El espejismo de la democracia electrónica

Morelia, 6 de Mayo, 2015.- Cíclicamente, en período electoral, aparecen rupturas que obligan a reflexionar sobre algunas cuestiones relacionadas con el estado y el futuro de las democracias en la… Morelia, 6 de Mayo, 2015.- Cíclicamente, en período...

7 de mayo, 2015
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Morelia, 6 de Mayo, 2015.- Cíclicamente, en período electoral, aparecen rupturas que obligan a reflexionar sobre  algunas cuestiones relacionadas con el estado y el futuro de las democracias en la nueva Sociedad de la Información: ¿ante la crisis de representatividad, la democracia electrónica es la solución? Es ésta ¿un imperativo en un mundo globalizado? ¿Es la democracia electrónica, la salvación de las democracias o bien, en su contrario, la insuficiencia de la democracia es una consecuencia directa de la influencia (manipulación) mediática del ciudadano (vulgo, elector), ahora potenciada por el uso masivo de las redes sociales? ¿Hasta que punto, la dinámica de las redes sociales crean un “ojo de huracán” que absorbe y distorsiona as estructuras de los medios de comunicación tradiciones y su papel/función/relación con la democracia?

Las inquietudes supra mencionadas son complejas y, por ende,  en el análisis de la relación entre medios de comunicación y democracia se debe hacer una evaluación crítica de aquellos análisis   que incluyan otros factores, como la corrupción ( Córdova, L., Vianello, L. C., & Murayama, C. , 2006), la impunidad, la falta de justicia, la situación declinante de vastos sectores sociales (la formación de nuevos pobres y la profundización de la pobreza), las políticas de ajuste neoliberales en América Latina, la formación de elites políticas cada vez más separadas de los gobernados, el incumplimiento de las promesas de los programas propuestos por los partidos en las elecciones, entre otros.

Así, podremos superar la concepción simple y maniquea de que la democracia electrónica (e-democracy) es toda la salvación o bien, que la insuficiencia de la democracia es la consecuencia de  medios “bajo influencia” que transmiten la narrativa de la oligarquía, en formas de manipulación masiva de la opinión pública muy cercanas a las descritas en la película, “La Dictadura Perfecta”.

Pero, a pesar de la ubicuidad de los medios de comunicación en las campañas electorales y del activismo  de las redes sociales y de la penetración de la Sociedad de la Información, estamos muy lejos del “futuro” descrito por Asimov en su novela “Sufragio Universal”.

Aún que, hay que resaltarlo, en la Sociedad de la Información, se parte, cada vez más, de la consideración que la democracia representativa en cuanto forma de gobierno, ha dejado de ser de facto (no en el ámbito jurídico-constitucional) el instituto de la representación ciudadana.




No obstante lo anterior,  estamos muy lejos de poder hablar de una “Twittercracía” y de una  “Facebookcracía”, aún que existe, innegablemente, una adecuación de la política – en tiempos, espacios, escenarios, lenguaje, etc. – a la lógica de los nuevos medios de comunicación , con sus particularidades tecnocomunicativas, formas de organización productiva, tipo de mensajes, etc, en un proceso “viral” de  massmediatización. En este proceso, todavía la televisión es el medio privilegiado de análisis que incluye a otros medios masivos (radio, prensa) y por supuesto, últimamente a las comunicaciones mediadas por computadora (CMC) vía Internet, en particular el uso de las llamadas redes sociales (Facebook, Twitter, Youtube, etc) (E. Morozov, 2011) .

La atención centrada hacia el problema de los medios de comunicación se refleja, pues,  en el surgimiento de dos órdenes o versiones en la denominación y en la difusión del activismo político online. Por una parte, se han acuñado denominaciones que intentan representar un estado de la democracia en el que predomina la adecuación de la política a la lógica de los medios masivos, que reduce el contenido político a imágenes e informaciones superficiales para un público disperso y pasivo; se trata de la "democracia mediática", "democracia de audiencias", "democracia de públicos", "democracia sin público", "democracia espectáculo", "videocracia", "democracia televisiva".

Por otra parte, han surgido conceptos que se refieren al uso de las tecnologías para superar la representación y ejercer una participación directa en la toma de decisiones a través de la emisión de una opinión o la elección de una alternativa mediante el voto electrónico u otras formas interactivas: “tecnopolítica”, la política vía satélite o "teledemocracia" (el más usado y extendido), “ciberdemocracia", "democracia electrónica", entre otros ( Alejo y Da Cunha Lopes,  2011).

Del examen de las tipologías arriba referidas , diversos autores  han extraído,  como primera resultado que el debate sobre las posibilidades que la aplicación de las TIC ofrece a los sistemas políticos de las democracias avanzadas, oscila entre dos posiciones.

Por un lado, aquellos que plantean su utilización para mejorar las capacidades y el rendimiento de la democracia representativa. Por otro, los que plantean la superación de esta democracia representativa, sustituyéndola, en mayor o menor medida, por mecanismos de democracia directa. Entre ambos se situarían las posiciones intermedias representadas por los partidarios de combinar democracia representativa y democracia directa, en una especie de democracia de nuevo tipo, tratan de aprovechar las ventajas de ambos sistemas.

Todos parecen coincidir, sin embargo,  en que la tendencia futura parece encaminarse a la reducción de estos tres tipos de democracia electrónica a dos: ciberdemocracia y democratización electrónica. La desaparición paulatina del enfoque de la teledemocracia vendría dada por el abandono de la TVC como objeto tecnológico y su sustitución por las redes telemáticas en CMC o Internet. Proceso que reavivaría los niveles de participación política , de activismo.

Creo que esta expectativa es simplista y que en la realidad es un espejismo.  Las razones de la desafección y la falta de interés de los ciudadanos por la política son mucho más complejas y profundas y las TIC por sí mismas, no tienen una incidencia directa significativa en el incremento de los niveles de participación. Más bien, lo que su aplicación y potencial provoca, es que aquellos ciudadanos que ya están interesados por la política y que ya participan (denominados “líderes de opinión”), vean facilitada y ampliada enormemente su participación en los asuntos públicos.

Podemos inferir, entonces, que existe en la política actual una ruptura en el proceso de comunicación. Es por ello, que el problema básico que todos los conceptos de democracia electrónica destacan, es la crisis que se percibe en la participación política y el papel disfuncional de los medios de comunicación en los procesos políticos.

Reflexión que parte del argumento de que el funcionamiento del sistema político democrático se encuentra interrumpido por la presencia de tres variables: a) una falta de información y de comunicación entre la población en general y los decisores en el interior del sistema político; b) una ausencia de participación política, causada por el déficit estructural o funcional del sistema político; y, c) un efecto negativo de los medios de comunicación de masa, tanto sobre el sistema político en general, como en la participación política en particular.

Sin embargo, existen algunas vertientes positivas, cercanas a la democratización electrónica de Hagen, que se decantan por modernos diseños. Confían en que la introducción de las redes computerizadas ayudará a aliviar el déficit estructural y funcional que sufre hoy, el sistema político. En primer lugar, existe la convicción de que nuevos canales informativos y comunicacionales entre la población y los decisores, serán creados, en el sistema institucional, formal e informal, que enmarca la acción de los actores sociales, gubernamentales y no gubernamentales, relevantes para la determinación y asignación autoritaria de los bienes y los recursos públicos, a través de la acción política y de la formulación e implementación de políticas públicas. De hecho, este tipo de plataformas que permiten la participación directa , ya existen en la Unión Europea , con la “European Citizens' Initiative (ECI)”, introducida por el Tratado de Lisboa.

Estamos en un punto en que existen más preguntas que respuestas. En que los nuevos  modelos teóricos no han sido testados en la práctica y en que las tradicionales interpretaciones del funcionamiento de las democracias, han sido rebasadas.  Debemos, y el camino es largo, realizar una crítica de la racionalidad instrumental e informática que comprenda en primer término la exigencia de interrogarse sobre la naciente digitalización de la dimensión social, cultural y humana; segundo, la interpretación y comprensión de las tecnologías interactivas y las fuerzas que conforman a la presente sociedad democrática (Lijphart, 2012) ; y tercero, la evaluación sobre los límites de las nuevas modalidades de participación directa en los procesos de conformación de una opinión publica (más) crítica y participativa.

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