Anatomía del Candidato

Tal como Thomas Piketty dedicó sus esfuerzos a descodificar el “Capital en el siglo XXI”, yo quiero compartir con ustedes los “secretos” de cómo transformarse en “El Candidato”… Morelia, Mich., 20 de mayo 2015.- Tal como Thomas...

20 de mayo, 2015
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Tal como Thomas Piketty dedicó sus esfuerzos a descodificar el “Capital en el siglo XXI”, yo quiero compartir con ustedes los “secretos” de cómo transformarse en “El Candidato”…

Morelia, Mich., 20 de mayo 2015.- Tal como Thomas Piketty dedicó sus esfuerzos a descodificar el “Capital en el siglo XXI”, yo quiero compartir con ustedes los “secretos” de cómo transformarse en “El Candidato” en la era de la información y del marketing de masas. Aunque todos quieren ser el “Candidato”, yo confieso que quiero ser el “Asesor del candidato”, o mejor, a la manera japonesa, el “Kuromaku”, aquel que desde la retaguardia (e invisible) hace al candidato y después ejerce, realmente, el poder. Sí, además de desvendarles las “herramientas” para que se transformen en el “Candidato”, o sea en productos para consumo popular, conseguir una carrera de conferencista internacional con la remuneración en divisas de Bill Clinton o, en último caso de un Paulo Coelho , mejor.

Lo primero, es lo primero. Veamos, punto por punto, la “biblia” para moldear en la arcilla de la opinión de masas al "Candidato" moderno, mediático , elegible.

Primero, es necesario escoger un buen espécimen. No es difícil, el cacique o el hijo(a) del cacique son ideales para la transformación en “Candidato”. El “cacique”, también conocido hoy en día como el “mi líder”, es el “cuco” de la política. Tal como el cuco, el “cacique” es un “ave” que llega al territorio de la política en primavera para “criar”: comités, asociaciones, campañas, caravanas, noticias. Colonizar. O sea es un “natural”. Nos ahorra un tiempo precioso, ya que tiene “bases” de apoyo. Y, financiamiento.

En la imposibilidad de escogerlo como “cliente” de nuestro plan de marketing, optar por la ex-novia o por una de las amantes en turno del representante saliente. No solo queda el pequeño círculo interno (vulgo “comité central”) contento, pero además es un ahorro, ya que se transfieren los gastos de manutención al erario público. Sólo en último caso, usar a la esposa. Esta última posibilidad está llena de riesgos y de trampas políticas: en primero lugar, porque luego, luego ,los mal-pensados la acusan de “Juanita”; en segundo, porque normalmente son más inteligentes que su media naranja, y la comparación que hace de inmediato el elector promedio, deja al saliente con fama de pendejo. Irrecuperable para futuros ejercicios.

Después viene la transformación del espécimen seleccionado en la mariposa “popular”, llamada “Candidato”, el “ungido” por quien todos votarán con alegría y tesón el día determinado por las leyes superiores.




No es difícil parecer (ser) popular, luego no es difícil parecer (ser) el “Candidato”. Como asesores de campaña del “candidato”, todo lo que tenemos que hacer, señoras y señores, es hacerlo caminar tranquilamente por el valle de la “opinión pública”, eliminar de su trayectoria cualquier tema concreto con real importancia y obligarlo a adoptar, firmemente, el camino de la “VISIÓN”.

¡Ah, la visión! La “VISIÓN” es el secreto. No hay más. Y la “VISIÓN” va siempre de la mano con el “PROGRAMA”.

La “VISIÓN” de nuestra crisálida, que amorosamente y con detalle, transformamos en el “Candidato” siempre es la “buena”. Las otras visiones siempre son “malas” .

Éste es el metaparadigma. Éste es el secreto. Las otras reglas, son normas secundarias.

Construir el “futuro de nuestros hijos"; resguardar nuestras “tradiciones”; preservar la “herencia para las generaciones futuras”; caminar para construir “juntos el futuro”, son los ingredientes obligatorios de la “Visión” y que tienen que estar bien visibles en el “Programa”.

El “Candidato” sólo existe a través del “Verbo”. El “Verbo” es la “Visión” + el “Programa”. Ecuación final. No existe otra.

El “Verbo” se transmuta en el discurso, en la arenga, en la entrevista, en el slogan, en la frase, en el “petit mot”, en la narrativa, en el mensaje y, siempre (atención que este es el cuarto secreto de la Virgen de Fátima), siempre tiene que asegurar el titular diario en la prensa escrita (que ya nadie lee); los segundos diarios de exposición televisiva; el comentario (siempre agudo e inteligente de los “pundits”, o sea de nosotros los analistas) en la radio y, si posible una pequeña ola de agitación en el enjambre de las redes sociales.

Éste es el oxígeno que permite al “Candidato”, a nuestra criatura, aguantar las horas de campaña sin extras; los kilómetros de carretera, los besos de los niños con mocos; los abrazos de las señoras gordas y de los compadres; los insultos del otro; los memes del Facebook, los hashtag en Twitter y los videos del “uchepo volador” en YouTube.

Fortalecido con la exposición mediática y defendido por el spin comunicacional, el candidato respira el oxígeno que lo torna inmune al aburrimiento general de una campaña, disfrazado en adrenalina por las hordas de seguidores. Es lo que permite a la campaña del “Candidato” existir. Sin oxígeno, todos sabemos que no puede existir vida. Política o de otro tipo.

Regresemos, por un momento a la “VISIÓN” y entendamos su importancia.

A nuestro alrededor, el mundo tal como lo conocíamos, se derrumba, cae en pedazos: tener un trabajo es una utopía; los derechos son un sueño guajiro; el acceso a la educación, a la salud y a la justicia es tan elusivo como el Holandés Volador; la seguridad es un cuento chino y la economía un tema tabú que sólo puede ser discutida, con puerta cerrada, por los G20.

A nuestro alrededor, sobre nuestros costados y espaldas, sobre el vecino, sobre el otro, los golpes caen con sistemático ritmo.

¡Pero! Qué paz, qué alegría, qué descanso ver al “Candidato” exaltado, enérgico, empeñado, en cada esquina, en cada plaza, en cada pantalla, en cada espacio publicitario, en el medio de su gente, en la solitud del palenque, con su gente, con mi gente, adaptar sus palabras al momento y a la necesidad del momento. Materializar la “VISIÓN”.

¡Qué música para nuestros oídos! ¡Qué regalo para los ojos! ¡¡¡Verlo hablar con el humilde y el poderoso; en el ranchito y en el estudio, simultáneamente folclórico y urbano, de sombrero en Cherán, de corbata en el desayuno de empresarios, casual en Bellas-Artes!!! La transformación, la metamorfosis, se operó. El “espécimen” es el “Candidato”.

Veamos, como opera la nueva mariposa.

Cuando un individuo, una familia, una comunidad son ignorados por la autoridad, el “Candidato” es el que les abre la puerta, el zaguán de la esperanza, del futuro, que les permitirá ser parte de la “Visión”, esa que a corto plazo, el 7 de Junio, por ejemplo, los redimirá, los libertará, les dará audiencia y presencia.

Cuando el ciudadano acampa en el Zócalo, se hinca en la protesta y grita en la marcha por el Paseo de la Reforma, el “Candidato” entiende, es empático, si “tuviera 20 años menos”, lo escuchamos decir a su entorno, “estaría ahí con ustedes”. Pero, hay que ser realista. Aquí, el “Candidato” debe abrir los brazos y proclamar, a la manera de De Gaulle : “je vous ais compris”. Nadie sabe, exactamente, que entendió el “candidato”, pero cada potencial elector sentirá que tiene una línea directa al “ungido”.

El “Candidato” nacido con la “Visión”, amamantado en el “Programa”, vive a través de la “Narrativa”: es “sencillo”, viene siempre del “pueblo”, tiene “raíces", es “honesto”, “eficiente”, “incluyente”.

Y siempre, siempre con un radar ajustado al más mínimo movimiento de la “opinión pública”.

Cuidadoso en no herir sensibilidades: conservador como todos los conservadores en la misa y liberal, una pizca de liberal, “comme il faut” en la calle.

El “Candidato” hoy por hoy, es de izquierda, porque la “izquierda” viste y no sale cara, es como comprar “Zara” y soñar con “Armani”. Y si es de derechas, se afirma como del "centro”.

El “Candidato”, a la historia la maneja en la palma de sus manos.

La memoria de los viejos tiempos borrada con el Alzheimer político de los cuates y la muerte de los testigos, le deja al “Candidato” toda la libertad para ser creativo con el pasado y con la manera como éste justifica la “Visión”.

El “Candidato” no sólo hace historia; piensa que es la “historia”.

¿Y quién lo va a contradecir? ¿El periodista para quien la historia se resume a los cinco minutos del pasado reciente? ¿Las “masas populares” que son ahistóricas? ¿O el otro “Candidato”, que ya sabemos le tiene envidia porque su “Visión” no es la “buena”?

Finalmente, el “Candidato” es siempre saludable y con una larga vida. Porque todos nosotros sabemos que un buen color, un buen aspecto, unos dientes blancos y un pelo lustroso son siempre señal de una buena salud y de una larga popularidad. Si es viejo, arrugado, ojerento, ahí tenemos el photoshop y las maravillas de los colores de L'Oréal.

O sea no es difícil crear al “candidato”, porque es fácil transformar a cualquier persona en “popular” ¿Quién no quiere ser popular? ¡Que levante la mano! ¿Nadie?

Seamos sinceros, señoras y señores, todos queremos ser populares, luego, todos quieren ser “el candidato”.

Nota: Para aquellos que son demasiados serios, les dejo un aviso de navegación: este es un texto humorístico (sátira). No representa ni describe situaciones reales ni personas.

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