México y la agenda bilateral; Hillary primero, Trump después

Los principales problemas del sistema de inmigración estadounidense no son un secreto para nadie: el flujo y situación de los indocumentados, los costos de la… Los principales problemas del sistema de inmigración estadounidense no son un secreto...

15 de marzo, 2016
RHT
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Los principales problemas del sistema de inmigración estadounidense no son un secreto para nadie: el flujo y situación de los indocumentados, los costos de la…

Los principales problemas del sistema de inmigración estadounidense no son un secreto para nadie: el flujo y situación de los indocumentados, los costos de la seguridad fronteriza y la demanda a la alza de trabajadores calificados para las empresas, sobre todo del ámbito tecnológico. La Acción Ejecutiva de Barack Obama, que pugnaba por la regularización de dos millones de connacionales (eso sí, selectiva, ya que sólo se enfoca en los migrantes calificados sujetos a la visa H-1B) si bien sienta un precedente político importante y pone en la mesa de debate la reforma migratoria, es en realidad un recurso tardío, cortoplacista y para peor, infructuoso dada la postura tanto del partido republicano como de la opinión pública norteamericana en general.

Conforme transcurre el tiempo y las primarias avanzan, destaca la importancia de nuestro país de asumir un claro posicionamiento con respecto a la política migratoria de Estados Unidos y analizar las perspectivas de la agenda multilateral a futuro, eso sí, ambos rubros adecuadamente distanciados de la abierta confrontación. Referente a lo anterior noto con reserva que múltiples voces, desde académicos y articulistas hasta ex presidentes han conseguido engancharse, o aún peor, vociferado a los cuatro vientos en contra de las opiniones y puntualizaciones provenientes del aspirante a la presidencia por el bando republicano Donald Trump, conforme éste ha ido posicionándose en la preferencia electoral, demandando una respuesta por parte de las instituciones gubernamentales. En el mismo sentido, casi en su totalidad los medios nacionales se han sumado a la tendencia de inferir el peligro que representaría para México el precandidato puntero por el GOP en caso de acceder a la oficina oval.

Buscar un pronunciamiento oficial me ha parecido desde el primer momento algo natural sin duda aunque innecesario, asunto que desde mi punto de vista obedece más a una reacción visceral que a la actuación sensata de un Estado nación con respecto a un detractor civil, por más precandidato que sea. No es una relación entre iguales. Hacerlo sería caer en el juego de ataques constantes y contestaciones inmediatas, un gratis dictum digamos. Lo otro lo encuentro igualmente desconcertante. No tengo intención de reproducir aquí los múltiples pronunciamientos realizados ni sumarme a la tendencia "quedabien" de asegurar que no todos los mexicanos somos delincuentes y violadores; hay quienes sí y quienes no y como toda generalización, resulta una aproximación simplista de un asunto mucho más complejo, por lo cual me limito a acotar la lectura sobre algunos puntos que me parecen menos superficiales.

A pesar de lo incendiario de sus recursos retóricos repletos de muros y migrantes, de remesas y delincuentes, muchos parecen olvidar que Trump se subió a la carrera preelectoral sin otro sustento que una sólida presencia mediática y que además es, antes que nada, un empresario proclive al diálogo y a la negociación, su vida y trayectoria se encuentran basadas en ello. La campaña emprendida por el oriundo de Queens (tras la fallida del 2011) ha buscado con éxito atraer al electorado indeciso de la derecha (no necesariamente el republicano, ya que sólo 34% de éste ha votado por él hasta ahora) al carecer del apoyo fundamental de sus bases, factor que bien vale la pena destacar. Sus intervenciones y mensajes (plagados de mentiras, abultamiento de cifras, frases gastadas) remiten con inmediatez al populismo y a la demagogia más elemental, pero ¿es entonces la incógnita mucho más relevante que la certeza?

Yo creo que no; aún y cuando buena parte de su discurso se encuentra sustentado en una notoria denostación del sector migrante (latinoamericano, mexicano, musulmán) Trump no es ni ha sido nunca un individuo comprometido con los sectores más extremos del conservadurismo americano ni dado a las afrentas en materia racial. Por el contrario, pertenece a una élite cuyos negocios y empresas se han beneficiado del sector más liberal: el rubro inmobiliario y los bienes raíces, la exposición televisiva, los concursos de belleza, entre otros, todo ello dirigido desde una de las ciudades multiculturales por excelencia, Nueva York.




Su fraseo es lo que parece atraer a muchos e incomodar a muchos más, por incisivo, extremista, ambiguo y disparatado; a mí no me da la impresión de ser más que uno hábil. Existe  detrás de éste un fin útil, repleto de pragmatismo. Difícilmente podría haberse acercado siquiera a sus votantes naturales en búsqueda de la nominación republicana, enormemente polarizados y poco informados, desde una postura prudente o mesurada y menos aún ofrecer batalla a sus contrincantes más radicales (Cruz y Rubio). De manera bastante comprensible, ha dirigido sus esfuerzos en materia de oratoria al sector más agotado, excluido, insatisfecho, frustrado y xenófobo de la nación americana. Dado lo anterior, ¿posee su discurso tintes fascistoides como oportunamente han remarcado múltiples medios? Sin duda alguna. Pero no es el más duro. El mismo Trump, apenas el pasado 09 de marzo, calificó su política migratoria como “flexible” (ver lo que reproduce The Daily Caller en este sentido).

En lo personal considero que existe más demagogia en él que un plan de acción real acorde con lo que dicta su plataforma (cuyas propuestas en este rubro se enfocan prioritariamente en la decimocuarta enmienda y, ojo aquí, ninguna difiere esencialmente de las posiciones de sus dos contrincantes republicanos) aunque como pasa con todo demagogo, resulta preocupante pensar en él y en sus alcances a futuro. Por otro lado Latinoamérica, menos avanzada y con una población notoriamente segmentada, nos tiene mucho más habituados a personajes y discursos similares, esto es dados a la exposición y a la sinrazón, a los diagnósticos errados y a las soluciones simplistas. Tampoco hay que olvidar que los mismos terminan finalmente por ajustarse y mimetizarse tanto al ejercicio y sistema como a las prácticas de otros tantos del mismo ámbito. Para el electorado estadounidense por el contrario, resulta una bocanada de aire fresco dados los pocos avances en materia económica y la enorme marginación y el subempleo provenientes de la crisis del 2008. En resumen, podría decir que para mí Trump resulta más inquietante que aterrador.

No pienso lo mismo de Ted Cruz y de Marco Rubio.

Ambos han sido empoderados por los sectores menos progresistas de la unión americana: tea-parties, grupos ultra religiosos, anti-LGTB, etc. Ambos son hijos de inmigrantes cubanos (Cruz nacido en Québec, Canadá) que cumplen a cabalidad con el viejo refrán: "Para que la cuña apriete..". Marco Rubio, el senador por Florida es conocido por ser un político de cepa, pragmático y dispuesto a todo; ha hecho a lo largo de su trayectoria especial énfasis en su postura opuesta al matrimonio entre personas del mismo sexo, es anti aborto, aún y cuando peligre la vida de la madre y proclive a las regulaciones anti-inmigración. Cruz, el único que parece hoy por hoy capacitado para dar batalla al empresario neoyorkino, es mucho más radical. Su plataforma enuncia que desea abolir el IRS (por corrupto y politizado), triplicar el número de agentes que componen la patrulla fronteriza (Border Patrol) y apoyar a éstos con vigilancia aérea, crear un muro fronterizo "que en realidad sirva", restablecer la interpretación literal de la constitución y el imperio de la ley (Rule Of Law), sujetar (desaparecer) a Medio Oriente a través de un sistemático carpet bombing (bombardeo de área) donde importa más la cantidad que la precisión, así como retomar un vigoroso control del ejército como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Norteamericanas. Y por supuesto, considera también la decisión de permitir el matrimonio entre individuos del mismo sexo tomada por la Suprema Corte como "ilegítima". Para peor, la cúpula republicana ha llamado a los votantes a desentenderse de Donald y centrarse en Cruz (a cuya campaña acaba de sumarse Carly Fiorina) y en Rubio, que parece estar virtualmente "out".

Con base en lo anterior y aún pendientes del avance del proceso electoral, creo firmemente que una labor intensa por parte del Estado Mexicano y en particular de la Secretaría de Relaciones Exteriores resulta prioritaria. Independientemente de quien resulte nominado primero y electo después como sucesor de Obama, nuestro país debe comprender que en su relación multilateral, habrá de lidiar con una nación americana enormemente segmentada y polarizada; aún hoy sigo considerando que los otros dos precandidatos del bando republicano asumirían una postura mucho más reacia al diálogo en lo general, sobre todo en el tema del flujo y situación de los migrantes en EUA. Con ninguno, puedo asegurar desde ahora, resultaría una tarea sencilla. El fenómeno migratorio no es un tema que atañe únicamente a México y a la unión americana; el asunto obedece más bien al ámbito regional y por ello, nuestro país debe asumir desde ahora una posición mucho más activa, menos distante con respecto a los procesos que siguen su curso en Estados Unidos e igualmente interesada en fortalecerse desde el interior. México no es sólo un país expulsor y receptor de migrantes, también es una nación de tránsito, dado el bono demográfico proveniente de Centroamérica.

Resulta preponderante que nuestra nación comience a actuar ante los posibles escenarios postelectorales. De acuerdo a múltiples proyecciones realizadas, en los siguientes años llegará a nuestro país una cantidad importante de migrantes proveniente de los países centroamericanos, es decir, pasará de ser un país principalmente expulsor a uno de tránsito y, en caso de concretarse una reforma migratoria apoyada por el bando republicano, a uno también de retorno. Se van menos, regresan y arriban más. Esto nos permite notar que las garantías esenciales y la asistencia legal a los migrantes connacionales o no, de tránsito o retorno deben ser respetadas y otorgadas. Con la caída de los ingresos petroleros, las remesas adquieren una vital importancia. Adicionalmente, debemos considerar a todos los connacionales en espera de regularizar su situación en territorio estadounidense. Una deportación masiva implicaría la necesidad de contar con identificaciones oficiales para todos aquellos obligados a regresar y de igual manera, obliga al Estado a poner sobre la mesa desde ahora la discusión respecto a las necesidades que deberá afrontar el sector laboral. Con estas consideraciones, nuestro país no puede ni debe depender de nadie para empezar a delinear y definir su política migratoria y buscar impulsarla llegado el momento. Mal harían tanto el gobierno como sus instituciones en no prepararse o limitarse a la inacción, o en su defecto, reducir sus esfuerzos a la mera respuesta y/o confrontación; es hora de un nuevo contexto bilateral para nuevos tiempos.

Sin duda, el momentum parece estar del lado del ex presentador de The Apprentice. A pesar de ello, tengo confianza en que los principios del liberalismo y el racionalismo prevalecerán al final y pongo my two cents, es decir mi preferencia y proyección del lado de Hillary Clinton tanto en la elección del bando demócrata como en aquellas a realizarse el martes 8 de noviembre. Ya veremos cuál es la última palabra del electorado estadounidense.

Nos leemos en dos semanas.

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