Los Olvidados

En la vida hay muchas circunstancias que marcan a las familias. En la vida hay muchas circunstancias que marcan a las familias. Afortunadamente la gran mayoría de las vivencias son agradables y esperanzadoras. Tal vez en tu...

19 de septiembre, 2017
RHT
karen-castilla-hermana-mara

En la vida hay muchas circunstancias que marcan a las familias.

En la vida hay muchas circunstancias que marcan a las familias. Afortunadamente la gran mayoría de las vivencias son agradables y esperanzadoras. Tal vez en tu familia las cosas sean agradables, llenas de corazón y de ejemplos llenos de gracia.

Pero miles de familias no viven de esta manera y la mejor manera de seguir adelante es una especie de olvido incómodo que ahí está presente, carcomiendo el alma.

Así pues, aunque ustedes no los vean, hay historias de familias que han sufrido violencia que calladamente aguantan la desgracia, pero que en el fondo dentro de ese silencio preparan la venganza. Para estas familias el tiempo es clave para esperar la oportunidad de cobrarse la afrenta.

En mi vida he conocido varios casos de este tipo, donde el jefe o jefa de familia esperan, se informan de los hechos con fuentes oficiales o con fuentes del bajo mundo o simplemente se les cumple el dicho: “Qué bonita es la venganza cuando Dios la concede” y le pone al agresor a “boca de jarro” y se cobra la venganza.

Un caso que conocí fue el del Señor B, un señor en toda la palabra con valores bien plantados. En esos tiempos era permitido portar armas y el Señor B la portaba sin ostentación, era una .38 especial revólver. El caso fue que a su hijo lo asesinó un hombre sin razón alguna. El Señor B estaba devastado, era su primogénito. En medio de ese dolor, el Señor B fue a la cárcel municipal y pidió ver al asesino de su hijo y al tenerlo presente lo mato de un solo tiro. En esos tiempos todo se podía arreglar y máxime si era una muerte de un asesino que tenía muchos delitos en su haber.




Otro caso que conozco fue el de otro primogénito que fue asesinado a golpes por policías del estado. La madre se volvió loca del dolor, se encerró en sí misma y pasaron los años. El día menos pensado apareció uno de los tres policías muertos cerca de su casa, lo habían asaltado; una semana después, el otro policía murió en un pleito de cantina y el tercer policía fue asesinado en otro asalto… Tuve la oportunidad de conocer a esta señora en una fiesta de rancho y me contó la historia, a cierta distancia había un hombre con cara aguileña y ojos azules. Lo llamó y me lo presentó para lo que se me ofreciera. Ese hombre era un “justiciero”, así lo llamó la señora, porque el “justiciero” fue el único que le trajo paz con la venganza cumplida. “El haber acabado con esos tres perros acabó con la rabia que traía en mi alma, no me devolvió a mi hijo, pero me devolvió mi alma”.

Historias así hay muchas, se cuentan sin nombres, pero son parte de nuestra cultura. Otros padres buscan a los delincuentes y los entregan a la “justicia” pero su calvario les da fuerza para que mediante la ley se les dé la esperada “justicia”. Justicia que es lenta en llegar y que en nuestro país, en su gran mayoría, nunca llega.

En su gran mayoría, los casos de desgracia se van quedando en el olvido gubernamental, pero en las familias afectadas el recuerdo se va sobrellevando. Lento, pero con fe en Dios de que él hará justicia.

El caso de Mara ha traído a flote las afrentas de los choferes del transporte urbano de las ciudades en todas sus modalidades. Miles son los casos de las “hazañas” de los choferes y miles son los casos de corrupción.

Desde robos hasta asesinatos por parte de los choferes, las historias están plagadas de impunidad por el poder de los pulpos de transporte. Estos son los verdaderos olvidados de todo el drama que estamos viviendo.

Los choferes hacen lo que quieren, transportan lo que quieren, no respetan la ley de tránsito y transporte, mientras mantienen “aceitada” la maquinaria de impunidad con “mordidas” a las autoridades policiales y judiciales. Son millones de pesos mensuales que los choferes brindan a las autoridades diariamente. Ese es su poder.

Los casos de feminicidios en todo el país afectan las aspiraciones políticas de las autoridades en turno, porque tratan de ignorarlas y jugar a lo de siempre… al olvido de la gente, al olvido de los familiares.

Lo que surge de todo ésto es que la gente ya está harta y a las autoridades no les importa. De hecho, las autoridades están de parte de los delincuentes, porque los policías rescatan a los delincuentes ser linchados para que luego el “Nuevo Sistema Penal Acusatorio” los deje libres para delinquir. Tal y como sucedió con el asesino de Mara y como muchos asesinos que están ahí, a la caza de su próxima víctima…

Todo eso nos deja a toda la nación en una depresión que para superarla habrá que ponerla en el olvido, hasta que la realidad nos golpée de nuevo.

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