Nadie como Andrés Manuel López Obrador se ha referido, en este país, a los “poderes fácticos” como algo detestable y, por supuesto, ilegal.
Nadie como Andrés Manuel López Obrador se ha referido, en este país, a los “poderes fácticos” como algo detestable y, por supuesto, ilegal. Su discurso muchas veces ha sido alrededor de ellos y más destacadamente bordado en torno a Televisa y los medios de comunicación en general.
A raíz de la transformación del IEEPO, que pretende devolver la rectoría de la educación en Oaxaca a los poderes constituidos, AMLO ofreció a la sección 22 de la CNTE una alianza estratégica con miras a las elecciones del año próximo en aquel estado, cuando se renovará la gubernatura. Al referirse al tema del IEEPO, ha dejado ver que simpatizaba con el anterior estado de cosas en el que los maestros afiliados a la CNTE se habían constituido, qué duda cabe, en un poder fáctico.
Aunque la CNTE oaxaqueña desestimó el ofrecimiento de López Obrador, lo que queda es justamente la exposición de una de las estrategias del tabasqueño para la constitución de su franquicia partidista, que es la de aliarse, o intentar hacerlo, con organismos caídos del régimen, como lo fue en su momento con el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME).
Lo políticamente correcto, en este momento, es deslindarse de la sección 22 de la CNTE, que es vista como una organización que ha extralimitado sus atribuciones con acciones violentas, y otras prácticas que se pueden vincular con el uso indebido de atribuciones; lo políticamente incorrecto es, justamente, aliarse con los maestros “disidentes”. Esto, al parecer, para cualquier persona sensata que desee el establecimiento o restablecimiento, en este caso, de relaciones regidas al amparo de la ley.
La mirada del político puede ser diferente y hacer lo “políticamente incorrecto” es tratar de llevar dividendos a su organización. Ha sido también la tónica de Andrés Manuel: si el gobierno dice “NO”, él dice “SI”. Es entendible, pues cualquier expresión de simpatía hacia la acción gubernamental de parte de la oposición, es claudicación.
La pregunta que creo deberíamos hacernos es si el coqueto de Andrés Manuel López Obrador con la sección 22 de la CNTE y el deseo manifiesto de que el gobernador de Oaxaca dé marcha atrás, no es la expresión de las maneras concretas de hacer, en su momento, no política, sino gobierno de quien se dice juarista. Es decir, si AMLO hace votos porque las cosas en Oaxaca retomen en curso que llevaba hasta el 21 de julio pasado y simpatiza de facto con las acciones de esa ala sindical, dibuja para mí, un posible estilo de gobernar que debe quedar atrás, en donde el corporativismo y las decisiones personalísimas serían la constante. De eso ya hemos tenido bastante y lo que ha quedado es la antidemocracia y el “agachonismo”.
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