Felicidades, Príncipe

No importa si uno es rockero, popero, grupero o le hace al reggaetón, el Príncipe es el Príncipe… No importa si uno es rockero, popero, grupero o le hace al reggaetón, el Príncipe es el Príncipe, así,...

19 de febrero, 2016
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No importa si uno es rockero, popero, grupero o le hace al reggaetón, el Príncipe es el Príncipe…

No importa si uno es rockero, popero, grupero o le hace al reggaetón, el Príncipe es el Príncipe, así, con mayúsculas y letras de oro. Y no existe otro igual.

José José va mucho más allá de sus más de 90 millones de discos vendidos o sus innumerables y muy merecidos discos de oro y platino. La grandeza de El Príncipe no se mide por sus incontables giras mundiales o las localidades agotadas en los auditorios más importantes como Auditorio Nacional, Plaza de Toros México, Madison Square Garden, los casinos más grandes de Las Vegas y Atlantic City o el Radio City Music Hall. Para disfrutarlo son irrelevantes sus estrellas en el paseo de la fama de Hollywood y Las Vegas o que entre sus más allegadas amistades se encuentren Plácido Domingo, Armando Manzanero, Juan Gabriel, Marco Antonio Muñiz, Vicente Fernández, Raphael o el mismo Frank Sinatra. Mucho menos que por su trayectoria haya sido reconocido con las llaves de ciudades como Nueva York, Miami, Houston, Las Vegas, Mexicalli, Celaya, Los Ángeles, Sacramento o Chicago. Nada de eso. Para disfrutarlo, para conocerlo, para admirarlo, basta poner cualquiera de sus discos, escuchar alguna de sus canciones al azar y dejarse llevar por su voz privilegiada con la que interpretó incontables éxitos como nunca lo ha hecho nadie en nuestro país.

¿Qué por qué hablo de esto? Porque acaba de ser su cumpleaños y quiero celebrarlo. José Rómulo Sosa Ortíz celebró 67 años de vida el miércoles 17 y yo celebro el regalo de su voz inigualable.

Y es que como dije, no importa el gusto o preferencia musical que cada uno de nosotros tenga, estoy seguro y apuesto por ello, que entre la colección musical de cualquiera existe al menos un disco de José José. Que todos y cada uno de nosotros ha coreado una vez en la vida alguna de sus canciones. En ninguna fiesta que se precie de serlo puede faltar Gavilán o Paloma, La nave del olvido, Almohada o Amnesia. Sin importar la diferencia generacional nos hemos unido en las reuniones familiares tíos, sobrinos, padres e hijos en desafinada algarabía con alguna de sus canciones. Ninguna decepción amorosa que valga la pena puede pasar sin cantar ayudados por amigos y con hartas copas encima Lo dudo, Volcán, Me basta, Amar y querer, Vamos a darnos tiempo y, por supuesto El triste.

A mis oídos, como a los de muchos, llegó desde niño gracias a estaciones como Stereo Rey, Sterero 100 o Stereo Joya en los trayectos en coche con mi papá, y su voz siempre me dejaba lleno de nostalgia que entonces ni entendía ni identificaba. Ya con 16 años y bien entradito en el rock, los mejores grupos de ese momento me lo presentaron por segunda ocasión y muy a su estilo con el disco Un tributo (a José José) (1998) en el que sus canciones eran reinterpretadas (algunas con excelentes resultados) por Maldita Vecindad, La Lupita, Café Tacuba y Leonardo de Lozanne entre algunos otros. Entonces entendí su grandeza y no la he dejado de admirar. Hoy forma parte indispensable de mi biblioteca musical.




No por nada sus canciones han sido homenajeadas lo mismo por rockeros, gruperos, mariachis, o artistas de la talla de Juan Gabriel. Aunque, también hay que decirlo, ha sido destrozado por otros tantos como Natalia Lafourcade y Moderatto. Pero a pesar de las grandes versiones de otros artistas, nunca nadie podrá igualar lo que el Príncipe logró. Tan grande es que él mismo nunca se volvió a interpretar como lo hizo aquella vez en el Segundo Festival de la Canción Latina en 1970 (que después fuera el OTI, pero que nunca participó en él) cuando con sólo 22 años cantó sublimemente El Triste de Roberto Cantoral de manera tal que puso de pie y al borde de la lágrima a Marco Antonio Muñiz, Alberto Vázquez y al público entero y que hasta la fecha nos deja la piel “chinita” cuando la escuchamos. A pesar de ello se quedó con el tercer puesto, pero le bastó para catapultarse a la fama mundial y, con el tiempo, a la inmortalidad.

Merecidamente homenajeado, premiado, reconocido y admirado, José José ha escrito su nombre con letras de oro en la realeza musical. Nadie como él podrá nunca ser llamado Príncipe. Nadie como él interpretará de nuevo sus canciones. Nunca nadie logrará transmitir el mismo sentimiento como José José lo hizo con su voz. Lo dudo…

Felicidades, Príncipe y gracias.

Voy vengo.

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