La importancia de la eficiencia y la honestidad

Berlín, Alemania.- Es la segunda vez que visito esta ciudad en los últimos tres años. Berlín, Alemania.- Es la segunda vez que visito esta ciudad en los últimos tres años. La primera vez que estuve aquí fue...

29 de agosto, 2016
RHT
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Berlín, Alemania.- Es la segunda vez que visito esta ciudad en los últimos tres años.

Berlín, Alemania.- Es la segunda vez que visito esta ciudad en los últimos tres años. La primera vez que estuve aquí fue en 1968, cuando llevaba siete años de haberse construido el infame muro por la mal llamada República Democrática Alemana, uno más de los fallidos paraísos de los trabajadores y campesinos que en Europa Oriental impuso a balazos y elecciones amañadas, después de la Segunda Guerra Mundial, el dictador de la Unión Soviética, el genocida georgiano Josef Stalin.

De mi primer viaje recuerdo vívidamente el contraste que existía entre las dos zonas divididas por el muro que los corruptos e ineficientes déspotas de lo que informalmente se denominaba como Alemania Oriental mandaron construir para evitar que su fracasado país se quedara despoblado. Desde el fin de la guerra miles de personas millones de alemanes del este decidieron irse a vivir al lado occidental de la ciudad o a algún otro lugar de la República Federal Alemana (también conocida como Alemania Occidental). Se estima que entre 1949 y 1961 unos tres millones de habitantes alemanes del este decidieron largarse de su país en busca de mejores condiciones económicas y políticas.

En 1968, la ciudad devastada durante la guerra había sido reconstruida, pero solo del lado occidental, en donde seguía existiendo una fuerte presencia de tropas de Estados Unidos, Reino Unido y Francia. Berlín Occidental era una ciudad moderna, limpia, vibrante y llena de actividad; de noche sus calles se iluminaban y en sus cafés, restaurantes y centros nocturnos la gente se divertía.

Del otro lado, del comunista, aún podían verse las consecuencias de las bombas que cayeron sobre la ciudad durante la guerra y de la batalla final que se libró calle por calle y casa por casa entre sus defensores y los soldados soviéticos que la conquistaron. En Berlín Oriental la presencia de los vencedores era notoria, como lo eran los edificios que seguían destruidos y los montones de cascajo que se apilaban en donde 23 años o más había existido un edificio.

En pocas palabras, mientras que los gobernantes de Alemania del oeste, los democráticos, reconstruyeron Berlín y lo que quedaba de su país, los del este, los comunistas que eran títeres de sus amos soviéticos, no hicieron gran cosa para mejorar a su ciudad capital y lo que les quedó de país.




¿Por qué unos alemanes pudieron reconstruir su despedazado país después de la caída del nazismo mientras que otros, de un origen nacional idéntico, no pudieron?

La respuesta es sencilla. La República Federal, desde su fundación en 1949 hasta la reunificación de Alemania en 1990, tuvo unos gobernantes eficientes y honestos que en realidad se preocuparon por el bienestar de su pueblo. Seis fueron los cancilleres que levantaron a su país de las cenizas para convertirlo en una potencia económica mundial: Konrad Adenauer (1949-63), Ludwig Erhard (1963-66), Kurt Georg Kiesinger (1966-69), Willy Brandt (1969-74), Helmut Schmidt (1974-82) y Helmut Kohl (1982-98).

Estos seis crearon al país que después pudo absorber a la fallida República Democrática, con todo y su Berlín Oriental semidestruida.

Han pasado 26 años desde la reunificación alemana y durante ese período la República Federal Alemana integrada por lo que fueron los dos países creados después de la Segunda Guerra Mundial ha sido gobernado por dos cancilleres: Gerhard Schröeder (1998-2005) y Angela Merkel (de 2005 a la fecha), quien nació en Hamburgo, pero siendo bebé fue llevada por sus padres a la República Democrática, en donde creció, se educó y vivió hasta la reunificación.

Bajo la conducción de Schröeder y Merkel la extinta Alemania Oriental ha sido exitosamente incorporada económica, política y socialmente a la Occidental. Todo gracias a que sus gobernantes han sido eficientes y honestos, tal vez más que eficientes y honestos.

De la triste y apagada Berlín oriental que conocí no queda nada. Los edificios arruinados con valor histórico han sido reconstruidos, los montones de cascajo desaparecieron y por todos lados se ven altas grúas en los lugares donde se levantan nuevos edificios. Los jóvenes han invadido la zona que una vez fue comunista y es notoria la abundancia de restaurantes y bares. Yo camino a cualquier hora sin temor alguno por el rumbo en donde estoy.

Como mexicano que soy, la verdad es que me da mucho coraje ver el país que desde 1945 han logrado crear los alemanes bajo la conducción de los gobernantes que han elegido. Y me da coraje porque comparo este país con el mío, que desde 1945 no ha avanzado como debería haberlo hecho, bajo la conducción de gobernantes que hasta 2000 nos fueron impuestos por el PRI y que desde ese año hemos elegido.

La honestidad y eficiencia de los gobernantes de cualquier país se refleja en el nivel de desarrollo del mismo. Es indudable.

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