Cambiar el mundo (…poco y para mal)

En la actualidad, el mundo y su lenguaje se encuentran sobrecargados de género y de corrección política. En la actualidad, el mundo y su lenguaje se encuentran sobrecargados de género y de corrección política. Una enorme cantidad...

16 de febrero, 2016
RHT
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En la actualidad, el mundo y su lenguaje se encuentran sobrecargados de género y de corrección política.

En la actualidad, el mundo y su lenguaje se encuentran sobrecargados de género y de corrección política. Una enorme cantidad de eventos pasan por éstas perspectivas, para bien y para mal. Y no es que determinadas ideas en ambos sentidos no resulten válidas, puesto que lo son. Sin embargo muchos de aquellos involucrados en ambos asuntos parecieran encontrarse ubicados en ese paraje confuso entre lo banal y lo nocivo, lejos, pero muy lejos del progreso social, el reconocimiento de derechos y garantías y el lenguaje acrítico que deberían ser, en mi opinión, los aspectos prioritarios a tratar.

Hace unos días me di a la tarea de analizar con especial atención la cruzada que algunos miembros de los ámbitos político, periodístico y cultural habían emprendido en favor de modificar el empleo del término Discapacitado en favor del "políticamente correcto" Persona CON discapacidad (Lo anterior bien visto por organizaciones como la ONU, organización que pugna por otras muchas modificaciones adicionales). Lo que había detrás, después de mucho buscar, fue más bien una propuesta "de sujeto y complemento" para un conjunto de condiciones particulares; no fue como debería haber sido, la búsqueda de la mejora o al menos un mínimo progreso en cuanto al meollo del asunto: oportunidades, inclusión y atención, sino meramente una iniciativa de acepciones en torno al lenguaje y al discurso. Y poco más.

Me sigue pareciendo sumamente curioso que el tiempo que han invertido aquellos encargados en determinar si “Personas con capacidades diferentes o con capacidades especiales" suena mejor o peor, no se haya empleado en aspectos mucho más precisos y útiles como: revisar las disposiciones constitucionales existentes (y realizar las propuestas e iniciativas correspondientes) clarificar los apartados con respecto a las garantías que deben ofrecer tanto el estado como las empresas de índole privado referentes a determinadas condiciones individuales, acceso a tratamientos y opciones de atención, inclusión, etc.

La propuesta antes mencionada decidió irse por la fácil y atraer los reflectores hacia un asunto que, a pesar de lo relevante y extenso que podía resultar, sus entusiastas decidieron acotar a un juicio de letras más y letras menos. O, dicho de un modo aún más preciso, ¿alguien que padece algún tipo de atrofia muscular, por citar sólo un caso específico considerará particularmente relevante la reforma gramatical antes mencionada y ampliamente difundida? ¿Qué tal sus familias y amigos? ¿Se sentirán (y serán) más incluidos ahora que existe ese sintagma preposicional que antes no existía? ¿Repararán acaso en ello?

Por supuesto que la repuesta es no, pero ésta era una propuesta "incluyente" en cuanto a terminología. Punto final. Y peor aún, también en esto se equivoca ya que visto con atención no hace sino extender (y complicar) un conjunto de palabras que hacen referencia a otra que bueno, ya existía. ¿Usted nota alguna diferencia en el empleo coloquial de discapacitado y CON discapacidad? Si lo revisa en la RAE tampoco la va a encontrar. Por ello es que esta iniciativa, que fue aprobada (y aplaudida) no modificó ni pugnó por modificar absolutamente nada más allá que unas palabras por otras, al tiempo que dio complejas maromas mentales para justificar lo que ya era y siempre ha sido.




El mal denominado "feminismo" actual por lo que leo, escucho y veo en las calles, me da la impresión que también adolece de lo mismo (pugna por algo que se aleja mucho de la mejora social) y de igual manera, se ha banalizado  y reducido a una caricatura de sí mismo. El término está en todas partes, pero no me parece que esté logrando gran cosa en cuanto a relación entre géneros e igualdad de oportunidades que debería ser lo relevante. Por el contrario, lo que si está logrando dictar es la sujeción a un nuevo Manual de Carreño, que en ocasiones se asemeja más al código de Hammurabi con todo y su lex talionis, en el que todo y todos estamos inmersos. En un inicio, el movimiento feminista en lo general y sus esfuerzos en lo particular estaban dirigidos hacia la igualdad y a la justicia en sí mismos; pugnaba por el reconocimiento de derechos, aptitudes y garantías que estaban limitados en materia de género.

Hoy la lucha en contra del heteropatriarcado ha optado por la lengua primero, haciendo que digamos con obligatoriedad niños y niñas, abogados y abogadas, etcétero y etcétera, que utilicemos el denominado lenguaje incluyente, pues. Por otro lado el combate y sus formas también exigen hoy en día, entre otras cosas, la libertad (y sensación de plenitud, según esto) de dejarse los vellos de los sobacos hasta donde la naturaleza lo permita y más allá. Las distintas corrientes que han emanado de un anhelo e intención reales, relacionados fundamentalmente con la equidad (de decisión, oportunidades, sueldos) hoy por hoy se ha transformado también en un grupo de mujeres españolas que salen a la calle con los pantalones embarrados de sangre menstrual para atacar la "censura" con respecto al ciclo mismo. Si es un asunto fisiológico, higiénico (o antihigiénico) e incluso médico poco importa, lo de hoy es defender la libertad de portar la sangre menstrual.

Más allá de sus muchas trivialidades y sinsentidos, es la subjetividad con que se miden las decisiones personales un aspecto que me parece especialmente relevante. La mujer actualmente posee plena libertad de elegir sobre los diferentes aspectos de su vida (educativos, reproductivos, laborales) pero cosa curiosa que bien vale hacer notar, este neofeminismo manifiesta que debe (también con obligatoriedad) ser independiente y productiva profesionalmente hablando, de otro modo ya no se ciñe al arquetipo de fémina empoderada (término que en México se traduce literalmente de su contraparte en inglés: Empowerment) y exitosa. Bajo esta premisa, se es libre pero si la decisión (propia) no va por el camino que dicta la tendencia más reciente, pues tache. No importa que sea una decisión enteramente personal. Pugna por la libertad de elección pero al mismo tiempo critica ésta y la somete a juicio.

Noto con recelo que ese parece ser el tenor de las múltiples corrientes dentro del "feminismo" actual. La libertad como medida subjetiva para medirlo todo y a mi gusto. Constituirse entonces y simultáneamente, en juez y verdugo. Dado lo anterior no me sorprende el hecho de que una mujer que en pleno uso de sus facultades opte por dedicarse a la crianza de sus hijos sea para estos grupos, motivo de oprobio o abierta denostación; bajo el matiz actual del género, aparentemente algunas elecciones personales son mejores que otras, poseen mayor validez o peor aún, caen en el necio recurso de colocarlas en los estantes de lo correcto y lo incorrecto, a sabiendas de que todas las circunstancias y decisiones son personales y únicas. Pero el asunto no acaba ahí. Como el mundo actual se erigió sobre una base patriarcal, visión con la que están concordes muchos de estos grupos, entonces éste está todo mal y todos, todos son enemigos: el lenguaje, las publicaciones, las corporaciones, las maneras, formas, gestos, etc. Y menciono intencionalmente el término  enemigos porque no es la equidad (derecho natural) su finalidad postrera, sino la modificación de un todo malo por un todo bueno que si me guste. Un borrón y cuenta nueva partiendo de cero y a mi entera satisfacción. Para ello, hay que combatir a ese enemigo abstracto compuesto por todo y por todos ajenos a la causa. ¿Le parece un enfoque particularmente radical? Espere un momento más; no toda corriente dentro del neofeminismo consiste sólo en paranoias inventadas y trivialidades absurdas. La lucha en contra del patriarcado también posee matices siniestros.

En febrero del año pasado apareció una nota en la que una mujer estadounidense había decidido abortar al enterarse de que su vástago nonato iba a nacer con pene en lugar de vagina. Esto es, ya entrado en el segundo trimestre del periodo gestacional. Y cito textualmente lo que el medio (Metro) reprodujo en voz de la futura madre, de nombre Lana, que decidió no serlo: “Estaba impactada, mi cuerpo me había traicionado (…) Estaba llorando, sollozando, con incontrolable llanto (sic) y una angustia mental del tipo que sólo puede ser experimentada por aquellos que han visto su vida destruida por la guerra (..) Y claro, por supuesto que lo volvería a hacer". Ahora, una vez leído lo anterior tome en cuenta que este incidente no es, en absoluto, el acto único y exclusivo de una mente errática, sino por el contrario, forma parte de un movimiento ideológico (colectivo) que genera actos semejantes día con día; buscar información en cuanto a “decisiones" como ésta le tomará unos cuantos minutos y podrá documentar con facilidad numerosos casos similares.

Mas allá del debate ético o moral que podría suscitar, lo que para mí refleja el artículo a través de sus actores y posiciones, no es sino el deterioro de nuestra propia condición humana, la distorsión de la realidad que emana de una retórica segada, una aberración que se justifica a sí misma a través de una consistencia lógica que parte de su propia irracionalidad. La peor versión de un sesgo cognitivo en contra de un alguien incapaz de defenderse y cuya falta consistió en el simple hecho de ser varón, cosa que está por demás mencionar, tiene que ver exclusivamente con genes, cromosomas y rasgos genotípicos y bajo ninguna circunstancia, con una decisión consciente.

Por lo cual me parece un acto cuyo fundamento es, por decir lo menos demencial, pero tratando de ser mínimamente objetivo me permito preguntar: ¿acaso se percibe en el acto (y decisión) anteriormente descrito algún atisbo de equidad, de mejora  social? ¿Brinda la impresión de constituir un avance en pro del reconocimiento de las garantías que inherentemente nos atañen como individuos, sin consideración de género? ¿Es una derrota del patriarcado, o mejor dicho, el reflejo de una sociedad más justa o más equitativa, un ejercicio responsable de la libertad otorgada? ¿Es éste el tipo de empoderamiento por el que pugna el feminismo actual? ¿Lo es la marcha de los vellos o aquella de la sangre?

Me da la impresión de que, tristemente, al final el mensaje pareciera ser por un lado: Adopta el lenguaje incluyente aunque en esencia nada más cambie. Postula una solicitud para que el mundo se adapte a aquello que tú crees. Haz que éste se parezca más a ti. Pide y exige aquello que consideras que es mejor, aludiendo a unos abajo firmantes apócrifos. No pugnes por la mejora en profundidad, sino mejor, opta por el camino fácil, el camino del aplauso y el discurso que tan bien nos hace sentir.

Por otro, lo que antes eran vestigios de misoginia hoy se torna misandria pura y dura (odio o aversión al hombre como sexo y a todo lo considerado como masculino) en perfecta sincronía pendular. Ya no es el principio de reducir o eliminar toda ventaja que se otorgue a una parte en perjuicio de otra lo que se busca sino, acorde al momentum colectivo, permitir que tus sesgos hablen por ti. No pugnes por derechos, garantías y responsabilidades equitativas sino por cualquier decisión inverosímil bajo protesta de represión, de coerción. Aboga por pelos y fluidos aún y cuando los grandes temas continúen pendientes de atención. Con base en lo anterior, creo firmemente que muchas de las "cruzadas" actuales no son más que frívolos anhelos convertidos en peticiones formales que emergen bajo el amparo de los (mal entendidos) principios del liberalismo, del feminismo y de la corrección política y que más allá de hacerse un flaco favor, nos devuelven como sociedad a una época de trivialidad, de salvajismo, de odio y de rencores propios y ajenos, muy distante de lo que debería ser en realidad:

Brindarle voz a aquellos que más lo necesitan.

Nos leemos en dos semanas.

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