El viernes pasado entró en vigor el decreto de Trump (Executive Order) por el cual Estados Unidos impondrá aranceles a cualquier país que provea de petróleo a Cuba. Tras la caída de Maduro, México se convirtió en el único proveedor de petróleo de Cuba. Pero parece que esto se acabó. ¿Por qué México está abandonando a Cuba?
El decreto de Trump vierte acusaciones en contra del gobierno cubano para justificar la imposición de aranceles a todo aquel país que le facilite de cualquier manera, directa o indirectamente, petróleo o cualquier producto petroquímico. Aduciendo el International Emergency Economic Powers Act (1977), considera a Cuba una amenaza para la seguridad nacional de los Estados Unidos. ¿De verdad es una amenaza?
Washington sostiene que Cuba está alineada con Rusia, China e Irán, y que coopera con esas potencias en inteligencia y defensa contra Estados Unidos. También acusa a Cuba de proteger a grupos terroristas como Hezbollah y Hamas. En el ámbito interno de la isla, la orden ejecutiva denuncia la persecución y tortura de opositores políticos, las restricciones a las libertades de expresión y prensa, la represión a la sociedad civil, el hostigamiento a las familias de presos políticos. Cuba es vista como una amenaza regional por la propagación de la ideología comunista. Finalmente, Cuba estaría promoviendo flujos migratorios y violencia contra la Unión Americana.
Después de leer la orden ejecutiva de Trump, llena de lenguaje emotivo, uno tiene la impresión de estar más ante una proclamación que frente a un instrumento jurídico. Esto lleva a cuestionar la veracidad de las acusaciones. Porque, ya sabe usted, la gente de la 4T que ama a Cuba, de inmediato dice que todo es falso y que Cuba es un ejemplo de paz, desarrollo, armonía y respeto a los derechos humanos. Por su parte, los que odian a la 4T asumen como verídicas las acusaciones sin cuestionarlas. La tarea de la inteligencia de cada quien es desentrañar, y para ello es necesario deshacerse de ideologías y prejuicios.
No existe evidencia pública y verificable que pruebe de manera concluyente la protección de Cuba a grupos terroristas. Un poco como las armas de destrucción masiva que “tenía” Irak, que nunca aparecieron, pero que fueron el pretexto para invadir ese país. Tampoco parece ser cierta la acusación de una base rusa de señales de inteligencia (“la más grande de Rusia en el mundo”, dice el documento). Estas bases se conocen como SIGINT. Sí, la Unión Soviética operó una en Cuba desde 1962, pero el gobierno ruso la cerró en 2002. No hay pruebas de que una SIGINT rusa esté activa al día de hoy en Cuba, lo cual no quiere decir que no haya espionaje e intercepción de señales. Los rusos son maestros en este terreno y lo seguirán haciendo no solo desde Cuba —ciertamente no a través de una base gigantesca—, sino desde México, desde dentro de Estados Unidos y desde cualquier punto del globo. Y también lo hacen los propios Estados Unidos, no nos engañemos.
Tampoco parece ser cierta la acusación de que Cuba promueve flujos migratorios y violencia contra los Estados Unidos. Hay migración de cubanos, y la ha habido históricamente, pero no hay evidencia de que la actual migración sea una acción orquestada por Cuba para “invadir y desestabilizar” a los Estados Unidos. Parece a todas luces una exageración, un poco como la acusación inverosímil de que México influye en las elecciones de Estados Unidos a través de sus consulados. Ni Cuba ni México tienen poder, ni siquiera para hacerle cosquillas a Estados Unidos, mucho menos para desestabilizarlo. Pero hay quienes lo creen, porque cuando una mentira se repite mil veces, millones terminan aceptándola como cierta.
Ahora bien, lo que sí es verdad y no se puede ocultar es que el gobierno cubano reprime toda clase de oposición, que la isla vive y ha vivido bajo una dictadura que no respeta las libertades ni los derechos humanos. Pero ello per se no constituye una amenaza ni una emergencia a la seguridad de los Estados Unidos, que es la razón de ser del decreto de Trump.
Y aquí viene el eterno debate. Los izquierdistas culpan a Estados Unidos de todos los males de Cuba (y de Venezuela), idealizan a los dictadores y hacen la vista gorda a la represión, muchas veces brutal y inhumana. Por su parte, los derechistas minimizan el efecto de las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos y satanizan al socialismo. Lo cierto es que Estados Unidos ha tenido una política hostil desde el día uno de la revolución, pero hoy en día no existe un bloqueo total contra la isla, sino un régimen de sanciones con múltiples excepciones comerciales.
Hay cuarenta países que comercian con Cuba. No podemos hablar de bloqueo. España tiene una notable presencia con inversiones directas en el sector turístico. China y Rusia la apoyan con tecnología, transporte e industria. Canadá tiene inversiones en minería y energía, además de ser uno de los principales emisores de turistas a la isla. Estados Unidos, aunque usted no lo crea, exporta a la isla pollo, productos agrícolas y alimentos. Es falso que Cuba esté aislada, bloqueada. Sufre sanciones, sí, pero no podemos hablar de un aislamiento. Si Cuba estuviera de verdad bloqueada, México no la habría ayudado desde que llegó Fidel Castro al poder en 1959. Hasta hace unos días, los barcos con petróleo mexicano arribaban regularmente a La Habana y otros puertos –solo en 2025, México envió petróleo a Cuba por un valor cercano a las 500 millones de dólares–. Y si bien ya no recibirá petróleo de ningún país –so pena de que tal país sufra la imposición de aranceles–, las inversiones y el intercambio chino, ruso, canadiense, español, francés, británico, etcétera, seguirá en curso.
En la práctica, el único petróleo que llegaba a Cuba era el de Venezuela y el de México. Antes lo recibió de Argelia y de Rusia. Después de la caída de Maduro, solo quedó México, así que el decreto de Trump parece un traje a la medida contra nosotros.
Si Cuba está arruinada, es más responsabilidad de la dictadura que ha padecido por décadas y de un modelo económico que no ha funcionado, que del “imperio yankee”. Para regímenes como el de Díaz-Canel o Maduro es muy cómodo culpar de sus fracasos, errores y excesos a un “imperio del mal”, cuando el verdadero mal está en casa. Uno desde fuera tendría que ser muy cándido para creer tal simplificación. Mire usted, hoy en día casi 350 empresas extranjeras operan en Cuba, según registros comerciales internacionales y cámaras de comercio. Le menciono algunas: Meliá International (España), Iberostar (España); Sherritt International (Canadá), Blue Diamond Resorts (Canadá); Nestlé (Suiza), Unilever (Reino Unido y Países Bajos), Pernod Ricard (Francia), Imperial Brands (Reino Unido)… y un largo etcétera, tan largo como casi 350 empresas. Así que lo del aislamiento a Cuba es un mito, un cuento que solo personas muy ideologizadas se creen.
México es un país que se dice humanista, o al menos eso clama su gobierno. ¿Por qué, entonces, apoya a un régimen que no respeta la libertad ni los derechos humanos? México ha apoyado a Cuba, incluso bajo los dos gobiernos panistas (Fox y Calderón). El PRI clamaba ser un partido “revolucionario”, y por eso desde los años 1960 apoyó “románticamente” a Cuba. Esa inercia sigue hasta nuestros días, más aún con un movimiento, como lo es la 4T, que tiene ciertas afinidades ideológicas con el socialismo, aunque en la práctica esté resultando ser uno de los gobiernos más pro-Estados Unidos que ha tenido México –a la par o incluso más que el de Juárez–.
Hay que distinguir entre apoyar al pueblo cubano y sostener a un dictador. Si México ayuda a Cuba no es para sostener a la dictadura, aunque ese sea el efecto nocivo e inevitable que se genera. Hay que apoyar a Cuba por razones humanitarias. México lo ha hecho enviando petróleo, contratando médicos e implementando un número amplio de acuerdos culturales, científicos y educativos. Apoyar a Cuba no significa romper el “humanismo” del que tanto presume el gobierno mexicano. Cuba sin petróleo quedaría en una situación económica y humanitaria crítica. No habrá electricidad, no habrá nada más que miseria y hambre. Podrá decirse que eso ya existe en Cuba, pero dejarla sin petróleo es condenarla a una crisis humanitaria de grandes magnitudes. Ninguna persona de buena voluntad podría desear eso. Al dictador y a la cúpula no les faltará nada y seguirán disfrutando una vida de lujo, boato, pompa y opulencia. Es el pueblo cubano el que sufrirá.
Tucídides tenía razón –y no lo digo porque lo haya citado Carney en su ya célebre discurso de Davos, sino porque una de las líneas de investigación académica que he desarrollado ha sido la de las ideas griegas sobre la justicia–: en las relaciones internacionales (las guerras entre polis, o ciudades-estado) se impone el más fuerte, explicaba el general ateniense en “Historia de la Guerra del Peloponeso”. Y eso es lo que está ocurriendo ahora mismo. Si México envía petróleo, sufrirá aranceles. Ante esto, con espíritu práctico, la presidenta Sheinbaum “sacrifica” a Cuba, pero a cambio beneficia a los productores y a la manufactura mexicana. ¿Es esto vergonzoso? Yo creo que no. El principal objetivo de cualquier presidente mexicano debe ser el interés de México y el bienestar de los mexicanos, no el bienestar de Cuba o de cualquier otro país, aunque suene egoísta decirlo; y menos habiendo tanto necesidad en nuestro suelo.
Sin dejar de subrayar la ayuda humanitaria que requiere Cuba, México se ciñe al decreto de Trump y opta por la vía diplomática para restablecer lo antes posible la ayuda humanitaria, no solo de México, sino del mismo Estados Unidos. Ha sugerido Claudia Sheinbaum que sea Estados Unidos quien provea de petróleo a Cuba. No se ría usted, la idea no es nada mala. En suma: no más petróleo mexicano a Cuba, al menos por el momento. ¿Pragmatismo de Sheinbaum o coerción de Trump? Hay un poco de los dos. Los opositores de la 4T dicen que Trump dobló a Sheinbaum, cuando si por los opositores fuera, no darían, ya no digamos petróleo, sino ni el saludo a Cuba. Así que deberían estar felices con la presidenta y con un gobierno que ha mostrado ser altamente pro-Estados Unidos.
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