Resulta interesante comparar los tiempos de antes con los de ahora. Cuando yo era niña, en la década de los ochenta, ocurrieron hechos trascendentales que fueron transformando la historia: cambios…
Resulta interesante comparar los tiempos de antes con los de ahora.
Cuando yo era niña, en la década de los ochenta, ocurrieron hechos trascendentales que fueron transformando la historia: cambios sociales, geopolíticos, ideológicos y qué decir de los avances tecnológicos que nos han simplificado la vida. Sin embargo, más de uno me daría la razón al referirme a que el mundo, a pesar de tantos avances, no es mejor. Muestra de ello, lo podemos observar en cualquier parte. Por mencionar algo: hoy en día, cada vez más productos y servicios en este sistema económico globalizado carecen de calidad, sobre todo los productos de consumo.
Recuerdo que hace años, si decidía viajar por aire en clase turista, podía disfrutar de un desayuno decente, hoy en día, solo una galleta si tengo suerte; si adquiero una prenda de vestir, ya no le confeccionan bolsillos, ¡se ahorran la tela!; el tamaño de la mayoría de los productos es mucho más pequeño, más “chafa” y lo que es peor, en muchos de los casos de menor durabilidad y de mayor costo.
La apabullante diversidad de competidores en el mercado, hace que todos ganen, menos el consumidor, -¿se deberá a la famosa productividad que tanto ejercen las empresas o a la cada vez más cínica codicia humana?- lo cierto es que la ética brilla por su ausencia; pero, lejos de solo tratarse de asuntos comerciales, podemos encontrar carencia de calidad y prudencia en el actuar humano, en prácticamente cualquier parte, sin dejar de lado, el terrible e irreversible daño al medio ambiente, así como, en el fallido sistema educativo que trae tan rezagado a medio planeta.
La falta de credibilidad en las instituciones por parte de los ciudadanos, emerge precisamente de un irresponsable y hasta cínico comportamiento de los hombres y mujeres que conforman la llamada clase política gobernante, empresarios y diferentes entes sociales, que ceden ante la incesante corrupción, que como cualquier producto o servicio, se rige por una oferta y una demanda.
La humanidad cada vez desea tener más, por menos, se siente todopoderosa, capaz de moldear su entorno a capricho, aunque ello implique perjudicar a sus semejantes. Recientemente leía una nota de una agencia de noticias rusa en lengua española, acerca de una investigación que demuestra que el ser humano se vuelve más inteligente mientras evoluciona. No obstante, eso pierde todo significado, toda vez, que la raza humana no entienda que lo que necesita es un incremento en la toma empática de conciencia de su entorno, cuya falta, nos vislumbra un brutal fin autodestructivo.
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Fuente: http://actualidad.rt.com/ciencias/167967-efecto-flynn-personas-inteligencia-ment
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