Ni Trump ni Peña Nieto

Esta semana se realizaron las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Esta semana se realizaron las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Las bolsas de valores reflejaron únicamente lo que reflejan siempre: Que son un centro de especulación que...

11 de noviembre, 2016
RHT
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Esta semana se realizaron las elecciones presidenciales en Estados Unidos.

Esta semana se realizaron las elecciones presidenciales en Estados Unidos.

Las bolsas de valores reflejaron únicamente lo que reflejan siempre: Que son un centro de especulación que manipula y explota temores, incertidumbres, conflictos y toda clase de “imprevistos” para lucrar con la credulidad humana.

Nada justifica (en estricta lógica), que una empresa como Porsche, por ejemplo, con activos multimillonarios; con patentes, mano de obra calificadísima, administradores de excelencia, ingenieros, diseñadores y todo un capital humano de valor intrínseco, pueda desplomarse o dispararse en las bolas de valores en cuestión de segundos, gracias a los prestidigitadores bursátiles de Nueva York o de Tokio.

El peso mexicano resintió la victoria de Trump y el billete de 20 “varos” volvió a ser la unidad monetaria equivalente al dólar gringo.

La volatilidad de los mercados, alentada por quienes se benefician de mover los hilos, junto con la vulnerabilidad de quienes le siguen el juego a la quimera especulativa, ha permeado las conversaciones de millones de personas en todo el mundo.




En México, (tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos) muchos se preguntaban angustiados:

¿Cómo nos irá a ir si gana Hilary?; ¿Qué le pasará a México si gana Trump?

Si consideramos que el presidente de Estados Unidos no es ni mucho menos “el hombre más poderoso del mundo”; que no es un rey absoluto, y que no se manda solo sino que lo mandan, como se decía antiguamente: “da lo mismo Chana que Juana”.

Los que mandan en Estados Unidos han diseñado una “democracia” histriónica y circense que cíclicamente produce elecciones amarradas (RIGGED) de tal modo, que el “YES WE CAN” de Obama se quedó en una frase hueca, como los grandes discursos de John Kennedy, segados durante su paseo por Dallas.

¿Quiero decir con esto que hagamos lo que hagamos, estamos condenados sin remedio a vivir doblegados?

¡De ninguna manera!

Creo que lo primero que tenemos que hacer, es DESPERTAR.

Si Enrique Peña Nieto fuera una enciclopedia andante; si fuera un patriota apasionado; si además fuera poliglota y autor de libros laureados hasta con el Nobel de Literatura, él, por sí solo, no resolvería los problemas de México, que son en realidad, los problemas de todos y cada uno de los mexicanos.

Lo que sucede, es que es mucho más fácil obedecer que mandar; echarle la culpa al clima, al PRI, al crimen organizado o a cualquier otra causa, que asumir cada quien lo que nos toca hacer.

Es mucho más cómodo vivir dormidos como lo reflejaba aquella imagen del mexicanito tomando su siesta, recargado en un cactus, bajo su gran sombrero de palma; indiferente a México y a sí mismo.

Yo creo que México no depende de quien sea elegido presidente en Estados Unidos. Los mexicanos dependemos de nuestras propias decisiones.

Los terremotos de la ciudad de México en 1985, nos demostraron que mientras Miguel de la Madrid estaba petrificado tras los muros de su residencia presidencial, los mexicanos pudimos enfrentar el desastre y rescatarnos de entre los escombros, pero sobre todo, rescatarnos de la creencia errónea de que esa tarea le correspondía al presidente tal o cual.

En aquella ocasión demostramos de lo que somos capaces uno por uno y juntos; pero la lección se olvidó.

¿Cuándo se ira a terminar todo lo que nos pesa a los mexicanos?

La respuesta es hasta sencilla:

Se terminara el horror en que vivimos, el día que nosotros mismos lo decidamos.

La patria que soñamos se nos ha escapado por creer que reposa sobre el escritorio de los funcionarios; cuando lo cierto es que palpita en el pupitre de las primarias; en las plataformas de los talleres; en los mostradores de las farmacias; en las mesas de las fondas; en los restiradores de los arquitectos y los ingenieros; y sí; tambien en las iglesias y en los hogares donde nos encomendemos, siempre que apliquemos el refrán de “a Dios rogando y con el mazo dando”.

Sexenio tras sexenio se nos ha querido hacer creer que México depende de las tasas inflacionarias, y de la paridad monetaria; que la función de cada presidente de la república, es la de un gerente regional de Wal Mart o de Mac Donalds al que solamente le toca administrar.

Nuestras vidas; nuestro destino y el de nuestros hijos, no depende de quien ocupe la Casa Blanca, el Kremlin o el Eliseo en Paris;  no depende de las botas de Fox, ni del “chupacabras” de Salinas de Gortari; no depende de si Colosio hubiera sido un mago cuyos prodigios se tornaron imposibles por su muerte; el hambre y la sed de justicia podemos saciarla y paliarla nosotros mismos.

Curiosamente, Hilary Clinton dijo algo en su discurso de “ni modo”, que merece la pena destacar:

“La democracia no se reduce a participar en las campañas electorales cada dos y cuatro años; la democracia es cuestión de participar todos los días en la construcción de lo que queremos que sea”.

Es mucho más cómodo obedecer que mandar; es mucho más fácil dejar en manos de otros nuestro destino, para no tener que responder por nuestros actos.

¡Si lo permitimos, por supuesto que no solamente terminaremos pagando el muro de Trump, sino que hasta le aportaremos la mano de obra y además, barata!

La historia de México se escribe en cada casa; en cada hogar mexicano; a menos que deleguemos en otros su redacción.

La historia que tenemos pendiente de escribir, no depende de Trump ni de Peña Nieto, depende de nosotros.

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