El equipo del presidente Enrique Peña intenta ocultar la desnudez de su jefe y logra mostrarnos a un gobierno yermo, un páramo lunar. Con bombo y platillo inducen a su…
El equipo del presidente Enrique Peña intenta ocultar la desnudez de su jefe y logra mostrarnos a un gobierno yermo, un páramo lunar. Con bombo y platillo inducen a su jefe a pregonar políticas para combatir el conflicto de interés, una de las principales fuentes de la corrupción en México y una causa primaria de la injusticia y la desigualdad. Entre las medidas se cuentan la obligación de los funcionarios de declarar sus intereses, transparentar la lista de proveedores y contratos. Bien, pero… para tal fin intentan revivir a la jurídicamente muerta Secretaría de la Función Pública (en 2013 se decidió en la ley finiquitarla para crear una fiscalía anticorrupción, aún inexistente), y aconsejan a Peña a llamar a un hombre de sus confianzas y operador electoral en su campaña para encabezar dicha dependencia. ¿Qué significa todo este galimatías?
Los asesores del presidente obligan a su jefe a que muestre su desnudez y de paso ellos nos revelan su alma vacía. La propuesta sólo logra colocar, nuevamente, la principal llaga del gobierno en el primer plano de la agenda política y mediática nacional. Y bien por México, pero muy mal para su jefe. ¿Cuál es su problema? En primer lugar, creyeron que los mexicanos somos tontos e ignorantes, y vaya pasmo: no somos ni una ni la otra cosa. En segundo lugar, es un contrasentido que un subordinado y amigo de su jefe vaya a ser el fiscal investigador: he ahí el primer conflicto de interés, así que el secretario debería excusarse y declinar al cargo. En tercer lugar, esa Secretaría está en tránsito de extinción por lo cual el presidente no puede asignarle nuevas tareas. En cuarto lugar, el conflicto de interés no está tipificado en la ley, salvo si el funcionario asigna directamente el contrato a la empresa a favorecer.
¿Qué sigue al desastre? El intento del gobierno para exculparse es fallido. La estrategia tendrá efectos negativos para encarar las elecciones en puerta y con manos tan sucias no hay calidad moral para capitalizar el otro gran problema de presunta corrupción, la de Marcelo Ebrard en la L-12 del Metro. ¿Qué puede pasar si la crisis de legitimidad se cruza con la tormenta económica en cierne? Vislumbro dos posibles escenarios: que por fin el gobierno de Peña entienda que debe encarar el problema de la corrupción y del conflicto de interés, y puede hacerlo sin sobresaltos ya que al presidente sólo puede juzgársele por traición a la patria y delitos graves del fuero común. El otro escenario es siniestro: un régimen débil y acorralado, abandonado por sus aliados, y acosado por la crítica, la crisis de inseguridad y una revuelta popular en evolución, puede optar por la fuerza, empezando por censurar a la prensa. ¿Errarán los asesores?
Foto: http://mexico.cnn.com/
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