El pasado 9 de marzo de 2026, en el marco del partido inaugural del grupo B, entre Estados Unidos y México, del torneo World Baseball Classic en Houston apareció en el campo el jovencito de 11 años Mateo López vestido de charro. El hecho de que el joven hubiese cantado el himno nacional mexicano (sin olvidar la letra) habría pasado como un acontecimientos entrañable de no haber sido por el hecho de que fue designado también para cantar el himno de los Estados Unidos1.
Resulta de lo más conmovedor que una sola persona, en especial siendo tan joven, asuma con orgullo ambas nacionalidades, ante una multitud de decenas de miles de personas y los equipos representativos de ambos países. Sobra decir que la interpretación –por lo demás impecable en ambos casos– robó el corazón de los asistentes al Daikin Park, hogar de los Astros de Houston de la NBL.
Si bien Mateo nació en san Antonio Texas, en los Estados Unidos, puesto que sus padres son de origen mexicano, ha sido criado alimentando el amor y el respeto por ambas culturas.
La reflexión es evidente. En tiempos tan convulsos en lo relacionado con la migración dentro de los Estados Unidos, donde se ha agarrado parejo entre migrantes ilegales y legales para llevar a cabo deportaciones masivas y se ha generado de un estado de ánimo tan contrario a la integración de las dos culturas, el ejemplo que da, por un lado Mateo, pero por el otro los organizadores del torneo es de un enorme mérito. Alzar la voz ante la sinrazón y la injusticia en los momentos en que los hechos están ocurriendo refleja no sólo una gran sensatez sino un gran valor, tanto en lo que se refiere a la valentía como en lo que se refiere a resaltar valores deseables, como la tolerancia, la integración, el respeto a la diversidad, en oposición a radicalismo, el racismo y la intolerancia.
Si bien es un tanto irresponsable hablar de forma superficial acerca de un fenómeno tan complejo como la migración, lo que ocurre en la frontera entre ambos países –México y Estados Unidos– no está sujeto a discusión. A lo largo de las décadas ambas culturas de han fundido, dando lugar a un amplio espectro de manifestaciones culturales relacionadas con la nacionalidad, la identidad y la pertenencia. Que alguien, por muy Presidente de Estados Unidos que sea, pretenda arrogarse el derecho de destruir ese constructo cultural en evolución resulta alarmante y al mismo tiempo inútil porque, por más deportaciones que se ordenen, no parece un fenómeno reversibles porque hoy en día los Mateo López se cuentan por miles, por decenas de miles, quizá por cientos de miles.
Como dato anecdótico adicional, Mateo López es reconocido por el Guinness World Records como el cantante de mariachi más joven del mundo, habiendo obtenido el título a los cuatro años.
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(1) https://www.instagram.com/reel/DVta4SYDdiY/
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