La forma en que se está dando la información sobre lo ocurrido en la Línea 12 del metro de la ciudad de México es la típica: mucho bla-bla y poca…
La forma en que se está dando la información sobre lo ocurrido en la Línea 12 del metro de la ciudad de México es la típica: mucho bla-bla y poca claridad. Se ha convertido en un barril sin fondo, como la biblioteca Vasconcelos o la inútil Estela de Luz.
Originalmente llamada la Línea Dorada (y vaya que sí lo es) se inauguró en la agonía del sexenio de Marcelo Ebrard al frente del Gobierno del Distrito Federal (GDF), en octubre del 2012. Con 20 estaciones y 24.5 kilómetros de recorrido de Tláhuac a Mixcoac significó también el encuentro oficial, por primera vez, del jefe de Gobierno con el presidente Felipe Calderón. Según la información oficial el proyecto tuvo un costo original de 17 mil 583 millones de pesos, monto que luego tuvo un sobrecosto de seis mil millones de pesos, no justificados según diputados opositores de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal.
Desde el principio se acusó que la Línea 12 se había inaugurado sin estar completa, pero así y todo comenzó a operar. La debacle vino después, ya en el gobierno de Miguel Ángel Mancera, en marzo de 2014, cuando se decidió suspender el servicio ante las fallas de seguridad detectadas. ¿Cómo era posible que se suspendiera el servicio “por fallas de seguridad” en una cosa que excedió su valor en 30%? Debía haber culpables o al menos responsables.
Sabedor de cómo se maneja una crisis de esta magnitud, Marcelo Ebrard salió a la prensa y declaró que estaba orgulloso de la Línea 12 y que estaba “tranquilo”. Y cómo no estarlo; en un país donde los funcionarios no renuncian a pesar de su responsabilidad o simplemente no son imputados, casi todos están tranquilos. Un país donde pasan las cosas y no hay responsables.
Ebrard manejo el cierre de la Línea 12 como algo político, destinado a golpear su credibilidad. Varios periodistas le ayudaron a fabricar esta imagen, pero el hecho es que la Línea 12 sigue cerrada parcialmente.
Hasta el año pasado, el GDF había sancionado a 38 funcionarios por ese desastre llamado Línea 12, entre ellos a Enrique Horcasitas, director general del Proyecto Metro, pero ni por asomo se mencionó a Marcelo Ebrard. Su blindaje político y mediático dio buen resultado.
Ahora, se habla de cambiar los trenes para que se adapten a las vías. Se habla de una disputa legal con las empresas ICA, Carso y Altom por miles de millones de pesos. Según el jefe de Gobierno, quieren cobrar por cosas que no hicieron. Bonita cosa. En el Congreso se pide que la federación intervenga y que se le monte causa penal a Marcelo Ebrard. Ni tardo ni perezoso, este último ya ha pedido comparecer ante la comisión respectiva.
Muchos sancionados, pero ningún culpable y menos responsable. Ebrard y sus aliados dirán lo que quieran, pero él es responsable, así sea por omisión. ¿Qué es un golpe político? Es posible, pero él sigue siendo responsable.
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