El rival más débil

Después de la pausa navideña y de fin de año, las precampañas por las candidaturas presidenciales… Después de la pausa navideña y de fin de año, las precampañas por las candidaturas presidenciales, circunstancia que no es mas...

9 de enero, 2018
RHT
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Después de la pausa navideña y de fin de año, las precampañas por las candidaturas presidenciales…

Después de la pausa navideña y de fin de año, las precampañas por las candidaturas presidenciales, circunstancia que no es mas que un mero trámite, retomaran un esquema de mayor intensidad.

Primero porque los tres precandidatos son únicos, de tal suerte que más que una competencia interna, este periodo es ya de forma práctica, no un antecedente, sino parte de la propia competencia.

En segundo término, porque el tiempo que transcurre de aquí a la elección, le representa a cada uno de ellos, aunque en diferente situación, un espacio relativamente corto para alcanzar los objetivos que se han trazado.

Muestra clara de ello, es el hecho de que cada uno ha decidido quien es su adversario, pero sobre todo quien es su rival más débil, o al menos por estrategia a quien quieren poner en esa condición.

Lo que está más que claro es que los tres no quieren que esta disputa sea entre todos, la intención manifiesta es que la batalla se reduzca a solo a dos, es decir, se trata de eliminar a uno de los contendientes desde el inicio.




Precisamente por ello se hace patente cómo el discurso y la propaganda de López Obrador y Anaya, están dirigidas al ataque en contra de ese competidor al que quieren hacer a un lado, por encima de propuestas y proyectos de gobierno.

El uso de la descalificación en coincidencia, obedece pues a esa necesidad de cerrar el espectro, de concentrar la atención y por ende, anular mediante el desprestigio al tercero en discordia.

Sin embargo, en cada caso los precandidatos se mueven de acuerdo a una visión individual, no hay como tal un enemigo en común, porque si bien en esta lógica para Anaya y Meade tendría que ser López Obrador, en este momento esa batalla queda para la última parte de la guerra.

Hoy lo que se dirime es comenzar la campaña formal en el segundo lugar, para ponerse en posición de recepción del voto útil en contra del tabasqueño, por tanto, en este momento la prioridad de Meade y Anaya es desafiarse entre ellos.

López Obrador va a empezar la contienda en el primer lugar de las preferencias, a él lo que le convendría es mantener esa ventaja, pero a pesar de ello, el ya identificó que su adversario es Meade y por ello concentra sus ataques hacia él desde ahora, mientras que a Ricardo Anaya materialmente lo ignora, vamos ni siquiera lo alude o lo confronta, López Obrador lo ha descartado de su agenda.

Sin dejar de lado que su más importante y peligroso rival es él mismo, así ha sido antes y lo sigue siendo ahora, como por ejemplo sus más recientes tropiezos, la intención de declarar una amnistía a la delincuencia organizada y la innecesaria, poco oportuna presentación de su eventual gabinete, anuncio que en vez de beneficiarle le causó otra agenda de problemas de imagen y congruencia.

Ricardo Anaya por su parte, quien por cierto cada día parece mas un jerarca de la cúpula nazi que un aspirante presidencial, si ha enfilado todas sus baterías en contra del PRI.

Incluso su mensaje se identifica como una copia barata del discurso lopezobradorista, que tiene como característica principal que no importa lo que se diga, siempre y cuando suene bien para el gran cumulo de mexicanos enojados, a los que les gusta pero más aún les atrae, la sensación de desquite en contra del poder establecido.

Si la estrategia le reditúa o no en función de su propio crecimiento será un asunto que habrá que ver en dos meses más, al menos lo que se observa es que entiende el momento y quien es su oponente.

En contraparte, José Antonio Meade se ha mantenido fiel a su carácter sereno, solo critica por contexto y como mecanismo de defensa, en los momentos en que es señalado por alguna situación específica.

Meade transita en una dinámica demasiado sosegada, con un talante cordial y poco combativo, desaprovechando los errores de sus oponentes, incluso dejando de lado argumentos sustanciales para contrastarlos.

Si bien es cierto que ese rasgo de su personalidad genera confianza en los círculos del control económico nacional e internacional, como herramienta de campaña es un desperdicio.

A quien más le convendría aprovechar el tiempo de precampaña, como apuntábamos al principio, es precisamente a Meade, no para salirse de su zona de manejo y control, pero no por ello no puede dejar de afrontar una postura mucho más aguerrida, aún sin tener que recurrir al grito y la arenga.

Al final de cuentas, lo que se define en este periodo es quien será el que llegue al momento crucial en posición de enfrentar directamente a López Obrador, el segundo lugar en las simpatías, porque desde ahí se establecer la plataforma para sumar el voto útil en contra del abanderado de Morena.

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