Mejor una boca que dos bocas

Quiero referirme hoy aquí a Gustavo Díaz Ordaz desde el punto de vista del Partido Liberal del siglo XIX,  que tanto apasiona al actual presidente de la República. Gustavo Díaz Ordaz era bisnieto del héroe liberal oaxaqueño,...

23 de septiembre, 2020

Quiero referirme hoy aquí a Gustavo Díaz Ordaz desde el punto de vista del Partido Liberal del siglo XIX,  que tanto apasiona al actual presidente de la República.

Gustavo Díaz Ordaz era bisnieto del héroe liberal oaxaqueño, Jose María Díaz Ordaz, que luchó al frente de las fuerzas liberales contra los conservadores durante la Guerra de Reforma. Su padre, Ramón Díaz Ordaz, tuvo una carrera política discreta. Entre sus cargos destaca el de jefe político de Chalchicomula (Puebla), lugar donde nació el futuro presidente de México, Gustavo Díaz Ordaz.

Don Gustavo Díaz Ordaz se caracterizaba por  su extraordinaria seriedad que no era ajena a un agudo sentido del humor que desplegaba con velocidad y precisión.

En una ocasión, durante una entrevista, una reportera le preguntó: “Señor candidato, ¿es verdad que ustedes los poblanos tienen dos caras?”. Díaz Ordaz le respondió de inmediato, soltando una carcajada espontanea al tiempo que le decía: “¿Cree usted señorita que si yo tuviera otra casa, usaría esta?”.

Yo tuve la oportunidad y el honor de conocer a don Gustavo Díaz Ordaz, gracias a otro don Gustavo: El Doctor Baz Prada de quien tuve el privilegio de ser discípulo y amigo durante más de 25 años.

Cuando conocí a don Gustavo Díaz Ordaz, era yo un joven de escasos 19 años, y él recién había terminado su sexenio. Al acercarme a saludarlo, me dirigí a él diciéndole: “Mucho gusto, Señor Presidente”. Él me dijo que ya no era presidente, a lo cual yo le dije: “Por desgracia, Señor Presidente”. Pude percatarme de su emoción porque se le arrasaron los ojos con lágrimas, al tiempo que don Gustavo Baz me decía que me fuera a vestir y que me les uniera para desayunar.

Antes de aquel primer encuentro, había escuchado al Presidente Díaz Ordaz dirigirse a sus compatriotas por radio y por televisión en los días del llamado Movimiento Estudiantil de 1968. Aunque era yo entonces muy joven, algo dentro de mí me hacía ver en aquel hombre a un patriota vehemente, a un presidente profundamente preocupado por el inmenso problema que él veía desde una perspectiva que solamente un estadista serio puede ver.

Jamás denostó a los estudiantes ni a los maestros universitarios; nunca les puso apodos ni calificativos peyorativos. No olvido cuando dijo que su mano estaba tendida, ofreciendo que “la chocaran”. No olvido cuando desde Guadalajara hizo un llamado a la concordia,  advirtiendo que nadie se llamara a engaño;  que lo que tuviera que hacer lo haría; que hasta donde tuviera que llegar llegaría para preservar la seguridad y la dignidad de la patria. Y yo se lo creía y se lo sigo creyendo.

Un hombre que como él pudo asumir públicamente la responsabilidad jurídica, política, histórica y personal por los acontecimientos de 1968, no es del tipo de chacal que embosque inocentes en una plaza dejándolos a merced de francotiradores clandestinos.

Sin embargo, no escurrió el bulto, ni evadió su responsabilidad, ni constituyó “fiscalías autónomas”, ni hacia rifas que no eran rifas,  ni ofendía a los estudiantes ni a sus líderes. Era un mexicano que miraba de frente con reciedumbre y claridad. Era un mexicano de histórico abolengo LIBERAL; liberal de pólvora y fuego a diferencia de  Juárez, el santón elevado sobre el pedestal falso de la masonería traicionera.

Corría por sus venas sangre de soldados mexicanos y por el inmenso respeto que tenía por nuestras fuerzas armadas, jamás las hubiera manchado convirtiéndolas en sicarios. Su Secretario de la Defensa Nacional fue un GENERAL de verdad, Don Marcelino García Barragán, que no era un cortesano ni un soldadito de escritorio, sino un general que se ganó su rango por méritos en combate.

En algún momento durante los disturbios de 1968 (que ocurrieron en muchas otras partes del mundo “casualmente”), los gringos le ofrecieron la Presidencia a Don Marcelino García Barragán, que los rechazó y los mandó al demonio con cajas destempladas. 

No es casualidad que tres años después de la noche del 2 de octubre de 1968, el jueves de Corpus Christi, el  10 de junio de 1971, Luis Echeverría repitiera el mismo modus operandi de Tlaltelolco, dejando claramente a la vista que Díaz Ordaz no fue el autor de esa masacre; de una de esas masacres que al actual presidente de México le dan tanta risa.

Díaz Ordaz no era hombre de caprichos ni ocurrencias; no se hacía pasar por algo que no fuera. Casi no hablaba en público y por eso, su palabra tenía credibilidad y un peso moral y político que subsiste hasta hoy. Don Gustavo Díaz Ordaz era un hombre de palabra; de una sola palabra, no de palabrería. Se podía confiar en él, porque no aparentaba ni fingía.

Era un rival formidable, pero un rival que solamente luchaba de frente, como cuando dijo que nadie tenía fueros contra México. No olvido su emoción durante un discurso cuando dijo: “La injuria no me llega; la calumnia no me toca; el odio no ha nacido en mí”.

No era capaz de hipocresía. Era un hombre físicamente feo que conocía los chistes que se hacían con motivo de su dentadura prominente; pero tenía solamente UNA BOCA que para hablar con México y de México, es mucho mejor que tener DOS BOCAS, dos versiones, dos salidas,  o dos mentiras más siempre a la mano.

 ___________________________________

[email protected]

 

Comentarios


object(WP_Query)#18695 (52) { ["query"]=> array(5) { ["cat"]=> int(15) ["posts_per_page"]=> int(2) ["orderby"]=> string(4) "rand" ["post__not_in"]=> array(1) { [0]=> int(29546) } ["date_query"]=> array(1) { [0]=> array(3) { ["after"]=> string(10) "31-12-2022" ["before"]=> string(10) "28-01-2023" ["inclusive"]=> bool(true) } } } ["query_vars"]=> array(66) { ["cat"]=> int(15) ["posts_per_page"]=> int(2) ["orderby"]=> string(4) "rand" ["post__not_in"]=> array(1) { [0]=> int(29546) } ["date_query"]=> array(1) { [0]=> array(3) { ["after"]=> string(10) "31-12-2022" ["before"]=> string(10) "28-01-2023" ["inclusive"]=> bool(true) } } ["error"]=> string(0) "" ["m"]=> string(0) "" ["p"]=> int(0) ["post_parent"]=> string(0) "" ["subpost"]=> string(0) "" ["subpost_id"]=> string(0) "" ["attachment"]=> string(0) "" ["attachment_id"]=> int(0) ["name"]=> string(0) "" ["pagename"]=> string(0) "" ["page_id"]=> int(0) ["second"]=> string(0) "" ["minute"]=> string(0) "" ["hour"]=> string(0) "" ["day"]=> int(0) ["monthnum"]=> int(0) ["year"]=> int(0) ["w"]=> int(0) ["category_name"]=> string(18) "opinion-y-analisis" ["tag"]=> string(0) "" ["tag_id"]=> string(0) "" ["author"]=> string(0) "" ["author_name"]=> string(0) "" ["feed"]=> string(0) "" ["tb"]=> string(0) "" ["paged"]=> int(0) ["meta_key"]=> string(0) "" ["meta_value"]=> string(0) "" ["preview"]=> string(0) "" ["s"]=> string(0) "" ["sentence"]=> string(0) "" ["title"]=> string(0) "" ["fields"]=> string(0) "" ["menu_order"]=> string(0) "" ["embed"]=> string(0) "" ["category__in"]=> array(0) { } ["category__not_in"]=> array(0) { } ["category__and"]=> array(0) { } ["post__in"]=> array(0) { } ["post_name__in"]=> array(0) { } ["tag__in"]=> array(0) { } ["tag__not_in"]=> array(0) { } ["tag__and"]=> array(0) { } ["tag_slug__in"]=> array(0) { } ["tag_slug__and"]=> array(0) { } ["post_parent__in"]=> array(0) { } ["post_parent__not_in"]=> array(0) { } ["author__in"]=> array(0) { } ["author__not_in"]=> array(0) { } ["ignore_sticky_posts"]=> bool(false) ["suppress_filters"]=> bool(false) ["cache_results"]=> bool(true) ["update_post_term_cache"]=> bool(true) ["update_menu_item_cache"]=> bool(false) ["lazy_load_term_meta"]=> bool(true) ["update_post_meta_cache"]=> bool(true) ["post_type"]=> string(0) "" ["nopaging"]=> bool(false) ["comments_per_page"]=> string(2) "50" ["no_found_rows"]=> bool(false) ["order"]=> string(0) "" } ["tax_query"]=> object(WP_Tax_Query)#18691 (6) { ["queries"]=> array(1) { [0]=> array(5) { ["taxonomy"]=> string(8) "category" ["terms"]=> array(1) { [0]=> int(15) } ["field"]=> string(7) "term_id" ["operator"]=> string(2) "IN" ["include_children"]=> bool(true) } } ["relation"]=> string(3) "AND" ["table_aliases":protected]=> array(1) { [0]=> string(21) "rt_term_relationships" } ["queried_terms"]=> array(1) { ["category"]=> array(2) { ["terms"]=> array(1) { [0]=> int(15) } ["field"]=> string(7) "term_id" } } ["primary_table"]=> string(8) "rt_posts" ["primary_id_column"]=> string(2) "ID" } ["meta_query"]=> object(WP_Meta_Query)#18693 (9) { ["queries"]=> array(0) { } ["relation"]=> NULL ["meta_table"]=> NULL ["meta_id_column"]=> NULL ["primary_table"]=> NULL ["primary_id_column"]=> NULL ["table_aliases":protected]=> array(0) { } ["clauses":protected]=> array(0) { } ["has_or_relation":protected]=> bool(false) } ["date_query"]=> object(WP_Date_Query)#18692 (5) { ["queries"]=> array(4) { [0]=> array(6) { ["after"]=> string(10) "31-12-2022" ["before"]=> string(10) "28-01-2023" ["inclusive"]=> bool(true) ["column"]=> string(9) "post_date" ["compare"]=> string(1) "=" ["relation"]=> string(3) "AND" } ["column"]=> string(9) "post_date" ["compare"]=> string(1) "=" ["relation"]=> string(3) "AND" } ["relation"]=> string(3) "AND" ["column"]=> string(18) "rt_posts.post_date" ["compare"]=> string(1) "=" ["time_keys"]=> array(14) { [0]=> string(5) "after" [1]=> string(6) "before" [2]=> string(4) "year" [3]=> string(5) "month" [4]=> string(8) "monthnum" [5]=> string(4) "week" [6]=> string(1) "w" [7]=> string(9) "dayofyear" [8]=> string(3) "day" [9]=> string(9) "dayofweek" [10]=> string(13) "dayofweek_iso" [11]=> string(4) "hour" [12]=> string(6) "minute" [13]=> string(6) "second" } } ["request"]=> string(503) " SELECT SQL_CALC_FOUND_ROWS rt_posts.ID FROM rt_posts LEFT JOIN rt_term_relationships ON (rt_posts.ID = rt_term_relationships.object_id) WHERE 1=1 AND ( ( rt_posts.post_date >= '2022-12-31 00:00:00' AND rt_posts.post_date <= '2023-01-28 00:00:00' ) ) AND rt_posts.ID NOT IN (29546) AND ( rt_term_relationships.term_taxonomy_id IN (15) ) AND ((rt_posts.post_type = 'post' AND (rt_posts.post_status = 'publish'))) GROUP BY rt_posts.ID ORDER BY RAND() LIMIT 0, 2 " ["posts"]=> array(2) { [0]=> object(WP_Post)#18694 (24) { ["ID"]=> int(88117) ["post_author"]=> string(3) "132" ["post_date"]=> string(19) "2023-01-24 13:35:24" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2023-01-24 18:35:24" ["post_content"]=> string(7519) "¿Es verdad el relato que nos cuenta sobre el pasado glorioso y que el futuro nos depara otra época dorada, como en aquellos tiempos, nos adormece e impide reconocer cuando nos acercamos al abismo? Por supuesto que no. Afirmarlo ignora cómo funciona nuestro cerebro. La neurociencia ha descubierto que uno de los hemisferios de nuestro cerebro tiene la función de captar el mundo físico. Millones de señales de lo que nos rodea se registran cada instante en esa parte de nuestra cabeza. La información que percibe carece de orden y sentido. El otro hemisferio recibe la información y trata de darle coherencia y dirección mediante la elaboración de una historia. A esa parte se le conoce como el cerebro narrador. De esta manera, al ordenar la información recibida, se da un sentido a nuestro proceder y, aún más importante, a nuestra vida. Es la forma en que las personas logramos sobrevivir al caos de la vida. Por ello los historias-relatos son tan significativos. Su relevancia es mayor en épocas en las que nuestras viejas certezas se desvanecen al dejar de explicar a nuestro mundo, como sucede en nuestros días. Los cambios sistémicos, aquellos que trastocan nuestra vida cotidiana y, por tanto a nuestras creencias, son multicausales. Y una de sus características es que destruyen a las viejas formas de reproducción social. En México, por ejemplo, la insolvencia del gobierno de los años ochenta indujo a una serie de reformas en la economía, política, policía, la justicia y el narcotráfico. Y el Estado abandonó su responsabilidad pública. El resultado es un maremágnum. Al colapsar ese antiguo orden nos embargan el desconcierto y la angustia. Tiene una explicación: miles de personas perdieron su forma de vida y van a la deriva. La misma neurociencia nos dice que esos sentimientos activan los resortes de supervivencia: temor y huida frente a un enemigo. En ese estado de ánimo, en el desamparo y sin brújula, una nueva fábula sostiene que el pasado fue mejor y nos promete un futuro luminoso. Nos enganchamos. Por cierto, no se trata de que seamos tontos ni necios. Buscamos un asidero y nuestro cerebro le da sentido al relato que nos da esperanza. La condición humana es incomprensible “sin la narración de historias”, explica Will Storr, en La ciencia de contar historias, un libro por demás sugerente y respaldado por los nuevos descubrimientos de la neurociencia. En efecto, como sostiene el autor, las personas somos narraciones. Es lo que nos hace humanos. El propósito de las fábulas es tener una visión compartida del mundo que nos rodea para lograr la cooperación y la gobernanza. Michael Foucault cuando teorizó sobre la biopolítica soslayó que el hombre requiere del relato para que las personas unan esfuerzos en la consecución de fines comunes, cuyo propósito es la supervivencia. Para Foucault, el desarrollo y el triunfo del capitalismo no habrían sido posibles sin el control disciplinario llevado a cabo por el bio-poder que ha creado mediante una serie de tecnologías adecuadas para hacer a los «cuerpos dóciles» y así regir. Giorgio Agamben en Homo Sacer precisa que la biopolítica es más antigua y nace con el desarrollo del individuo y el Estado moderno. La biopolítica, muestra este filósofo italiano contemporáneo, es el punto de encuentro entre la historia personal del hombre, su ser biológico con la política, su ser social, es decir la relación con los otros hombres. Se trata de la cooperación, del arte de acordar, negociar, comerciar, convivir, aceptar las diferencias. Para hacer posible todo esto, las creencias comunes son el instrumento que hacen posible la convivencia y la cooperación. Y justamente esa es la función del relato. En El fuego y el relato, Agamben sugiere que la literatura, el relato, es el puente que vincula y fusiona a las personas con la política y entrelaza la convivencia pública con el gobierno. El origen del relato es la religión, aunque ahora secularizado ya nadie lo identifica ni tiene idea de su evolución hasta llegar a ser lo que es hoy en día: un lugar común. Esas creencias fundacionales son las que forjaron las cosmogonías que nos gobiernan, la moral, las costumbres, las leyes e instituciones modernas. No parece que se esté ante poderes superiores que nos manipulan. El relato es nuestro norte. Por eso es tan relevante. Y en tiempos de alto estrés provocados por cambios disruptivos que desajustan nuestras vidas, como la pérdida de estatus, de empleo, del negocio, por la injusticia, la desigualdad, la inseguridad (física, patrimonial y psicológica), el relato cobra una relevancia crucial. Así que quien logra fabular una buena historia, acorde con nuestras creencias, hace las veces de un encantador. Este es el caso de México, de Estados Unidos y de tantos otros países. Ahora sabemos que el cerebro simplifica los millones de bits de información que procesamos por segundo y esa información sin coherencia la convierte en una narrativa que le da sentido y la sensación de que tenemos el control de las cosas. Para lograr este proceso el cerebro narrador establece un sistema causal: de causa y efecto. Y eso es lo que saben hacer bien los líderes populistas. Estos liderazgos entienden que sufrimos porque perdimos el Paraíso que fue el país en el pasado y nos venden un futuro de retorno al Edén. No obstante, los liderazgos populistas tienen una gran carencia: solamente logran aglutinar los miedos, las fobias, las angustias sin darles cauce. Sus gobiernos se niegan a convertir al Estado en garante de último recurso de nuestra seguridad física, patrimonial y económica. En lugar de sentar las bases para forjar un Estado social y de derechos dejan a las personas a su suerte, achacando sus desgracias a su mala suerte, a fuerzas sobrenaturales o a la confabulación de hombres malvados que quieren desestabilizar a sus gobiernos. Por desgracia el círculo se retroalimenta: la zozobra y la angustia existencial no ceden, pero fortalecen el relato populista. La precariedad, es decir, la enorme desigualdad social, es el alimento del relato populista: la inseguridad física (hoy vivimos, mañana una bala o un accidente nos siega la vida) y patrimonial (mañana un ladrón nos despoja de nuestros bienes o salario); la inestabilidad laboral y de ingresos (hoy tenemos empleo y comemos, quizá mañana no); la falta de un sistema universal de salud nos condena a la ruina porque debemos solventar una enfermedad penosa… El Estado nos abandonó. Es la gran renuncia a la política. El desafío que plantea el relato populista es enorme. Y los riesgos que plantea a la gobernanza y el futuro son igualmente desafiantes. La resistencia es importante, pero insuficiente. Se requiere un antídoto. Y ese antídoto solamente es otro relato. Un relato que a partir de las penurias, angustias y carencias de los mexicanos ofrezca empatía y una ruta para hacer que la política sea el medio para asegurar el bienestar. Garantizar la cooperación y la gobernanza requiere un nuevo relato." ["post_title"]=> string(32) "El desafío del relato populista" ["post_excerpt"]=> string(134) "Los liderazgos populistas tienen una gran carencia: solamente logran aglutinar los miedos, las fobias, las angustias sin darles cauce." ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(6) "closed" ["ping_status"]=> string(6) "closed" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(31) "el-desafio-del-relato-populista" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2023-01-24 13:35:24" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2023-01-24 18:35:24" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=88117" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } [1]=> object(WP_Post)#18722 (24) { ["ID"]=> int(87358) ["post_author"]=> string(3) "132" ["post_date"]=> string(19) "2023-01-03 11:59:14" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2023-01-03 16:59:14" ["post_content"]=> string(7263) "A cuatro años de distancia quizá sea pertinente hacer un balance preliminar de algunas políticas y decisiones relevantes del gobierno federal. El propósito es intentar entrever sus principales efectos sobre el bienestar de los mexicanos. Abordaré sucintamente los siguientes tópicos que considero importantes por su impacto a corto y largo plazo: entramado legal e institucional; informalidad; salarios; salud, entre otros. El común denominador que tienen todos estos factores es la subversión del estado de cosas del país (status quo). Por ello creo decisivo trazar las principales líneas de esos cambios y sus posibles consecuencias. Mi hipótesis es que no sin razón, el presidente desconfía de las leyes e instituciones que rigen a México. Ya son clásicas dos de sus frases: “Al diablo con sus instituciones” y “No me salgan con que la ley es la ley”. Es sabido que en buena medida el tramado institucional y legal responde a los intereses de las élites, y en particular de la oligarquía plutocrática. El fenómeno es universal, no privativo de México. Por ello hay un enorme descontento y desafecto con la democracia. En este contexto, la respuesta de la gente ha sido elegir como gobernantes a hombres carismáticos, cuyo propósito ha sido concentrar el poder. En nuestro caso, y a sabiendas de los vaivenes de la política de un sexenio a otro, el presidente ha otorgado al ejército sus obras emblemáticas. Con esa medida pretende evitar su privatización o que las dejen morir de inanición. Así supone que serán salvaguardadas de leyes que pueden ser cambiadas por mayorías obsecuentes en el Congreso o vendidas y arruinadas por otro jefe del Ejecutivo. A eso ha llevado la desconfianza presidencial en las instituciones y las leyes. Lo adecuado habría sido un nuevo diseño institucional y favorecer la participación ciudadana en decisiones de interés colectivo. Al asignarlas al ejército, de facto se privatizan: serán manejadas de acuerdo con los intereses de la corporación militar y no del interés público o de la nación. Buena parte del esfuerzo presidencial ha sido debilitar a las instituciones y los contrapesos del poder. Tales son los casos de la misma Constitución, que si no puede modificarla, cambia las leyes secundarias sin importar que violen a la ley superior; la Suprema Corte de justicia mediante la destitución de un ministro (por cierto corrupto) y la cooptación mediante nombramiento de ministros o la intimidación; la misma suerte le espera al INE y a otros órganos autónomos, como la CNDH, por mencionar dos casos emblemáticos. La ley fundamental y las leyes secundarias, así como de estas estructuras institucionales requieren cambios sustanciales para fortalecerlas. Su destrucción o desmantelamiento van a lastimar a quien dice proteger: a los pobres. La ley se ideó para evitar la arbitrariedad y establecer un mínimo de condiciones para que el más fuerte, poderoso o rico no aplaste a los menos pudientes. Igualmente es la guía y el soporte que hace posible la convivencia pacífica. De esta manera, el riesgo de destruir las leyes y las instituciones puede desembocar en una crisis política y violencia. Ciertamente las leyes y las instituciones tienen muchos sesgos, pero lo que se requiere es una ingeniería constitucional e institucional para que respondan al interés general, sin menoscabo de las minorías. El fin es evitar la concentración del poder y la riqueza en pocas manos. Ganan los poderosos si se devastan leyes e instituciones en vez de mejorarlas. La devastación institucional, ya de por sí preocupante por los riesgos de violencia y anarquía que corre nuestro país y agravada por el dominio territorial de bandas delincuenciales en zonas muy amplias del territorio nacional, también se extiende al ámbito económico. Cabe decir primero que el presidente ha impulsado cosas trascendentales en el salario mínimo y el outsourcing o subcontratación de trabajadores por terceros que los despojan de derechos y en los hechos son una especie de esclavos modernos que precariza el trabajo. En cuanto al salario mínimo, su incremento ha sido espectacular. ¿Quién en su sano juicio estaría en desacuerdo en estos cambios tan nobles y notables? No obstante, pongamos en perspectiva los cambios. Una vieja ley establece que cuando una variable se mueve las otras también se alteran. En efecto, la mejoría del salario -aunque sin parangón es aún insuficiente para adquirir la canasta básica- tiene algunos aspectos que vale la pena valorar para poner en su justa dimensión sus beneficios. Como es sabido, en México la mayoría de los establecimientos empresariales son micronegocios y pequeñas empresas. Un salario mínimo mayor representa una onerosa carga para su supervivencia, en particular para las empresas formales, pues suben pagos al IMSS, bonificaciones como prima vacacional, aguinaldo y reparto de utilidades. Estos factores obligan a muchas empresas a refugiarse en la informalidad, en donde todos pierden: los emprendedores, trabajadores y consumidores. Para que decisiones como el aumento al salario mínimo no induzcan a las pymes a la economía clandestina es menester acompañarlas con una batería de políticas públicas, tales como un eficaz sistema de salud universal que no implique un gasto insostenible, así como estímulos fiscales. El caso es que cuando se mueve una pieza sin atender a todo el entramado económico termina haciéndose daño en lugar de beneficiar a los más pobres que perciben un salario mínimo. Si el gobierno se proponía fortalecer lo público sobre lo privado, los indicios apuntan a que está ocurriendo lo contrario. Quizá donde se puede observar con mayor nitidez cómo se fortalecen los mercados privados y muchas veces mercados negros, es el sector salud. La mayor debilidad del sistema público sanitario, de por sí en condiciones críticas, a consecuencia de los cambios realizados por el gobierno federal han sido el fortalecimiento de los consultorios privados, primordialmente los de los adyacentes a las farmacias. Y la escasez de medicamentos que se padece ha favorecido el contrabando, la falsificación y venta de productos caducos. Florecen la informalidad y los mercados negros cuando falta planeación, previsión y se introducen cambios parciales. En suma, el debilitamiento de las leyes y de las instituciones, así como políticas públicas realizadas con buenas intenciones pero sin una visión integral, están socavando sustancialmente la viabilidad del país. A este complejo panorama se suma la transición presidencial, la posible recesión de la economía de Estados Unidos, nuestro motor económico tanto por las exportaciones y los flujos de remesas y divisas por turismo. Y ni hablar de la violencia creciente. Se avecinan tiempos nublados." ["post_title"]=> string(32) "Un derrotero incierto de México" ["post_excerpt"]=> string(208) "El debilitamiento de las leyes y de las instituciones, así como políticas públicas realizadas con buenas intenciones pero sin una visión integral, están socavando sustancialmente la viabilidad del país." ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(6) "closed" ["ping_status"]=> string(6) "closed" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(31) "un-derrotero-incierto-de-mexico" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2023-01-03 11:59:14" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2023-01-03 16:59:14" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=87358" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } } ["post_count"]=> int(2) ["current_post"]=> int(-1) ["in_the_loop"]=> bool(false) ["post"]=> object(WP_Post)#18694 (24) { ["ID"]=> int(88117) ["post_author"]=> string(3) "132" ["post_date"]=> string(19) "2023-01-24 13:35:24" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2023-01-24 18:35:24" ["post_content"]=> string(7519) "¿Es verdad el relato que nos cuenta sobre el pasado glorioso y que el futuro nos depara otra época dorada, como en aquellos tiempos, nos adormece e impide reconocer cuando nos acercamos al abismo? Por supuesto que no. Afirmarlo ignora cómo funciona nuestro cerebro. La neurociencia ha descubierto que uno de los hemisferios de nuestro cerebro tiene la función de captar el mundo físico. Millones de señales de lo que nos rodea se registran cada instante en esa parte de nuestra cabeza. La información que percibe carece de orden y sentido. El otro hemisferio recibe la información y trata de darle coherencia y dirección mediante la elaboración de una historia. A esa parte se le conoce como el cerebro narrador. De esta manera, al ordenar la información recibida, se da un sentido a nuestro proceder y, aún más importante, a nuestra vida. Es la forma en que las personas logramos sobrevivir al caos de la vida. Por ello los historias-relatos son tan significativos. Su relevancia es mayor en épocas en las que nuestras viejas certezas se desvanecen al dejar de explicar a nuestro mundo, como sucede en nuestros días. Los cambios sistémicos, aquellos que trastocan nuestra vida cotidiana y, por tanto a nuestras creencias, son multicausales. Y una de sus características es que destruyen a las viejas formas de reproducción social. En México, por ejemplo, la insolvencia del gobierno de los años ochenta indujo a una serie de reformas en la economía, política, policía, la justicia y el narcotráfico. Y el Estado abandonó su responsabilidad pública. El resultado es un maremágnum. Al colapsar ese antiguo orden nos embargan el desconcierto y la angustia. Tiene una explicación: miles de personas perdieron su forma de vida y van a la deriva. La misma neurociencia nos dice que esos sentimientos activan los resortes de supervivencia: temor y huida frente a un enemigo. En ese estado de ánimo, en el desamparo y sin brújula, una nueva fábula sostiene que el pasado fue mejor y nos promete un futuro luminoso. Nos enganchamos. Por cierto, no se trata de que seamos tontos ni necios. Buscamos un asidero y nuestro cerebro le da sentido al relato que nos da esperanza. La condición humana es incomprensible “sin la narración de historias”, explica Will Storr, en La ciencia de contar historias, un libro por demás sugerente y respaldado por los nuevos descubrimientos de la neurociencia. En efecto, como sostiene el autor, las personas somos narraciones. Es lo que nos hace humanos. El propósito de las fábulas es tener una visión compartida del mundo que nos rodea para lograr la cooperación y la gobernanza. Michael Foucault cuando teorizó sobre la biopolítica soslayó que el hombre requiere del relato para que las personas unan esfuerzos en la consecución de fines comunes, cuyo propósito es la supervivencia. Para Foucault, el desarrollo y el triunfo del capitalismo no habrían sido posibles sin el control disciplinario llevado a cabo por el bio-poder que ha creado mediante una serie de tecnologías adecuadas para hacer a los «cuerpos dóciles» y así regir. Giorgio Agamben en Homo Sacer precisa que la biopolítica es más antigua y nace con el desarrollo del individuo y el Estado moderno. La biopolítica, muestra este filósofo italiano contemporáneo, es el punto de encuentro entre la historia personal del hombre, su ser biológico con la política, su ser social, es decir la relación con los otros hombres. Se trata de la cooperación, del arte de acordar, negociar, comerciar, convivir, aceptar las diferencias. Para hacer posible todo esto, las creencias comunes son el instrumento que hacen posible la convivencia y la cooperación. Y justamente esa es la función del relato. En El fuego y el relato, Agamben sugiere que la literatura, el relato, es el puente que vincula y fusiona a las personas con la política y entrelaza la convivencia pública con el gobierno. El origen del relato es la religión, aunque ahora secularizado ya nadie lo identifica ni tiene idea de su evolución hasta llegar a ser lo que es hoy en día: un lugar común. Esas creencias fundacionales son las que forjaron las cosmogonías que nos gobiernan, la moral, las costumbres, las leyes e instituciones modernas. No parece que se esté ante poderes superiores que nos manipulan. El relato es nuestro norte. Por eso es tan relevante. Y en tiempos de alto estrés provocados por cambios disruptivos que desajustan nuestras vidas, como la pérdida de estatus, de empleo, del negocio, por la injusticia, la desigualdad, la inseguridad (física, patrimonial y psicológica), el relato cobra una relevancia crucial. Así que quien logra fabular una buena historia, acorde con nuestras creencias, hace las veces de un encantador. Este es el caso de México, de Estados Unidos y de tantos otros países. Ahora sabemos que el cerebro simplifica los millones de bits de información que procesamos por segundo y esa información sin coherencia la convierte en una narrativa que le da sentido y la sensación de que tenemos el control de las cosas. Para lograr este proceso el cerebro narrador establece un sistema causal: de causa y efecto. Y eso es lo que saben hacer bien los líderes populistas. Estos liderazgos entienden que sufrimos porque perdimos el Paraíso que fue el país en el pasado y nos venden un futuro de retorno al Edén. No obstante, los liderazgos populistas tienen una gran carencia: solamente logran aglutinar los miedos, las fobias, las angustias sin darles cauce. Sus gobiernos se niegan a convertir al Estado en garante de último recurso de nuestra seguridad física, patrimonial y económica. En lugar de sentar las bases para forjar un Estado social y de derechos dejan a las personas a su suerte, achacando sus desgracias a su mala suerte, a fuerzas sobrenaturales o a la confabulación de hombres malvados que quieren desestabilizar a sus gobiernos. Por desgracia el círculo se retroalimenta: la zozobra y la angustia existencial no ceden, pero fortalecen el relato populista. La precariedad, es decir, la enorme desigualdad social, es el alimento del relato populista: la inseguridad física (hoy vivimos, mañana una bala o un accidente nos siega la vida) y patrimonial (mañana un ladrón nos despoja de nuestros bienes o salario); la inestabilidad laboral y de ingresos (hoy tenemos empleo y comemos, quizá mañana no); la falta de un sistema universal de salud nos condena a la ruina porque debemos solventar una enfermedad penosa… El Estado nos abandonó. Es la gran renuncia a la política. El desafío que plantea el relato populista es enorme. Y los riesgos que plantea a la gobernanza y el futuro son igualmente desafiantes. La resistencia es importante, pero insuficiente. Se requiere un antídoto. Y ese antídoto solamente es otro relato. Un relato que a partir de las penurias, angustias y carencias de los mexicanos ofrezca empatía y una ruta para hacer que la política sea el medio para asegurar el bienestar. Garantizar la cooperación y la gobernanza requiere un nuevo relato." ["post_title"]=> string(32) "El desafío del relato populista" ["post_excerpt"]=> string(134) "Los liderazgos populistas tienen una gran carencia: solamente logran aglutinar los miedos, las fobias, las angustias sin darles cauce." ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(6) "closed" ["ping_status"]=> string(6) "closed" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(31) "el-desafio-del-relato-populista" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2023-01-24 13:35:24" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2023-01-24 18:35:24" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=88117" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } ["comment_count"]=> int(0) ["current_comment"]=> int(-1) ["found_posts"]=> int(44) ["max_num_pages"]=> float(22) ["max_num_comment_pages"]=> int(0) ["is_single"]=> bool(false) ["is_preview"]=> bool(false) ["is_page"]=> bool(false) ["is_archive"]=> bool(true) ["is_date"]=> bool(false) ["is_year"]=> bool(false) ["is_month"]=> bool(false) ["is_day"]=> bool(false) ["is_time"]=> bool(false) ["is_author"]=> bool(false) ["is_category"]=> bool(true) ["is_tag"]=> bool(false) ["is_tax"]=> bool(false) ["is_search"]=> bool(false) ["is_feed"]=> bool(false) ["is_comment_feed"]=> bool(false) ["is_trackback"]=> bool(false) ["is_home"]=> bool(false) ["is_privacy_policy"]=> bool(false) ["is_404"]=> bool(false) ["is_embed"]=> bool(false) ["is_paged"]=> bool(false) ["is_admin"]=> bool(false) ["is_attachment"]=> bool(false) ["is_singular"]=> bool(false) ["is_robots"]=> bool(false) ["is_favicon"]=> bool(false) ["is_posts_page"]=> bool(false) ["is_post_type_archive"]=> bool(false) ["query_vars_hash":"WP_Query":private]=> string(32) "f30100cce5c09f7cbe9fba467214747f" ["query_vars_changed":"WP_Query":private]=> bool(false) ["thumbnails_cached"]=> bool(false) ["allow_query_attachment_by_filename":protected]=> bool(false) ["stopwords":"WP_Query":private]=> NULL ["compat_fields":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(15) "query_vars_hash" [1]=> string(18) "query_vars_changed" } ["compat_methods":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(16) "init_query_flags" [1]=> string(15) "parse_tax_query" } }
populistas

El desafío del relato populista

Los liderazgos populistas tienen una gran carencia: solamente logran aglutinar los miedos, las fobias, las angustias sin darles cauce.

enero 24, 2023

Un derrotero incierto de México

El debilitamiento de las leyes y de las instituciones, así como políticas públicas realizadas con buenas intenciones pero sin una visión integral,...

enero 3, 2023




Más de categoría
amlo detras de su estrado

El instigador

Hay muchísimas formas de dar órdenes, especialmente cuando se ejerce la presidencia de un país. Basta un gesto, un...

enero 27, 2023
Quien ejerce la posverdad no asume estar mintiendo. Se basa en una premisa simple: la verdad no existe, sólo existen las interpretaciones. Asumiendo como dogma esta declaración, no tiene más que conducir su relato hasta los límites donde las fronteras entre los hechos, las percepciones y lo que le gustaría que hubiese ocurrido se diluyen. En enero de 2017, tras la ceremonia de investidura de Donald Trump como Presidente de los Estados Unidos, el Secretario de Prensa de la Casa Blanca, Sean Spicer, declaró que dicha ceremonia había sido “la más atendida de la historia”, citando números desfasados y negando la enorme cantidad de material fotográfico, videos y datos procedentes de prensa, instituciones y hasta del propio transporte público que mostraban una realidad muy distinta. Más tarde, cuando en entrevista televisiva, le preguntaron a la Consejera de Presidencia, Kellyanne Conway, acerca de dichas declaraciones, respondió, esbozando una enigmática sonrisa, que los datos inventados por Spicer no eran falsos sino “hechos alternativos”, a lo que el presentador de NBC News, Chuck Todd, le respondió: "Los hechos alternativos no son hechos. Son falsedades". Y dicho periodista hizo énfasis en otra cosa más: si en su primera presentación ante la prensa, y acerca de un hecho en última instancia tan intrascendente, el nuevo gobierno era capaz de mentir de un modo tan flagrante y cínico, qué podría esperarles en el futuro. El equipo del expresidente Trump no reconocía estar mintiendo. Paras ellos la nueva versión de la verdad, construida a partir de sus propias percepciones, era tan válida como los conteos objetivos y las referencias históricas de las toma de posesión anteriores. La verdad era producto de la percepción y su validez se asentaba en el hecho simple de considerarla como tal. El Oxford English Dictionary asegura que la posverdad “denota circunstancias en las que los hechos objetivos influyen menos en la opinión pública que aquellos que apelan al emoción y a las creencias personales”. Quien ejerce la posverdad no asume estar mintiendo. De hecho se basa en una premisa muy simple, sostenida en la visión posmoderna que afirma que la verdad no existe, sólo versiones o interpretaciones de la realidad. Tras asumir como dogma esta declaración, no tiene más que conducir su relato hasta los límites donde las fronteras entre los hechos, las percepciones y lo que le gustaría que hubiese ocurrido se diluyen, y es ese territorio ambiguo el individuo se siente con la capacidad de construir una versión de los acontecimientos que reflejen aquello que desea expresar. La verdad ya no es sólo relativa a una perspectiva o un contexto, ya no es que se vea influida por la interioridad, los miedos, las creencias o los deseos de un individuo, sino que simple y llanamente es producto de la voluntad de quien la crea. La Posverdad se ajusta a las conveniencias de quien pretende imponerla y es inmune a cualquier evidencia empírica u objetiva si ésta contradice los prejuicios, ideología, visión del mundo o, incluso, apetencias u odios coyunturales de quien la defiende. Equivale a aceptar que vivimos en un mundo donde los hechos dejan de ser objetivos y se convierten en optativos, donde lo concreto se ajusta a la interpretación personal del momento y, aunque en principio parece cómodo y satisfactorio, a la larga nos obliga a vivir en un mundo incierto donde no hay referentes comunes a los cuales asirse. Antecedentes de la posverdad Desde el siglo XVIII, o incluso antes, comenzó a intuirse que el contenido de la psique ejerce una influencia importante sobre la percepción, la cognición y el comportamiento humano. La forma en que entendemos lo que nos rodea se vuelve determinante para manifestar una conducta, con lo cual comenzó a entrar en crisis la idea de que la realidad es sólo aquello que ocupa un lugar en el espacio-tiempo para comenzar a darle una cierta importancia a lo que sucede en la subjetividad. Freud lleva todo esto un paso más allá y diseña sus potentes teorías acerca del inconsciente y de ahí podríamos hacer un seguimiento de todo el desarrollo de la psicología del siglo XX. Sin embargo, quizá el más claro antecedente, tanto del posmodernismo como de su manifestación patológica que conocemos como posverdad, lo tengamos en el filósofo alemán Friedrich Nietzsche, quien en el siglo XIX aseguró que “no hay hechos, sino sólo interpretaciones”. La verdad dejó de ser algo objetivamente válido para todos y pasó, tras el abuso perverso de quien la lleva hasta la posverdad, a convertirse en una propiedad particular, donde la verdad es lo que yo interpreto como ocurrido sin importar datos, testimonios o referencias que lo desmientan. Quienes en su momento defendieron el Brexit no basaron su postura en los hechos, sino en la creencia inducida por quienes defendían esa narrativa, de que Inglaterra estaría mejor fuera de la Unión, aunque no hubiese ningún dato objetivo que lo probara esa hipótesis. Ken Wilber asegura que la generación Boomer, la inmediata posterior a la Segunda Guerra Mundial y primera posmoderna, educó a sus hijos, no tanto enfocados en defender la verdad, pues sabían que ésta era una construcción, sino centrados en enseñar y promover la autoestima. Sentirme validado es mucho más importante que prestar atención a los hechos. La autoestima enfocada así, asegura Wilber, no hace sino fomentar el narcisismo. Si bien puede considerársele a Donald Trump como el rey de la posverdad, lo cierto es que se trata de una práctica mucho más extendida y popular de que se supone. Este narcisismo del que habla Wilber se manifiesta de muchas formas. Quizá la más inocua sea la representada por la “cultura selfie”, donde la realidad directamente se retoca sin pudor para que la imagen personal se adapte, no a lo que veo, no a lo que es, sino a lo quisiera ver y es esa imagen “renovada” la que se muestra como verdadera. Las redes sociales se convierten entonces en cajas de resonancia para trasmitir posverdades complacientes y reconfortantes. Pero es cada vez más habitual, y mucho más dañino para la construcción de un mundo en común, participar en discusiones que terminan con frases como esta: “yo tengo mi verdad y tú tienes la tuya”. Ante esta forma de entender la realidad no sólo no consideramos necesario esforzarnos por encontrar puntos en común y buscar un acuerdo, ni siquiera nos interesa lo que el otro pretende decirnos con “su verdad” ni que parte de esa versión podría servirnos para ampliar o complementar la nuestra. Estamos tan identificados con nuestras creencias y es tan frecuente encontrar voces que confirman nuestra visión, que resulta muy difícil cuestionarlas. Como asegura Rutger Bregman en Utopía para realistas, se requiere ser tremendamente valiente para cambiar de opinión porque muchas veces implica rectificar nuestra comprensión de las cosas: “Cuando la realidad choca con nuestras convicciones más profundas, preferimos recalibrar la realidad que corregir nuestra visión del mundo. No sólo eso, nos volvemos aún más inflexibles que antes en nuestras creencias” (Bregman, Utopía para realistas, 2017, P. 217-218). Web: www.juancarlosaldir.com Instagram: jcaldir Twitter: @jcaldir Facebook: Juan Carlos Aldir

La posverdad, el extremo de la patología posmoderna

Quien ejerce la posverdad no asume estar mintiendo. Se basa en una premisa simple: la verdad no existe, sólo...

enero 27, 2023

Justicia para María Elena Ríos

María Elena Ríos Ortiz es una saxofonista que sufrió un ataque de ácido que le desfiguró gran parte de...

enero 26, 2023
carga en avion

El problema del manejo de la carga aérea

El AIFA hoy no tiene las instalaciones necesarias para el manejo de carga aérea. Tienen un área para ello...

enero 25, 2023