La política y el futbol

No sin un poco de vergüenza, me confieso fanático futbolero. No, tampoco crean que soy de los que cada domingo me quedo pegado al televisor… No sin un poco de vergüenza, me confieso fanático futbolero. No, tampoco...

10 de julio, 2015
RHT
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No sin un poco de vergüenza, me confieso fanático futbolero. No, tampoco crean que soy de los que cada domingo me quedo pegado al televisor…

No sin un poco de vergüenza, me confieso fanático futbolero. No, tampoco crean que soy de los que cada domingo me quedo pegado al televisor viendo cada uno de los 14 partidos que se transmiten por los distintos canales televisivos, ni nada por el estilo. Pero cuando se trata de ver a la insigne selección mexicana jugar algún importante torneo, pues tengo que decirlo, me las arreglo para verla tratando de conquistar la gloria y llevarse con honores el mencionado evento.

Sin embargo, como casi siempre sucede, termino desilusionado, decepcionado, abatido y encabritado por el resultado final: el famoso “sí se puede” se convierte en un rotundo “no se pudo”.

Y eso es lo mismo que sucede en el ámbito politiquero: Promesas que van y que vienen, afirmaciones de que México va por el rumbo correcto del progreso y la prosperidad, y no sé cuantas cosas más, para después quedarnos con un palmo de narices. Igualito que en el futbol. Para muestra un botón:

Previo a la reciente Copa América, que dicho sea de paso es el torneo futbolero más importante de nuestro continente, el Director Técnico de la selección mexicana, Miguel Herrera, gritó a los cuatro vientos que México contaba con una selección digna de competir en la copa, incluso al punto de afirmar que el equipo nacional estaba para ser campeón.

Cuando se le cuestionaba el hecho de haber llevado una selección sin estrellas, Herrera la defendía a capa y espada diciendo que no era una selección “B”, sino que era “LA SELECCIÖN”.




Aún cuando muchos no nos tragamos el cuento, sobre todo por los mediocres resultados en los partidos previos a la copa, nos manteníamos con cierta ilusión de que en el torneo nuestro equipo nacional tuviera por lo menos una actuación digna. ¡Oh decepción!

Por supuesto, después del torneo y del ridículo por todos conocido, los pretextos de Herrera no se hicieron esperar: Que si los árbitros,  que si fulano se lesionó, que si esto, que si el otro. Igual que en la política.

No sé a ustedes, pero la historia se me hace muy conocida. Desde que me aficioné a leer los periódicos por ahí de los siete u ocho años de edad, no he dejado de ver cómo cíclicamente nos engatusan con frases, aseveraciones, declaraciones, razones y demás palabrería en la que pretenden convencernos de que el país está cambiando, que vamos avanzando (arriba y adelante, dirían algunos), que por fin dejaremos el tercermundismo y la miseria. Presidentes, diputados, gobernadores, candidatos, y varios etcéteras nos hablan tan bonito, que si de promesas se tratara, seríamos el país más rico del mundo, solamente para después regresar a la pasmosa realidad.

Y al igual que con Don Miguel Herrera y su selección, los pretextos no se hacen esperar, también de manera cíclica: que la economía mundial nos afectó, que la baja del petróleo, que el error de diciembre, que los voraces empresarios, que los malvados banqueros, que el clima, etc., etc., etc. Total, siempre existe la justificación correcta cuando algo no sale bien.

Lo bueno es que ya tenemos nuevos gobernantes, recién elegidos, los cuales para no variar, nos han prometido el sol, la luna y las estrellas. Sólo espero que esta vez tengamos el valor, el civismo y la voluntad de realmente exigirles cumplir. Y si no, que se vayan. El cambio no depende de ellos,  sino de nosotros.

A mis cincuenta y un años de edad, todavía me pregunto: ¿Qué veré primero, a la selección mexicana ganando un campeonato del mundo, o al México próspero y pujante que tanto nos han prometido?.

No es por ser pesimista pero, a estas alturas, creo que me mi pregunta quedará sin respuesta…

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