México y Estados Unidos: la relación del nuevo milenio

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17 de noviembre, 2016
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​Dos fechas en la historia del nuevo milenio explican el estado actual de las relaciones entre México y los Estados Unidos…

Dos fechas en la historia del nuevo milenio explican el estado actual de las relaciones entre México y los Estados Unidos: septiembre 11 de 2001 y septiembre 15 de 2008. La primera es la fecha del ataque de Al Qaeda contra las Torres Gemelas de Nueva York, un acto que destruyó para siempre el mito de que Estados Unidos estaba exento de ataques terroristas en su territorio. A partir de ese día, la sociedad americana antepuso su seguridad a la salvaguarda de los derechos humanos tradicionales. La tortura como método de investigación, la discriminación de personas por su aspecto físico, el rechazo de inmigrantes por su procedencia geográfica y la intolerancia hacia otros credos son hoy aceptados por la mayoría de la sociedad.  Las prioridades del gobierno del entonces presidente Bush cambiaron hacia dos grandes objetivos: garantizar la seguridad interior del país y tomar represalias contra aquellos países considerados responsables de apadrinar a los terroristas. La agenda bilateral México/Estados Unidos que había sido desnarcotizada y redirigida al logro de una reforma migratoria en bien de los mexicanos indocumentados en ese país, se destrozó.

La política exterior mexicana no se adaptó al cambio de prioridades del gobierno de Bush. Lejos de ello, posterior a la intervención militar autorizada por Naciones Unidas en Afganistán, la acusación del gobierno estadounidense de que Siria contaba con armas de destrucción masiva y debía también ser invadida militarmente, el gobierno de México trabajó intensamente para lograr la aprobación unánime el 8 de noviembre de ese año de la Resolución 1441 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (CSONU) relativa al proceso de desarme de Iraq, misma que establecía el envío de una misión de inspectores de la ONU e iba en sentido contrario a lo postulado en el discurso del presidente Bush ante el pleno de esa organización el 12 de septiembre anterior. Bajo esa resolución, sólo con la autorización del grupo de expertos de la ONU encabezados por Hans Blix, podría recomendarse una intervención armada en esa nación. La relación México/Estados Unidos quedó rehén a este proceso, y ante la incapacidad del gobierno americano de demostrar fehacientemente la existencia de dicho armamento en territorio sirio, la oposición del gobierno mexicano a la invasión resultó en un enfriamiento de las relaciones bilaterales por tres años (2002-2005), durante los cuales la comunicación y cooperación entre ambas naciones fue mínima.

Tras tres años de frialdad, el posicionamiento del gobierno del presidente Fox ante los gobiernos autoritarios de Argentina y Venezuela, permitió reconstruir la relación de cooperación entre ambas naciones, reiniciando así el apoyo del gobierno del presidente Bush al proceso de reforma migratoria que había sido suspendido en 2002. Gracias a ello y el cabildeo intenso de los consulados mexicanos en esa nación, hacia finales del año 2006, se logró la aprobación por el Senado de los Estados Unidos de una reforma migratoria propicia a la regularización de doce millones de mexicanos indocumentados; desafortunadamente el final de la administración Fox y el abandono del cabildeo de la reforma por el gobierno del presidente Calderón, permitieron que la iniciativa aprobada por el Senado quedase congelada en la Cámara de Representantes de ese país.

El gobierno del presidente Calderón dejó de lado la búsqueda de un acuerdo migratorio con Estados Unidos.  La prioridad de su gobierno se volcó hacia la lucha contra el narcotráfico, cayendo presa de los intereses del gobierno americano, cuyo interés por la seguridad fronteriza se convirtió en el marcador de la nueva relación entre ambas naciones. Ante la incapacidad de los gobiernos del presidente Calderón y, posteriormente, del presidente Peña Nieto por «ganar» la guerra al narcotráfico, la seguridad fronteriza se convirtió en el elemento que ha mantenido vigente una relación incómoda entre ambas naciones. Aceptar la «Iniciativa Mérida» causó que la agenda bilateral se volviese a «narcotizar» y que la relación entre ambas naciones fuese ahora rehén de las preocupaciones –en ocasiones caprichosas– de seguridad del gobierno del presidente Obama. Al permitir que la relación entre ambos gobiernos fuese prácticamente sujeta a resultados de la guerra anti-narco, las administraciones de Calderón y Peña Nieto, no han logrado establecer una agenda que verdaderamente represente los intereses de México, al no cumplir con las expectativas americanas de seguridad fronteriza; esta unilateralidad de la relación ha conducido a la situación actual en la que, el presidente electo, Donald Trump, posicionó la construcción de un «muro de seguridad» como un elemento central de su agenda bilateral, posicionamiento que dificultará aún más la relación bilateral y la agenda de discusiones de asuntos importantes para México como el TLCAN.

La segunda fecha es importante porque marca el inicio de una recesión sin paralelo desde los años de la llamada «Gran depresión» del siglo XX. Golpeada por esta recesión, la economía americana entró en un ciclo de despidos y transferencia de empleos manufactureros hacia México, para mantener la competitividad de sus empresas. Nuestra incapacidad para reconocer este proceso como parte de una agenda bilateral que comunicara de manera eficaz los beneficios de TLCAN, gestó el rechazo que hoy vive este tratado y que se ha convertido en otro punto negativo en la agenda bilateral que iniciará con el arribo del presidente Trump a la oficina oval el 20 de enero de 2017.




La inhabilidad que hemos demostrado a lo largo del periodo 2000 a 2016, en presentar los beneficios derivados de nuestra asociación en mantener una frontera segura, la competitividad de las empresas americanas y la salvaguarda del orden internacional, no puede continuar. Es necesario hacer un replanteamiento para responder a las agresiones que se darán en cada uno de estos asuntos por la nueva administración americana que iniciará bajo la administración del señor Trump. Hacerlo bien, revirtiendo lo ocurrido en estos 16 años, no será tarea fácil, pero es tarea indispensable para el bienestar de México.            

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