Libreto

Por haber logrado la ebullición en mi propia placenta recibí como premio, un libreto que suponía liberarme de cualquier inconveniencia mientras pudiera respirar, me criaron… Por haber logrado la ebullición en mi propia placenta recibí como premio,...

15 de marzo, 2016
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Por haber logrado la ebullición en mi propia placenta recibí como premio, un libreto que suponía liberarme de cualquier inconveniencia mientras pudiera respirar, me criaron…

Por haber logrado la ebullición en mi propia placenta recibí como premio, un libreto que suponía liberarme de cualquier inconveniencia mientras pudiera respirar, me criaron en la barranca de los absurdos y las incongruencias.

Sabiendo que la lógica, el sentido común y la ética son determinantes para una sana existencia ignoraron incluirlo en ese libreto, mismo que cada uno debe tener a la mano, por aquello de que pudiera olvidarse un detalle.

Rompí, tiré o quizá olvidé recogerlo de mi cuna cuando empecé a caminar, lo cambié por pasos en otra dirección con carreras a las escaleras mientras escuchaba cien veces por segundo la palabra ¡no! Cuando empecé a hablar, me pusieron otro libreto bajo el brazo, siempre había uno extra, idéntico al anterior, el mundo está lleno de copias porque todos lo quieren perder y no todos lo logran.

Cambié mis palabras de coherencia por la irreverencia, las respuestas exactas que esperaban escuchar por barbaridades lógicas, las preguntas por insólitos acertijos de los que no obtuve respuesta porque no estaban escritas en el libreto.

Cuando conocí las letras y empecé a escribir, olvidé a propósito mi copia en el patio del preescolar y la cambié por mi propia libreta llena de dibujos y letras grandotas y bien hechecitas, llena planas llenas de caligrafía, de gusanitos con ojos y patas en la libreta de doble raya, las mayúsculas altas y las minúsculas todas del mismo tamaño.




Descubrí que si unía las letras se transformaban en palabras y entonces aprendí a leer, esta vez escondí el libreto con toda intención, cambié la Cenicienta, Blanca Nieves, los Tres Cerdos y la Caperucita por las enciclopedias y los libros gordos que había en el librero de los grandes.

Los absurdos de mi lenguaje y en mis letras continuaban expandiéndose por cualquier rincón y las barbaridades se convertían en grosería, en rebeldía, en castigos. Las obligaciones sociales y los instructivos familiares me llevaron entonces caminar directo a la guillotina, el instructivo señalaba compromisos obligatorios de todo tipo que yo no quería cumplir.

Entonces aferré mi cabeza, la agarré con las dos manos y me enfilé en una carrera en solitario hacia la salida de la barranca aquella. No siempre se puede salir bien librado, lo que sí se puede es andar por ahí sonriendo cuando los demás están de jeta porque están aplicándose a sus libretos idénticos todos.

Dentro del libreto del comportamiento tradicionalmente social hay también una barda invisible que se levanta en frente, cuando las metas se han cumplido y los sueños han sido realizados, cuando el futuro se ha alcanzado. Cuando ese tiempo que se planeó se puede palpar y cuando se supone que todo lo anhelado se tiene y la pregunta ¿qué sigue? se impone cierta y determinante como un reto, casi una amenaza.

¿Qué sigue entonces? falta decidir si se contempla cómo crece eso que más parece un impedimento, si se salta o se trepa al menos para saber qué hay del otro lado. Y la sola llegada de un año calendario nuevo para todos no es más que la decisión de ser y vivir en un tiempo nuevo y mágico para cada uno. Es como el sueño de Alicia en el País de las maravillas, hace falta solo querer despertar y recordar lo extraño, difícil, ingrato o cruel que pudo haber sido el sueño, lo demás es solo levantarse y seguir con lo mejor que todo aquello ha dejado, la fuerza y las experiencias que nos hicieron fuertes. Despertar, brincar la barda, decidir simplemente vivir en armonía con el tiempo, con los demás. Enamorarse de las sonrisas y de los besos, de las flores que se reciben, de los amaneceres, vivir atentos y no dejar pasar los detalles que cada segundo del día nos presenta.

Me parece que no hace falta tanto un día último de calendario para entender que la vida toda se compone de muchos días y que cualquiera de ellos puede ser el inicio del mejor tiempo de nuestras vidas. Yo les deseo de corazón a todos, que los segundos de cada día los vivan despacito, con atención y sobretodo con la mirada transparente puesta en lo más importante que se presente delante de ustedes el futuro es siempre, aunque parezca que no existe, digo, cada vez que llego ahí ya es hoy.

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