No había concluido la jornada electoral de domingo pasado cuando Margarita, la esposa el expresidente Felipe Calderón…
No había concluido la jornada electoral de domingo pasado cuando Margarita, la esposa el expresidente Felipe Calderón, empezó a despotricar contra Ricardo Anaya, el presidente nacional del PAN, que por lo menos teóricamente sigue siendo el partido político en el que militan la ex primera dama y su marido.
Dejándose entrevistar por cualquier medio electrónico que se lo solicitara, la aspirante a la candidatura presidencial por el PAN acusó a Anaya de ser responsable de la derrota electoral que dicho partido sufrió en el Estado de México, cuya candidata a la gubenatura, Josefina Vázquez Mota, quedó en un muy distante cuarto lugar, y en donde la candidata de Morena, Delfina Gómez, obtuvo la mayoría de votos en municipios en donde hasta el domingo el PAN gozó de fuerza e influencia.
Margarita, seguramente presionada por su esposo que desea reelegirse a través de ella, cometió un grave error al irse contra el “joven maravilla”, como también es conocido Anaya. Al responsabilizarlo de una derrota que solamente puede atribuirse a Vázquez Mota, pasó por alto el hecho de que su partido recuperó la gubenatura de Nayarit y, muy probablemente, le dio a Coahuila su primer gobernador no priista desde 1929.
La reacción entre diversos panistas distinguidos con quienes he conversado desde el domingo pasado es de franco rechazo y reprobación a las palabras y conducta de Zavala de Calderón. Uno de ellos me comentó que lo único que lograron Margarita y Felipe fue unificar a la mayoría de los panistas en su contra.
Ahora bien, el que la ex pareja presidencial esté desprestigiándose ante los panistas de alta jerarquía no significa que los militantes del PAN automáticamente vayan a apoyar a Anaya en sus pretensiones de quedarse con la candidatura presidencial de su partido. A pesar de estar en vías de extinción, el calderonismo sigue vivo dentro del PAN, los seguidores del exgobernador poblano Rafael Moreno Valle están activos y Anaya mantiene su control sobre los órganos de gobierno del partido.
También he conversado sobre las declaraciones de Margarita con personas que no se dedican a la política, con ciudadanos de a pie. La mayoría de ellas siente cariño hacia ella, pero no se explica ni sus aspiraciones presidenciales ni sus críticas contra quien ha llevado a su partido a ganar tantas elecciones, incluidas las recientes en Nayarit y, muy probablemente, la de Coahuila.
Al final de cuentas, si lo que Felipe pretendía a través de su fiel y leal esposa Margarita era darle un tiro a la línea de flotación de Ricardo Anaya, lo único que logró fue darse un tiro en su propio pie y otro en el de su media naranja.
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