El Canal de Riego “Santiago-La Misión” y Nuestro Himno Nacional

Actualmente, la Comisión Nacional del Agua (CNA) es un órgano desconcentrado de la Secretaría del Medio Ambiente...

19 de abril, 2017

 

Actualmente, la Comisión Nacional del Agua (CNA) es un órgano desconcentrado de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), anteriormente SEMARNAP, cuya misión es administrar y preservar las aguas nacionales, con la participación de la sociedad para lograr el uso sustentable de ese recurso.

Su antecedente inmediato lo fue la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos (SARH), abocada al fortalecimiento de la infraestructura hidroagrícola en la producción de alimentos, antes denominada Secretaría de Recursos Hidráulicos (SRH), que se enfocó, precisamente, al desarrollo integral de tales recursos.

Siguiendo en este retroceso temporal, podemos observar que la Constitución de 1917 permitió establecer una política revolucionaria en materia de riegos y, en el año de 1926 se creó la Comisión Nacional de Irrigación (CNI) como el órgano federal encargado de aplicar esta política para mejorar las condiciones de vida del campesino, aumentando la producción agrícola nacional mediante la construcción de infraestructura hidroagrícola. Esta Comisión se dedicó en sus inicios a la construcción de grandes obras, pero a partir de 1937 su objetivo se centró en atender obras pequeñas, naciendo entonces el Departamento de Pequeña Irrigación. Su marco legal descansaba en la “Ley sobre Irrigación con Aguas Federales” (1926) y en la “Ley de Aguas de Propiedad Federal” (1834).

Respecto a la construcción de obras hidráulicas emprendidas por la CNI en nuestro estado, el entonces gobernador del Territorio Sur, Gral. Francisco J. Múgica, en su informe de labores 1942-1943 menciona: “… y en Agua Caliente, en donde la cortina de derivación y parte de los canales están construidos a la fecha, faltando una parte de ellos y las compuertas del desarenador y de admisión a los canales de riego”. Agregando el documento: “Se está trabajando en un camino de acceso para una importante obra de captación arriba de la Sierra de la Laguna que permitirá, al concluirse, aprovechar una caída de 800 H.P., y se está encauzando las aguas del arroyo de San Bartolo que permitirá asimismo irrigar 300 hectáreas y obtener una caída de agua para fuerza eléctrica”.

Según J. Múgica, estos trabajos se retrasaron por falta de personal técnico, así como por la dificultad de conseguir fierro estructural y cemento, aunado a ello la constante alza de tarifas de los barcos transportadores. Ante tal situación, estas plantas hidoeléctricas jamás se consumaron. Prácticamente, una década después, mi padre, el Ing. Clemente Ávila Muñoz, trabajando en la Dirección de Irrigación le tocó realizar algunas obras de riego en el sur del todavía Territorio.

Pero antes de continuar, permítanme decir que al investigar la evolución de los diversos organismos encargados de concretar las políticas sobre el agua, encontré una paradoja, ya que la historia oficial dice que la Comisión Nacional de Irrigación (CNI) llegó a su fin el año de 1946, y que a partir de 1947 nació la Secretaría de Recursos Hidráulicos (SRH), y que así se le llamó a tal Secretaría hasta 1976. Entonces, no me explico por qué a mediados de los años cincuenta aún se le denominaba “Dirección de Irrigación”, la cual operaba en el edificio que todavía existe sobre las calles Revolución de 1910 y Melchor Ocampo, es decir, contra esquina de la casa de la familia Castanier Arreola. Bueno, pero dejemos para otra ocasión la dilucidación de esta administrativa contradicción.

Desafortunadamente, no poseo ninguna Libreta de Tránsito ni de Secciones Transversales, que haya utilizado mi progenitor durante su actividad en el campo, no obstante, conservo un libro contable (Núm. 552, SG, 195 p.p.) donde él asentaba datos referentes al desarrollo de diversa obras. Dicho libro ocupa un lugar privilegiado en mi particular biblioteca, ya que contiene valiosa información y, me sirvió de fuente primaria para escribir estas líneas.

Uno de los trabajos que realizó mi padre fue el trazo y construcción del canal de riego “SANTIAGO-LA MISIÓN” durante el año 1954. Desconozco la longitud precisa que tuvo ese canal, pero en una hoja suelta dentro del libro citado aparece una parte del cálculo de las curvas: el P.I #14 se ubicaba en la estación 0 + 604.12 m, y el P.I # 21 en el 1 + 033.69 m. En la misma hoja se aprecia un dibujo con las especificaciones que siguen: 0.60 m de alto x 1.0 m de ancho, paredes de 0.30 m en sus parte alta y 0.42 m en la parte baja, montadas sobre una base de 0.30 m x 1.84 m.

En el susodicho libro aparecen listas de raya de las personas que en julio y agosto de 1954 prestaron “sus servicios de cooperación para la defensa de la tubería en el cruce del arroyo”. A continuación doy a conocer los nombres de estos esforzados trabajadores:

Alejandro Meza (Cabo), Alberto Márquez H., Alberto Márquez P., Alejo Estrada, Alfonso González, Ángel Meza, Apolonio Castro, Elías Orantes, Enrique Núñez C., Ernesto G. Castro, Federico Castro, Felipe Núñez, Francisco Núñez H., Gilberto Meza, Guadalupe Núñez, Higinio Estrada, Jerónimo Meza P.,  José María cosío Ceseña, José Márquez, José Núñez, José Pelatos C., Manuel Hirales, Martín Álvarez, Modesto Cota, Paciano Estrada, Pedro Rosas, Ramón Cota R., Ramón Maldonado, Raymundo Rosas, Saturnino Rosas, y la Sra. Victoria M. Vda. de Castro, quien posiblemente fungía como cocinera.

Mi amigo, el Lic. Bélmar Pimentel A. entrevistó en Santiago al señor Elías Orantes, quien aparece en la nómina expuesta. Manifestó que el canal iniciaba a un costado de lo que hoy es una vivienda de la Sra. Leticia Márquez Cosío, y terminaba en el palmar de “El Cantil”, frente a la casa del Sr. Jesús Cota Ceseña. Afirmó que esta obra llegó a beneficiar 20 hectáreas de cultivos, y que el huracán “Liza” destruyó gran parte de ese acueducto en el año 1976, dejando de funcionar desde esa fecha, y que aún existe una porción de ese canal en donde fue su inicio.

Don Elías comentó algo que yo desconocía, es decir, que en Santiago todavía funciona un canal que irriga a huertas; pasa cerca de la casa de la Sra. Esther González de Mondragón y por la del Sr. Saturnino Haro, asegurando que ese canal también lo construyó mi padre.

Pero no todo era puro trabajo en Santiago, pues todos los sábados se organizaban bailes, “y por consiguiente no podía faltar la cerveza bien fría” -soltando la risa don Elías. Además había carreras de caballos y peleas de gallos. Estos famosos bailes eran amenizados por un trío de cuerdas, integrado por don Rosendo Aguirre en el tololoche, en la guitarra don José Márquez, y en el violín don José María Cosío Ceseña –los dos últimos trabajaban en la construcción del canal, como podemos observar en la lista de trabajadores ya citada.

Con evidente nostalgia, don Elías nos dice que en aquellos años no existía servicio de energía eléctrica, por lo que los bailes los iluminaban con faroles a diesel colgados de árboles y ramadas. Recordó que durante uno de tantos bailes un farol provocó el incendio de una ramada; todos ayudaron a sofocarlo y, una vez controlado el fuego, en vez de retirarse a sus casas, las y los bailadores gritaron en coro: “¡Qué siga el baile1 ¡Que siga el baile!”

El señor Cosío continuó haciendo llorar el violín, el señor Márquez siguió regañando su guitarra, y el señor Aguirre no dejó de cachetear el tololoche. Fue así como ese inolvidable baile siguió de frente, y terminaron de bailar cuando se escuchó el triste canto de los desvelados gallos.

Iniciaba la última semana de agosto de aquel año de 1954. Faltaban pocos días para que se cumpliera un siglo de haber sido estrenado nuestro himno nacional en el “Teatro Santa Anna”, de la ciudad de México (15 de septiembre de 1854).

Regresando a las hojas del multicitado libro, entre ellas encontré un poema de mi papá escrito a lápiz, en memoria del himno y que transcribo a continuación, lleva por título “A la Conmemoración del Primer Centenario de  Nuestro Glorioso Himno Nacional”.

 

Al cumplirse el primer centenario

nuestro himno, cantemos, cantemos,

y las glorias pasadas veremos,

con amor, con lealtad… mexicanos.

 

Que la fe nos aliente seguro

a la victoria por todos querida,

que México confía en su futuro

por la sangre de sus héroes ya vertida.

 

Héroes de vida transitoria

que pelearon los mismos ideales

de tus versos, ¡Oh Himno Inmortal!

Laureados se sintieran de gloria.

 

México os rinde homenaje

al escudo que guarda sincero,

el sentir de casto lenguaje,

¡Himno Patria, serás verdadero!

 

Jaime Nunó y González Bocanegra,

si el águila del Anáhuac reviviera,

homenaje también les tributara

por el Himno que de ustedes fuera.

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