembre, 2015
RHT

Si usted está convencido de que “el dar engendra el recibir, y el recibir engendra el dar,” por favor no sea gacho y dele un…

Si usted está convencido de que “el dar engendra el recibir, y el recibir engendra el dar,” por favor no sea gacho y dele un click a este texto. Le juro que algo se le engendrará.

Hace unos días, a principios de diciembre de 2015, circularon profusamente los resultados de una investigación que afirmaba que las personas que publican frases inspiradoras son menos inteligentes. Unos cuantos titulares matizaron con un “pueden ser” o con la contorsión sintáctica de “serían” como en El Universal. Los más se fueron de lleno como la página de sopitas.com, considerada como Le Monde entre los asistentes al Vive Latino, quien de plano dijo que “Así que ya saben, si la ciencia lo dice debe ser verdad.” En The Guardian, el prestigioso diario británico, Rosie Ifould sazonó sus comentarios afirmando que si Marilyn Monroe hubiera dicho todas las frases que se le atribuyen en Facebook no hubiera tenido tiempo, olvídese usted de filmar, si no de escaparse a hurtadillas con conocido presidente norteamericano.

Lo raro es que el artículo científico que todos citaron se llama en castellano algo así como Acerca de la recepción y detección de pendejadas pseudo profundas. De hecho, y me perdonará el lenguaje técnico, hispanista lectora, lector,  pero la palabra pendejada aparece cinco veces tan solo en el resumen (¡Santo Dios!). El texto tiene como autor principal a Gordon Pennycook de la Universidad de Waterloo en Canadá. Al inicio citan el, sin duda interesante pero desigual, Por qué creemos en cosas raras, de Michael Shermer, un libro de divulgación sobre cómo el público gringo puede tragarse cualquier cosa extraña que le cuenten. Como parte del protocolo experimental usaron a los estudiantes de licenciatura, que es lo que uno siempre desea hacer en finales de semestre. Y ya luego buscaron las correlaciones entre los perfiles de las personas y el tipo de frases que consideraban profundas. Para saber qué rayos significa que una frase sea profunda revisaron el diccionario Oxford que es como el de la Real Academia pero en el mundo anglófono. Y usaron frases reales de Deeprak Chopra tipo “las personas mojadas no le temen a la lluvia.”

Suena más a una novatada de las que se hacían en la Facultad de Ciencias de la UNAM en los 90 cuando les encargábamos a los chicos de nuevo ingreso que leyeran artículos escritos por Fred Flintstone acerca de las costas paraguayas.

Y no está muy lejos de serlo. Gordon Pennycook es un estudiante de doctorado en psicología y otro de los coautores al parecer es su asesor, Derek. Koehler, quien a su vez es miembro del comité editorial de la revista que publicó el artículo, Judgment and Decision Making. 




Cuando leemos alguna afirmación científica inmediatamente tendemos a darla como válida debido al prestigio social de la ciencia. A partir de la Revolución Francesa el Estado y la Iglesia comienzan un proceso de separación por lo que los nuevos poderes buscaron un validador social que no fuera la institución eclesial que combatieron. Y la flamante nueva actividad científica compartía muchos de sus valores. El resto es historia. Así llegamos a los champús con ADN vegetal y las fajas reductivas científicamente comprobadas.

Peter Medawar escribió un breve texto llamado ¿Son un fraude los artículos científicos? no porque pensara que realmente son fraudulentos, sino porque la estructura que guardan está lejos de mostrar el verdadero proceso creativo de la ciencia y además cualquiera puede copiarlo confundiendo a todo mundo. A veces con dolo como en el caso de pseudocientíficos y a veces con ciencia chafa o basura como la llama Robert L. Park.  Elija usted dónde coloca el caso que nos ocupa.

Parte del prestigio de los artículos científicos se debe a que quienes lo revisan antes de publicarlo no saben quién lo escribió y el autor tampoco quién lo revisó.

Y las revistas de calidad  suelen ser exigentes. Hay mucho dinero de por medio. De acuerdo con The cost of journals de la Universidad de Illinois, de 2009, los costos de suscripción a revistas científicas en los Estados Unidos crecieron en 273% entre 1986 y 2004.

Por eso las revistas hacen un ranking dividiendo el número de citas bibliográficas de los artículos entre el número total de artículos publicados durante los dos años previos. Así es como sabemos que la revista Judgment and Decision Making tiene un espantoso 1.35 frente al 37.3 de Cancer Journal for Clinicians. Antes de que se ría, erudito lector, le cuento que la revista mexicana mejor situada es Revista Mexicana de Astronomía y Astrofísica con 1.29 que no se ve tan mal si la compara, por ejemplo, con Problemas del desarrollo y su 0.129. Así es que si usted se siente apesadumbrado, académico seguidor de Ruíz Healy Times, por trabajar para Gaceta Médica de México y su  0.143 piense que podría ser peor; podría usted ser el editor de Acta Dermatovenerologica Croatica que tiene 0.581. Y por favor, nunca olvide lo que dijo Benito Juárez, “la vida es generosa con aquellos que persiguen sus sueños.”

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