La muerte está viva

Y todo es por dinero y poder… Y todo es por dinero y poder… Esta columna suele ser sobre entretenimiento. La idea del mismo es salirnos un rato de nuestro mundo y poner a la mente a...

20 de junio, 2016
RHT
homofobia

Y todo es por dinero y poder…

Y todo es por dinero y poder…

Esta columna suele ser sobre entretenimiento. La idea del mismo es salirnos un rato de nuestro mundo y poner a la mente a descansar mientras que alguien nos cuenta chistes en la tele o una producción millonaria nos impresiona en el cine.

Pero no podemos dejar de lado lo que está pasando en el mundo y en nuestro país. Me resulta algo notable que nos conmocionemos ante la tragedia ocurrida en días pasados en contra de un bar “gay” en Orlando.


49 personas muertas simplemente por tener preferencia hacia su mismo sexo…

Ese mismo fin de semana mataron a balazos a una niña egresada del programa “The Voice” y que recién despegaba su carrera en el ámbito musical: Christina Grimmie.





Una chica de 22 años que muere a manos de un idiota que ni conocía…

¿Por qué pasa esto?

La explicación es tan sencilla que no me lo va a creer. De hecho la podría escribir en un solo párrafo y seguramente usted me tiraría de soberbio o de creer tener la solución para todo, más no la tengo.

Le quiero adelantar que todo lo que está usted por leer es mi punto de vista y puedo estar totalmente equivocado. Es solamente mi apreciación.

¿Por qué diablos desde que el ser humano es ser humano ha sido inhumano? ¿Por qué nos da por etiquetar a todo mundo?

Desde ahí ya vamos mal. Si usted se fija, siempre ponemos etiquetas. El que va pasando enfrente es “el pelón”, la vecina es “la gorda”, el que tiene preferencia por gente de su mismo sexo es el “gay” (por no escribir como se les suele insultar).

Ah, pero no nos etiqueten a nosotros porque nos arde todo. Recordemos que lo que nos choca, nos checa. Si alguien nos dice que estamos obesos y realmente lo estamos, nos enojamos y le mentamos a su sagrada madre. Pero nosotros sí estamos en condiciones de juzgar a los demás.

¿De dónde viene esto? Muy simple: las religiones. Ojo, cuidado, las esencias religiosas son geniales y básicamente son una guía para la convivencia humana. Me refiero a lo que el hombre dice que Dios dijo.

En todas las religiones nos plantean a un Dios que juzga, un Dios que es todo benevolencia y que en su infinito amor nos hará ir ante su presencia para dictaminar si nos manda al infierno a que arda nuestro cuerpo y crujan nuestros huesos. Qué incongruencia, ¿no?

Bien, si Dios me puede juzgar y Dios es mi padre, yo puedo juzgar a mis hijos y ya de pasada a mi esposa, a mi familia y a toda la humanidad.

Volvemos a las etiquetas. La masacre en Orlando no tiene tanto qué ver con la regulación de armas en Estados Unidos. La masacre en Orlando no tiene tanto qué ver con ISIS o el Estado Islámico. La masacre en Orlando tiene que ver con una mentalidad enferma pero que tiene sus raíces en lo que todos llevamos en el cerebro: juzgar a los demás.

¿Qué pasaría si eliminamos las etiquetas? Si a las personas que tienen gusto por gente de su mismo sexo, les dejamos de llamar “gays” y lo tomamos con respeto, pues San Se Acabó, ¿no? De entrada no tendrían que irse a aislar a bares “gays” y podrían andar libremente por donde gusten. ¡Qué discriminación! Bares gays… ¿Le gustaría que hubiera bares solo para gordos? ¿Bares solo para mujeres guapas? Ups, perdón, esos sí existen y son básicamente todos. Hasta el cadenero discrimina por el físico.

Le voy a contar algo en primera persona aunque no debería porque esta columna no es para retratar vida y obra de Fer Obregón, pero bueno, ahí le va… Yo comencé mi carrera como guionista y comediante en el 2001. Ya van casi 16 años de eso y he conocido todo tipo de gente del medio artístico.

Curiosamente, en mi experiencia, las más nobles, amigables y con gran calidad humana son los denominados “gays”. Nunca me ha tocado que uno de ellos me falte al respeto, me haga insinuaciones o algo peor. Si saben desde un inicio que eres heterosexual, hasta se convierten en grandes amigos de tu novia. Te invitan a trabajar con ellos y son personas, punto. ¡Personas!

Si bien, como en todos lados, hay algunos que se tiran al drama peor que en una telenovela; lo mismo pasa con toda la gente. Solo que el acento se lo ponemos a ellos. Si una mujer hace un súper berrinche, si un hombre se agarra a golpes, lo vemos normal. Ah pero si una persona homosexual se pronuncia de igual forma, le llueven insultos.

Inversamente proporcional, los que “odian” a los “gays” son los más perversos. Es gente realmente mala que incluso deja qué pensar… A lo mejor son homosexuales de closet pero su propia mente no les deja ver más allá. Se imponen como “respetables” y cuando alcanzan un buen grado de poder, parte de su diversión es hacer propuestas indecorosas a gente de su mismo sexo pero sin que nadie se entere. Ya sé que pasa en todos lados, yo hablo desde mi trinchera.

¿Qué tiene esto que ver con lo de Orlando’ Que el idiota que fue a matar a 49 personas en este club, sin quitarle responsabilidad, era un enfermo de poder y quería ganar una batalla estúpida. Volvemos a lo mismo: si Dios me juzga, yo puedo juzgar y como me han dicho que ser “gay” es antinatural, pues voy y los mato. De esta manera impongo mi poder sobre ellos e impongo mi forma de pensar sobre ellos. Y si nos vamos más lejos… a lo mejor él era “gay” y ni nos enteramos.

Luego viene la segunda parte: la politización de todo. Inmediatamente le aventaron la culpa a los musulmanes, a ISIS y si no estuviera muerto, a Hitler.

Ahí es la parte donde me refiero a que todo es dinero y poder. Si yo como político no reconozco que mi manejo de leyes en cuanto a armas está chueca y de paso le puedo aventar la culpa a alguien más, pues me lavo las manos y hasta genero simpatía. Simpatía = votos. Votos = poder. Poder = dinero y otros muchos beneficios.

Obviamente lo de Orlando es una gran tragedia. Obviamente lo del asesinato de la cantante Christina Grimmie es una tragedia. ¿Pero por qué nos azotamos tanto con estos temas y mientras nos seguimos peleando con nuestra familia, con el vecino y hasta con el perico?

¿Por qué enviamos condolencias e idioteces por Twitter o Facebook? ¿Por qué no empezamos por respetar a los demás?

Muy simple. Porque no nos respetamos a nosotros mismos. Todas las religiones te dicen “ama a tu prójimo como a ti mismo”. Pero muy pocas o ninguna te hablan de quererte a ti mismo, valorarte y respetarte.

¡Cómo diablos voy a respetar a mi prójimo si yo no me respeto! Ah, pero como también por pautas culturales nos han enseñado que todo aquel que no piense como nosotros está en lo incorrecto, ahí sí nos surge un “auto-respeto” que más bien es soberbia y atacamos.

No se necesita de un AK-47 para dañar a alguien. Con el solo hecho de discriminarlo, el daño ya está realizado.

Pasa en todos lados. Aquí tenemos a un López Obrador que incluso ya no tiene familia porque no piensan igual que él. “Líderes” como este, separan y polarizan pero no es su culpa, sino de quiénes se creen su discurso.

Tenemos a una iglesia que nos dicta que el matrimonio entre personas del mismo sexo no es bien visto por los ojos de “Dios”. Si supieran del negocio del que se están perdiendo, cambiarían inmediatamente sus cánones y hasta empiezan a santificar a personas homosexuales. Por el momento, les resulta mejor negocio discriminar.

Pero el problema no es México ni Orlando. El problema somos todos y cada uno.

Si uno se respeta y se quiere, no tiene tiempo de andar criticando al de enfrente ni metiéndose en su vida. Las etiquetas se eliminan y hasta te llega a “valer” lo que hagan o digan los demás. No necesitas de vendedores de dioses para tener fe y tus propias creencias. Se eliminarían los gurús.

El ser humano mal entendió todo por conveniencia y ahí tenemos las guerras, las masacres, las violaciones y nadie de los que participan se dan cuenta de que son simples fichas de los que tienen o quieren tener el poder. Ya sean políticos, religiosos, líderes o lo que usted me diga.

Si le dejamos de decir a los demás “gordo, idiota, tarado, lesbiana, gay, pobre, rico, calvo, débil, inútil, mexicano, musulmán, mujer débil” o sepa Dios qué tanta etiqueta, ¿no estaría esto más en paz? ¿No dejaríamos de dañar?

Las guerras siempre han existido. La diferencia es que antes eran para defender el territorio. Ahora es para invadir. Queremos más, tenemos una ambición enferma. Sí, ya sé que usted y yo no andamos matando gente ni andamos haciendo cosas tan terribles, pero bien que nos gustaría que todo se hiciera a nuestro modo y ser reyes del mundo, ¿o no?

El caso de Christina Grimmie es igual de grave. Un imbécil psicópata va al terminar el concierto de esta niña de 22 años y en una firma de autógrafos le dispara 5 veces y luego se suicida.

Lo mismo: aquí no lo justifiquemos diciendo que era un loco. Esa “locura” surge a partir de sus veinte mil traumas y fue a descargar su odio en contra de una chica que ni conocía.

¡Gracias, Sigmund Freud! Justo después de la segunda guerra mundial donde mucha gente perdió la fe en Dios aparece nuestro amigo Segismundo. Si bien, fue un genio en cómo describir el funcionamiento de la mente, el tratamiento para según él corregir los problemas fue echarle la culpa a medio mundo de lo que nos pasa: un trauma, nuestros papás, los niños de la escuela, mi jefe, mi abuelita y hasta a la “mala suerte”. El responsable no soy yo, sino los demás. Esto se convierte en el nuevo estilo de confesión y absolución. El terapeuta me dice que no es mi culpa, sino de mi papá que me trató muy mal; por lo cual puedo seguir igual pero de perdida ya me desfogué y recibí el “perdón”.

¡Oh, por Dios! Entre las religiones y pautas culturales que marcaron época como la de Freud, nos han hecho un caos mental del que pocos se dan cuenta y estamos pagando los resultados. Más bien dicho: bien que todos nos damos cuenta, pero es más fácil ir con la corriente.

Lamento haberlo aburrido con estas disertaciones filosofales pero por más que queramos entretenimiento, no podemos dejar que incluso la TV o el internet marquen nuestra forma de pensar. ¿Cuánta gente no hay que piensa que si algo salió en la tele, en el periódico o sepa usted dónde, es totalmente cierto?

De hecho, si usted piensa que lo que he escrito en esta columna es totalmente cierto, déjeme decirle que está equivocado. ¿Por qué? No me crea a mí ni a nadie, siga forjando su propio criterio, pero expóngalo como suyo, como SU punto de vista. No como una verdad absoluta. ¡Pum! Se acabaron los pleitos, por ende los conflictos y por ende las matanzas.

Si yo creo que ser “gay” es antinatural, pues muy mi punto de vista. De esta forma, aunque no esté de acuerdo, respeto a las personas que son así y punto.

Pero esto a nadie le conviene porque se acaban muchos negocios. El tráfico de armas, de drogas, la venta de medicinas, antidepresivos y los terapeutas se nos quedan sin chamba junto con sus venerables laboratorios.

Quiero cerrar esta columna, si me lo permite, con una frase de una persona que admiro mucho: Leonardo Stemberg.

“Algunos siembran miedos, culpas y cargos de conciencia en el nombre de Dios, para vivir como Dios manda”.


En esta doble foto, encuentre las diferencias…

¿O usted qué dice?

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