A menos de una semana de las elecciones, los riesgos no parecen provenir del crimen organizado. Es cierto que este último ha asesinado, aparentemente, a…
A menos de una semana de las elecciones, los riesgos no parecen provenir del crimen organizado. Es cierto que este último ha asesinado, aparentemente, a tres candidatos y atemorizado al menos a media docena más, pero este fenómeno está muy localizado. La verdadera amenaza viene de varias organizaciones que tienen una agenda social o política: la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), grupos que se denominan anarcos, víctimas o afectados por algún acontecimiento, etc.
El día de ayer, estos grupos hicieron sentir su malestar o desaprobación en estados como Puebla, Veracruz, Oaxaca, Chiapas y Guerrero. Es interesante observar que en los estados norteños, como Sonora, Chihuahua o Baja California, las inconformidades no concluyen con el intento de impedir las elecciones. No todas las muestras de desaprobación incluyen actos violentos, las más son llamados a no votar o hacerlo anulando el voto como muestra de desaprobación a la clase política y al sistema en su conjunto.
También hay actos violentos. Por ejemplo las bombas caseras puestas en Puebla y Veracruz contra instalaciones federales como la Sedesol o el Instituto Nacional Electoral (INE). Hasta ahora, todas estas bombas son muestras de inconformidad y no pasan a mayores. En su burda complacencia las autoridades no las investigan. Otros hechos violentos se dieron en Oaxaca, donde integrantes de la CNTE quemaron papelería electoral, incluidas boletas, destruyeron mobiliario y equipo y se robaron un vehículo. El ataque duró varias horas y ninguna autoridad trató de impedirlo.
Hasta ahora, el INE y la Secretaría de Gobernación han atacado el problema sólo con declaraciones. Han minimizado todo, incluida la inconformidad de muchos ciudadanos que, sin manifestarse públicamente, guardan un profundo disgusto con la situación del país. Pero hay de inconformes a inconformes. La inconformidad de la CNTE pasa por su agenda política y económica; pero hay otro tipo de inconformidad.
Esta otra inconformidad no sólo es contra la clase política, también es contra organizaciones como la CNTE que en lugar de ayudar, provocan que los problemas sean más graves. Es también contra los medios de comunicación que son, finalmente, parte del juego político de actores poco confiables. En este esquema, el voto puede ser por candidatos poco confiables, pero también puede ser un llamado a un cambio pacífico, sin quema de boletas, ataque a edificios o despensas a cambio. Muchos de estos inconformes irán a votar, pero anularán su voto, esperando que este sencillo acto sea un llamado de atención; otros votarán por el menos malo que encuentren, pero su intención será la misma.
Estos inconformes son lo mejor del país.
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